Por qué Cristina Fernández no le pide la renuncia a su vicepresidente

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Image caption Boudou es el primer vicepresidente procesado en la historia de Argentina.

La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, tiene un nudo en la garganta. O dos: el causado por la faringolaringitis que la mantendrá en reposo durante una semana y el ocasionado por el procesamiento de su vicepresidente, Amado Boudou, que ha puesto a su gobierno en la mira.

Boudou está involucrado en un caso de corrupción que implica a una imprenta de papel moneda y se convirtió en el primer vicepresidente en funciones en la historia argentina en ser procesado.

Pese a los constantes pedidos de la oposición para que Boudou se aparte de su cargo, con licencia o con renuncia, el vicepresidente mantiene que demostrará su inocencia. Y su jefa le apoya, a pesar de tratarse del miembro más impopular del Poder Ejecutivo.

¿Por qué mantener, entonces, a alguien que puede ser potencialmente perjudicial para la imagen de su gobierno?

Por un lado, la línea oficial del gobierno y su defensa es que Boudou está siendo víctima de un ataque mediático por parte de grupos opositores, que estaría influyendo la decisión del juez.

La semana pasada, el oficialista Frente para la Victoria, con mayoría en la Comisión de Juicio Político del Congreso, rechazó la solicitud de los legisladores de oposición de enjuiciar a Boudou, con el argumento de que no hay suficientes pruebas para ello.

Poco después del procesamiento de su número dos, Fernández criticó duramente a la justicia, en un gesto que se interpretó como un respaldo a Boudou, su compañero de fórmula en las elecciones de 2011.

Desgaste

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Image caption Los kirchneristas defienden la inocencia del vicepresidente.

Pero incluso quien cree en la inocencia de Boudou podría reconocer el desgaste que puede ocasionar al kirchnerismo mantener a una figura tan cuestionada, sobre todo a apenas un año de los próximos comicios presidenciales.

Uno de los ministros con aspiraciones presidenciales dentro del gabinete, Florencio Randazzo, eludió pronunciarse sobre la causa de su compañero de gobierno: "No voy a opinar. La justicia determinará cuál es su grado de responsabilidad", les dijo a los medios de comunicación locales.

Un gesto que provocó la crítica de algunos de los mayores seguidores de la presidenta, como la activista y titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

"A Amado Boudou lo dejaron demasiado solo", dijo. "La justicia tiene que avanzar con Boudou estando en su cargo. Él ha dicho miles de veces que no tiene nada que ver", explicó.

La causa Ciccone, como se conoce al caso, podría elevarse a juicio oral apenas a mediados o finales de 2015, aunque la saturada y burocrática justicia argentina podría hacer que el proceso se retrase años.

En otras palabras, es posible que Boudou declare en juicio incluso cuando Fernández ya haya terminado su mandato.

Si bien el paso del tiempo podría disipar el escrutinio constante de las palabras o gestos del gabinete hacia Boudou, también podría ocurrir que el gobierno gaste demasiadas energías en un tema que no tendrá resolución a corto plazo.

"¿Qué gobierno podrá evitar que la comparecencia casi constante de Boudou en los tribunales de Comodoro Py se transforme en una saga insoportable, incluso peor que la del ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, o la ex superfuncionaria de Carlos Menem, María Julia Alsogaray?", se pregunta el analista Luis Majul en un artículo publicado en el diario La Nación.

Entre los críticos del kirchnerismo se especula también con la idea de que Fernández no quiera soltar la mano a su vice por miedo a verse involucrada en esta causa, o abrir la puerta a otras denuncias contra ella.

En los últimos años la presidenta ha sido constantemente cuestionada por medios opositores y rivales políticos, que la acusan de haberse enriquecido ilícitamente durante su Presidencia, aunque no existe causa en los tribunales que involucre directamente a la jefa de Estado.

Si Amado cayera, dicen, el escándalo se llevaría consigo a "Cristina".

Otros procesados

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Image caption El jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, también procesado por otra causa.

Sin embargo, quienes defienden a Boudou recuerdan que hay otros ejemplos de altos cargos políticos que continuaron con su gestión a pesar de estar procesados.

El caso más conocido es el del jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, del opositor partido de centro-derecha PRO.

El "alcalde" de la capital, una de las figuras políticas más reconocidas y aspirante presidencial, está procesado por una causa de escuchas ilegales.

"El caso del ingeniero Mauricio Macri es exactamente el mismo (que Boudou) y uno observa centimetraje de diarios o participación en medios de comunicación audiovisual prácticamente inexistente", dijo el jefe de gabinete de Fernández, Jorge Capitanich, al ser cuestionado sobre la posible renuncia del vicepresidente.

Mientras, también un diputado de la Unión Cívica Radical, Oscar Aguad, sigue cumpliendo con sus funciones –y fue reelegido- a pesar de estar procesado por presunta administración fraudulenta.

¿Si ellos no renunciaron ni sus jefes le pidieron la dimisión… por qué hacerlo con Boudou?, argumentan los aliados del vice.

Un cargo problemático

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Image caption Si Fernández viaja o pide baja médica, Boudou será presidente en funciones.

Pero ni Macri ni Aguad son el número uno en la línea de sucesión presidencial, advierte la oposición.

Y es que Fernández de Kirchner ha tenido un historial de altibajos con sus vicepresidentes.

El primero, el radical Julio Cobos, es visto por el kirchnerismo como un traidor por haber votado en contra de un proyecto de ley oficialista sobre la retenciones agrícolas en 2008, abriendo una de las mayores crisis en el gobierno y dando a luz al enfrentamiento entre los Kirchner y el grupo mediático Clarín.

Fernández tuvo que convivir con el enemigo en casa hasta que pudo cambiar de compañero en 2011, ya que Cobos se rehusó a dimitir.

Y en Argentina, a diferencia de otros países, el vicepresidente es elegido como compañero de fórmula por voto popular –no designado por el jefe de Estado -, por lo que no puede ser destituido por una decisión de la mandataria.

La relación con Boudou es mucho menos áspera. El vicepresidente sigue realizando sus tareas habituales.

Pero si la mandataria sale del viaje al Exterior o si solicita una licencia por enfermedad, hasta podría convertirse en un presidente en funciones procesado.

Una situación en la que, ni críticos ni defensores de Boudou, quieren ver a Argentina.

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