El poderoso lobby de los niños trabajadores de Bolivia

  • 7 julio 2014

A sus diez años, Yaguar Mamani Paredes ya sabe lo que es negociar sus derechos con un gobierno y, aunque probablemente en su clase de quinto de primaria aún no le han enseñado el concepto de cabildeo, eso es precisamente lo que ha hecho en los últimos meses.

El niño, que trabaja desde que tenía seis años vendiendo jugos en un mercado callejero del barrio obrero de Villa Fátima, en La Paz, ha mantenido varias reuniones con legisladores bolivianos para convencerlos de la necesidad de que la ley reconozca el trabajo infantil en su país.

Mamani es miembro de la Unión de Niños y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (Unatsbo), el sindicato que este mes logró que la Asamblea Nacional apruebe una reforma del código de la niñez y adolescencia para reducir la edad mínima del trabajo a diez años en casos excepcionales.

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Yaguar lo hace cada día desde hace años al salir del colegio cuando va al mercado donde trabaja su madre a vender jugos entre las 4 de la tarde y las 9 de la noche.

Él lo tiene claro. El trabajo le gusta. Vendiendo, dice, "puede aprender a sumar y multiplicar" y con el dinero que gana, su mamá le puede comprar "útiles y cosas para el colegio". Eso sí, lo que menos le gusta, según confiesa a BBC Mundo, es que por el trabajo se duerme "un poco tarde" todos los días.

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Niños limpiabotas, niños mineros...

El caso de Yaguar está lejos de ser algo excepcional en Bolivia donde, según las últimas cifras oficiales, más de 800.000 niños y adolescentes trabajan, si bien la Unatsbo calcula que esa cifra supera el millón.

El trabajo infantil en el país resulta obvio a la vista de quienes viven en las ciudades, donde no es raro ver a menores que se ganan la vida cargando bolsas en los supermercados, como limpiabotas, vendiendo en los mercados o de manera informal en la calle, gritando los nombres de las paradas en los microbuses de transporte urbano o parados en los semáforos ofreciéndose a limpiar los vidrios de los autos.

También hay otro trabajo infantil menos visible pero más peligroso como los niños mineros, los ayudantes de albañil o los empleados en la zafra de caña y castaña.

Conscientes de esa realidad, los chicos trabajadores se agruparon en el año 2000 en la Unatsbo para pedir que se respeten sus derechos, aunque no fue hasta hace unos meses cuando cobraron una mayor relevancia a nivel nacional.

Fue en diciembre pasado. Como cualquier otro sindicato de los que al menos una vez cada semana bloquean alguna de las vías principales de La Paz, los niños trabajadores salieron por el centro de la ciudad, pero las imágenes de la represión policial a los manifestantes, que también se repiten periódicamente, esa vez tuvieron un mayor impacto por tratarse de menores.

"Sólo estábamos defendiendo nuestros derechos como niños y adolescentes trabajadores. Luego ya hubo el mal funcionamiento de algunos policías que hicieron la violencia, pero eso siempre pasa en cualquier manifestación, y así se ha escuchado nuestra voz", afirma el delegado nacional de la Unatsbo, Rodrigo Medrano, de quince años.

Recibidos por el presidente

A sus 15 años, Medrano (centro) ha negociado con legisladores e incluso con el presidente.

Medrano, que desde que tenía siete años se dedica a vender chicles y batidos, reconoce que esa movilización les sirvió para tener una mayor visibilidad. Tanto es así, que poco tiempo después los recibió el presidente Evo Morales quien, según ha contado alguna vez, de niño vendió helados, fue pastor de llamas y ayudó a su padre en tareas agrícolas.

"El presidente nos dio su visto bueno porque él también cuando era pequeño era un niño trabajador y nos dio la razón y entonces ya hubo más interés de senadores y diputados para que se sentaran a escuchar a los niños trabajadores", recuerda en declaraciones a BBC Mundo.

Desde entonces, en las reuniones que la Unatsbo realiza cada 15 días y a la que se unen virtualmente los miembros de los nueve departamentos de Bolivia -nunca mayores de dieciocho años-, se empezó a analizar la estrategia para negociar con los legisladores la reforma del código de la niñez.

Fueron decenas de encuentros con diputados y senadores de la Asamblea Nacional y con la comisión que trataba el código de la niñez.

Enfrente se encontraban con unos legisladores que, en un país de tradición sindicalista –el propio presidente llegó al poder aupado por el poderoso sindicato cocalero- están acostumbrados a lidiar con las demandas gremiales.

Pero en este caso, explica el diputado oficialista Javier Zavaleta, hay "muchas diferencias".

"Generalmente en reuniones con adultos es una negociación: qué te puedo dar y ellos qué es lo que piden. En cambio, con niños y niñas estamos dispuestos nosotros a darlo todo. No había razón por la cual nosotros querríamos negociar algo".

Sin embargo, apunta, más que una negociación, se trata de "un debate muy difícil" porque estos colectivos "persiguen ideales que a veces es difícil cumplir".

"Si pudieran elegir, no estarían trabajando"

"Nosotros nos reuníamos con ellos y son niños inteligentes que entendían nuestras razones y sabían que si ellos pudieran elegir, no estarían trabajando. Estarían jugando o en una guardería o en el colegio", apunta el diputado del Movimiento Al Socialismo (MAS).

Y pese a que Zavaleta señala que siempre hubo un buen ánimo en las conversaciones, dice que algunos grupos de niños en ocasiones cambiaban de opinión en el trascurso del diálogo, a su juicio por la influencia de algunas ONGs a las que no identificó.

Sin embargo, Rodrigo Medrano, de Unetsbo, asegura que ellos sólo están asesorados por exmiembros del sindicato mayores de 18 años que ya no pueden formar parte de la organización pero siguen aportando su apoyo como consejeros y les "guían y orientan en base a experiencias de vida".

Por el contrario, para él, el mayor obstáculo en las conversaciones eran los convenios internacionales que Bolivia suscribió, como el de la Organización Internacional del Trabajo que prohíbe que los menores de catorce años trabajen.

"Son convenios que se hacen en la ONU o en la OIT pero yo creo que esos convenios son firmados sin (haber pasado) mucho tiempo aquí en Bolivia y deberían ir firmándose en base a la actualidad", sostiene.

Y ahora que la Asamblea Nacional ha aprobado las reformas que pedían para permitir el trabajo desde los diez años en casos excepcionales, se muestra orgulloso por el logro del sindicato de los niños y dice que su organización hará un seguimiento para que no se explote a ningún menor trabajador.

Además, propone, en sintonía con el discurso del gobierno, ir al origen del problema: "¿Por qué el niño y adolescente trabaja? Por la extrema pobreza, porque está en situación de calle. ¿Por qué no se ataca eso?", indica el joven que a sus quince años se ha convertido en una de las voces y las caras visibles del sindicato que consiguió que el Parlamento boliviano cambie una ley en favor de los niños.

Pero por su forma de hablar y su experiencia se nota que él hace tiempo que dejó de pensar como un niño para hacerlo como un líder sindical.

Tanto es así que al ser preguntado qué le gustaría ser cuando crezca, la respuesta es rotunda y gremial:

"Mi sueño es apoyar al movimiento y que crezca más grande y que de aquí a un tiempo la sociedad se dé cuenta de que no somos cosas de otro planeta y que se hagan prevalecer nuestros derechos. Quiero seguir dando mi vida a esta lucha social y si se pueden hacer más cosas también hacerlas".

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