Crisis en Ucrania: de Moscú a Donetsk a bordo de un tren fantasma

Vía de tren Derechos de autor de la imagen Reuters

Abordé el Tren 77 en la estación ferroviaria de Kursky, en Moscú. Unos minutos después comenzamos a movernos: 12 vagones que crujen ruidosamente. Es como si sintieran dolor a medida que son impulsados fuera de la plataforma.

Mi destino es Donetsk, en el este de Ucrania. Normalmente haría el viaje por aire, pero los combates han provocado el cierre del aeropuerto de Donetsk.

En el Tren 77 esperaba que el viaje tomara al menos 19 horas. Eso me dejaba suficiente tiempo para buscar conversación.

Terminé hablando con uno de los pasajeros, un contador de nombre Yuri. Él no está viajando por toda Ucrania.

Sin embargo, tiene opiniones fuertes acerca de lo que sucede ahí.

"Es una guerra civil. En el este de Ucrania la gente está peleando por su libertad", me dice Yuri.

"Si ellos piden volverse parte de Rusia, Rusia debe decir que sí, porque somos una gran familia".

Tres horas más tarde ocurre la primera parada: Tula. Me bajo en la plataforma para comprar un muy aromático pan de jengibre relleno con jamón. Esa será mi cena: el Tren 77 no tiene un vagón restaurante.

Image caption El tranquilo paisaje oculta el hecho de que en focos de tensión cercanos se han producido bombardeos y disparos.

De regreso a bordo algo ha cambiado.

A medida que el expreso interurbano retumba a través de la campiña rusa, curiosamente me doy cuenta de que soy el único pasajero en todo el vagón.

"Es triste, ¿no?", dice la vigilante.

Me dice que normalmente, en esta época del año, el tren debería estar lleno de turistas rusos que se dirigen a las playas en la ciudad de Mariupol, en Ucrania oriental.

"Ahora, la gente está muy asustada para ir. ¿Quién quiere recibir un tiro yendo a la playa?".

En los rieles

Pero hay algunos pasajeros que permanecen en el tren. En otro vagón conocí a Nastya y su hija de tres años, Taisiya.

Ellas se dirigen a Mariupol porque ahí es donde viven. Estaban lejos, visitando familiares.

"Allá, en casa, la gente está enojada y asustada", dice Nastya. "Debemos volver a nuestra familia. Estamos esperando lo mejor pero temiendo lo peor".

Mientras más nos acercamos a Ucrania, más surreal se vuelve la travesía.

Cuando el tren se detiene en Bélgorod, a las tres de la madrugada, un hombre entra en mi compartimiento y trata de venderme un juguete: un hamster mullido que repite todo lo que uno le dice.

Cuando educadamente le digo que no, el hombre saca una muñeca y un radio con forma de auto.

Entonces los guardias fronterizos tocan la puerta.

Primero los rusos. Me interrogan acerca de a dónde me dirijo y porqué, y escanean mis documentos.

Después de cruzar el límite binacional, los guardias fronterizos ucranianos abordan el tren. Me piden que abra mis maletas y les muestre la prueba de una reserva de hotel en Donetsk.

Desvío por seguridad

Nos enrumbamos por Ucrania oriental.

Por la ventana no hay señales de bombardeos o disparos.

Es una imagen de la tranquilidad: vacas pastando en el campo, gente en bicicletas, ancianas haciendo sus tareas.

Pero los disturbios en el este de Ucrania están afectando la ruta: el Tren 77 solía hacer paradas en Sloviansk, Kramatorsk y Horlivka, pueblos que se han convertido en focos de tensión dentro del conflicto. Ahora se requiere hacer un desvío.

En un punto el tren hace una parada no programada en una estación de pueblo. La vigilante me dice que no sabe bien qué ruta tomará el tren a partir de ahí hacia Donetsk. Depende de las condiciones de seguridad para el momento.

Finalmente, 21 horas después de salir de Moscú, llegamos a la estación de Donetsk. Salgo y dejo el vagón vacío.

Mientras continúe el conflicto en el este de Ucrania, los trenes que salen de acá tendrán más pasajeros que los trenes que vienen.

Image caption Los desvíos que tome el Tren 77 dependen de la situación de seguridad en la zona.

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