La lucha por la vida y la privacidad de Schumacher

  • 26 junio 2014
La portavoz de la familia Schumacher, Sabine Kehm, ha solicitado respeto a la privacidad en muchas ocasiones. Image copyright Getty
Image caption La portavoz de la familia Schumacher, Sabine Kehm, ha solicitado respeto a la privacidad en muchas ocasiones.

Desde que en diciembre pasado sufriera serios daños cerebrales a raíz de un accidente de esquí, la más mínima mención de Michael Schumacher ha suscitado interés a nivel internacional.

El que fuera estrella de la Fórmula 1, el más exitoso piloto de carreras del mundo, ha estado en el hospital desde que chocara contra unas rocas fuera de pista, pero la información sobre su estado ha sido escasa.

Cuando se conoció su accidente, cientos de periodistas y equipos de televisión de todo el mundo se instalaron fuera del hospital en Grenoble (Francia), amontonándose alrededor de los familiares que trataban de visitarlo.

Algunos trabajadores de medios consiguieron habitación en el mismo hotel que la familia Schumacher; un periodista de un tabloide incluso se disfrazó de cura en un intento de acceder a la sala en la que Michael Schumacher estaba siendo tratado.

La familia en todo momento ha abogado por el respeto y la privacidad, ofreciendo de tanto en cuanto una pequeña dosis de información.

Al principio, el equipo médico en Grenoble dio escuetas conferencias de prensa, anunciando primero que la vida de Michael estaba en peligro, y que el piloto estaba estable después.

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Image caption Schumacher sigue levantando pasiones, como se pudo ver en el Gran Premio de China.

Estaba en un coma inducido, y se explicó que, poco a poco, en algún momento, podría despertar de él.

Sin embargo, los doctores nunca ofrecieron un pronóstico sobre el tipo de recuperación al que se tendría que enfrentar, y su familia tampoco hizo comentarios al respecto.

Para los millones de aficionados de todo el mundo, la falta de información es decepcionante. Todos esperan que un hombre tan vigoroso y relativamente joven se recupere, pero también quieren saber más sobre cómo se encuentra realmente.

Los periodistas, por supuesto, le desean lo mejor, pero también están frustrados: cada mención de Schumacher en Twitter es tendencia, cada diario con él en portada aumenta su circulación, cada sitio web de noticias que ofrezca algo sobre él tiene garantizadas miles de visitas.

La presión de encontrar algo que decir sobre el expiloto es enorme.

Y aunque a nadie le guste hablar de ello, también están los patrocinadores de Michael Schumacher, desde Mercedes hasta el agua mineral, quienes simplemente no saben si su embajador estrella podrá algún día volver a representarles.

Llenando el vacío de información

En ausencia de cualquier información real, la especulación y los rumores han sido moneda corriente. Muchos periódicos han acudido a especialistas en daño cerebral, algunos muy reputados, otros menos, para interpretar desde la distancia la situación de Schumacher.

Ninguno de estos especialistas le han tratado, sin embargo, muchos sugieren que saben cómo está. Aunque sus diagnósticos difieren ampliamente. Algunos pronostican una buena recuperación, otros una parcial, y algunos otros dicen que no se recuperará.

La noticia hecha pública en abril, tras meses de silencio, sobre que Schumacher estaba mostrando leves signos de consciencia, simplemente alimentó un frenesí especulativo que las súplicas de la familia y su agente no pudieron parar.

No es de extrañar, entonces, que la decisión de trasladarlo de Grenoble al hospital universitario de Lausana en Suiza se mantuviera en secreto, y se planeara con el cuidado y la precisión con la que se planifica una batalla.

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Image caption Los Schumacher viven a pocos kilómetros del hospital de Lausana.

Su familia lo quería claramente más cerca de casa: los Schumacher viven a la orilla del lago Ginebra, a pocos kilómetros del hospital de Lausana. Así lo podían visitar con más facilidad, y además el hospital tiene una unidad neurológica de renombre, en el que, anunciaron, Schumacher continuaría "su largo proceso de rehabilitación".

La breve declaración anunciando al mundo que Michael Schumacher había sido trasladado de hospital también incluía la frase "ya no se encuentra en coma". Pero no añadía ninguna actualización acerca de su situación o el posible progreso, tal como se esperaba.

La familia Schumacher claramente quiso trazar una línea ante el interés de los medios, y finalmente lograr la privacidad que había solicitando durante seis meses.

Pero fue una vana esperanza; a las pocas horas de anunciar el traslado, camiones de televisión y docenas de periodistas se establecieron fuera del hospital de Lausana, especulando sin fin.

Dinero por información

Detrás de las cámaras, parecían usarse métodos más inescrupulosos para conseguir información. Sólo dos días después del traslado, un diario suizo publicó un sospechosamente detallado artículo sobre cómo Schumacher había hecho su viaje de Francia a Suiza.

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Image caption Furgonetas de TV están instaladas permanentemente fuera del hospital de Lausana.

No lo hizo en helicóptero, como se hubiera pensado, sino en una ambulancia de la remota comunidad alpina de Visp. Aparentemente, al personal de ésta se le pidió no llevar teléfono móvil, para que no pudiera tomar fotografías.

Pero a pesar de las precauciones, se filtró supuesta información: el expiloto mantuvo los ojos abiertos durante gran parte del viaje, y parecía responder a su esposa.

Nadie conoce la fuente de estos "hechos", sin embargo, se han utilizado en un intento de proporcionar una falsa claridad sobre la situación de Schumacher.

Y luego, esta semana, quizás el golpe más bajo de todos: los registros médicos del hospital de Grenoble en Francia han sido robados. Se cree que corresponden a Schumacher, y que consisten en las primeras páginas de un archivo mucho más largo, escrito por los doctores de Grenoble, y destinado al nuevo equipo médico a cargo de él en Lausana.

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