Elecciones en Siria: entre la guerra y acusaciones de farsa

  • 3 junio 2014
Bashar al Asad en las calles de Damasco Image copyright Reuters

El régimen de Bashar al Asad irradia una nueva sensación de confianza. Sin ella, las elecciones presidenciales de este martes no se celebrarían.

Por primera vez, desde que comenzó la guerra civil hace tres años, Damasco está dejando de lucir como la capital de un país en conflicto.

Los mercados están llenos y las heladerías también, ahora que el verano ha llegado. Aunque los retratos del presidente Al Asad no son una novedad, llama la atención la cantidad de imágenes, pancartas y carteles con su rostro que han sido dispuestos por toda la ciudad.

Los puestos venden collares, pulseras, imanes de nevera y todo tipo de parafernalia con imágenes del mandatario junto a su familia o junto su aliado vital Hasan Nasrallah, líder del grupo armado Hezbolá en Líbano.

El centro de Damasco nunca resultó afectado de manera grave por los enfrentamientos. Muchos suburbios, en comparación, están en ruinas. Las tropas del gobierno han retomado el control de algunas áreas, mientras otras continúan en manos de los rebeldes. En una alcabala oficial en el noreste de Damasco, un soldado me muestra una profunda cicatriz en su antebrazo que, según él, fue causada por un mortero rebelde.

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Image caption Los afiches que muestran a Asad junto al líder de Hezbolá, Hassan Nasrallah, son cada vez más populares.

La artillería pesada siria que ha reducido barrios enteros a escombros todavía golpea con dureza. Desde la posición del soldado, puedo ver territorio rebelde: bloques de apartamentos de hormigón, perforados por explosivos de alta potencia.

Política arriesgada

Hace nueve meses, cuando los estadounidenses evitaron a último momento un ataque contra el régimen de Al Asad, los disparos del ejército sirio no cesaban en los alrededores de la ciudad. Los rebeldes, sin embargo, supieron atrincherarse en los suburbios. Ellos pensaban que la dirección de la guerra iba a cambiar -quizás de manera decisiva- a su favor.

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Image caption Los combates continúan en muchas partes de Siria. En Alepo se registraron ataques aéreos el lunes.

Los miembros del gobierno con los que conversé en el momento no ocultaron su nerviosismo por los planes estadounidenses.

Las razones del autoestima actual del régimen de Al Asad es que los estadounidenses pestañaron primero. En septiempre de 2013, Siria prometió renunciar a sus armas químicas y ello le dio al presidente Obama la oportunidad de suspender el uso de misiles.

Ese parecía, desde Damasco al menos, un pequeño precio que pagar para evitar un ataque estadounidense que habría dañado las fuerzas de Al Asad y le hubiera dado un impulso a los rebeldes armados, especialmente a los que luchan con el Ejército Libre de Siria, aliados de Occidente.

Luchas internas

Un diplomático occidental en la región me dijo que si la victoria podía traducirse en supervivencia, el presidente Bashar al Asad ya había ganado. Pero el triunfo también supone destruir al enemigo y ello no ha ocurrido aún. Si alguna vez sucede, el ataque estadounidense cancelado podría ser considerado un punto de inflexión decisivo para el régimen de Al Asad.

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Image caption Los sirios expatriados ya han comenzado a votar en países como Líbano.

De repente, estaban a salvo de los estadounidenses. Las expectativas entre los rebeldes se desinflaron. La vista desde el palacio presidencial de Damasco se volvió mucho más brillante. También mejoró debido a la guerra dentro de la guerra que comenzó entre los diferentes grupos de rebeldes armados, especialmente el sangriento desencuentro entre los yihadistas que habían dominado la lucha contra el régimen.

Aunque eso se fue gestando antes de que el presidente Obama abortara el ataque, cuando se unieron ambos asuntos, Al Asad resultó ser el beneficiario.

'Farsa electoral'

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Image caption El rostro de Bashar al Asad se repite en el centro de Damasco.

La forma en que el presidente Obama incumplió sus amenazas también facilitó las cosas para Hezbolá para intervenir de manera decisiva en algunos lugares, en apoyo a Al Asad. Ellos podían luchar sin riesgo a ser bombardeados.

Los hombres de Hezbolá están capacitados, bien armados y lucharon contra Israel en la guerra del Líbano de 2006. La presencia del grupo y sus habilidades de lucha representan una parte vital de la nueva sensación de seguridad del gobierno.

El régimen, reforzado en el terreno por Hezbolá e Irán y por Rusia en los asuntos diplomáticos, ha anotado victorias importantes, aunque no decisivas.

Sin embargo, ha avanzado lo suficiente como para considerar que este es el momento adecuado para una elección.

Ya se había hablado de realizar comicios antes de la crisis de septiembre pasado. Pero el presidente Bashar al Asad necesitaba un poco de buenas noticias primero.

Sobre la elección, existen dos puntos de vista.

Están los que piensan que el presidente Al Asad es parte del problema y consideran que celebrar elecciones en un país con la condición actual de Siria es una farsa.

El argumento contrario -común entre sus partidarios- es que la elección no es perfecta, pero es un comienzo. Un funcionario insistió en la importancia de estas elecciones, las primeras para los sirios desde la década de los 50, y dijo que todo el mundo sabía que el presidente Al Asad iba a ganar.

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Image caption La guerra civil no ha alcanzado al centro de Damasco, pero ha dejado a gran parte de Alepo -la ciudad más grande del país- en ruinas.

Al principio del cuarto año de la guerra, es difícil recordar que cuando los rebeldes estaban a la ofensiva en 2012, se informó que el presidente había huido a un buque de guerra ruso en el Mar Mediterráneo.

La nueva serie de retratos de campaña de Al Asad proyecta la imagen de un líder más viejo, relajado y aparentemente más seguro. El resto de sus retratos oficiales comprueban que no ha cambio mucho desde que heredó el poder de su padre, el presidente Hafez al Asad en el año 2000.

Las nuevas imágenes parecen haberse planeado para que dieran la impresión de que Bashar al Asad es, finalmente, un hombre independiente, lejos de la sombra de su padre.

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