El reducido impacto de los debates en la campaña presidencial colombiana

  • 24 mayo 2014
Óscar Iván Zuluaga, Enrique Peñalosa y Juan Manuel Santos

Tres horas de presencia televisada de los candidatos en dos debates presidenciales transmitidos en la noche del jueves y viernes parecen haber hecho poco por frenar meses de apatía de la ciudadanía frente a las elecciones presidenciales colombianas de este domingo.

Según dijeron los medios locales, un programa de reality, "Yo me llamo Colombia", superó ampliamente en rating al primero de los debates.

Y el segundo y último, el del viernes, no parece haber hecho mayor mella en el ambiente (o falta de ambiente) electoral que vive este país.

Una encuesta no muy científica por las calles de Bogotá este sábado, no encuentra mucha evidencia de agitación o entusiasmo político.

Este corresponsal no ha visto en los últimos días por la Carrera Séptima, la arteria emblemática de la ciudad, los andenes de las calles saturados de panfletos, los conductores de vehículos tocando las bocinas del auto para anunciar su respaldo a uno u otro candidato, ni las marchas carnavalescas que caracterizaron a las rectas finales de las campañas en otros tiempos.

Y las preguntas a taxistas y transeúntes sobre qué pensaron de los debates son respondidas con una mueca de desagrado, de hastío poco característico incluso entre el tradicionalmente escéptico público colombiano.

"Para qué sentarse a ver más insultos", dice el taxista Rafael, al tiempo que avanzamos cerca del comando general de la campaña de Zuluaga.

"Por lo menos ya va arrancar el Mundial", es un comentario que escuché una y otra vez. Sólo sobrepasado por el igualmente lacónico "no hay por quién votar".

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Veda de encuestas

Los dos principales candidatos sólo se enfrentaron en los dos últimos debates.

Con la veda legal a las encuestas, vigente en las horas finales de la campaña, es imposible saber a ciencia cierta cómo afectaron estos debates a las aspiraciones individuales de los cinco candidatos, incluyendo al actual presidente Juan Manuel Santos.

Pero no parece aventurado decir que los debates no constituyeron un punto de inflexión, como sí lo puede haber sido el estallido de la "guerra sucia" de las campañas en las dos últimas semanas. Ni cambiaron el disgusto evidente que muchos colombianos sienten por la manera como ha transcurrido el proceso para elegir al nuevo presidente.

El debate del jueves prometía más. Al fin y el cabo, era la primera vez en toda la campaña que se enfrentaban los cinco candidatos a intercambiar ideas, e insultos, en vivo ante el país.

El segundo y último debate antes de las elecciones del domingo, tenía un reto más difícil. Estaba programado para el viernes a las 9:30 de la noche, una hora que los colombianos suelen dedicar más a la fiesta que a la política.

En el espacio inmediatamente anterior al debate, el canal Caracol, su anfitrión, había programado un gran especial sobre la selección colombiana y su preparación para el mundial de Brasil, talvez con la esperanza de lograr el "arrastre" de la audiencia del fútbol hacia la política.

El segundo debate televisado fue también más programático, menos dedicado a lanzar y responder insultos que el del jueves.

El presidente Santos redobló su apuesta de hacer énfasis en la importancia de seguir con el proceso de paz.

Óscar Iván Zuluaga profundizó sus críticas a la guerrilla de las FARC.

Y los otros tres candidatos, Clara López, Enrique Peñalosa y Marta Lucía Ramírez, buscaron desmarcarse con propuestas contra la corrupción y por el mejoramiento de otros servicios del Estado.

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A pesar de los esfuerzos porque la gente salga a votar, la apatía se ha impuesto en Colombia.

La guerra sucia

Si los debates no parecen haber dinamizado la elección, la gran pregunta restante es cual será el efecto de la guerra sucia, y en particular de la acumulación de denuncias contra la campaña de Zuluaga por el episodio del hacker Andrés Sepúlveda.

La campaña del candidato uribista ha reaccionado con una ofensiva de comerciales de televisión.

Zuluaga denunció el video como un montaje.

Casi al mismo tiempo que se anunciaba que según un peritazgo de la Fiscalía, el video que se ha convertido en la piedra del escándalo en el que se veía a Zuluaga reunido con el hacker no había sido manipulado, un comercial pagado por su campaña citaba a una empresa privada de seguridad informática asegurando que el mismo video había sido editado de manera malintencionada.

Zuluaga insiste que es víctima de montajes y conspiraciones para frenar sus aspiraciones a la presidencia.

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Entretanto, la organización electoral colombiana, anunció que ya se encuentra lista toda la infraestructura para los comicios de este domingo, incluyendo las 90.000 mesas de votación, 411.000 soldados y policías ejerciendo vigilancia y 3.500 lectores de huellas digitales en las zonas que se consideran con mayor riesgo de fraude, todo a un costo de cerca de US$100 millones.

Una inversión que, todo parece indicar, no dejará este domingo un ganador firme y requerirá una segunda vuelta el próximo 15 de junio.

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