De héroe de Perú a presunto abogado de la mafia

  • 28 julio 2014
peru, benedicto jimenez
Benedicto Jiménez el día de su apresamiento.

Benedicto Jiménez, el policía que se volvió célebre en 1992 cuando capturó al cabecilla del grupo de extrema izquierda Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, fue detenido y encarcelado este mes por presuntos vínculos con la mafia.

El coronel en retiro tenía 39 años cuando, según él mismo dice, arañó el cielo: en la primavera de 1992 capturó al líder del grupo maoísta al que se adjudican miles de víctimas en Perú, y cobró celebridad instantánea en el país.

Veintidós años después, a los 61, las acusaciones que pesan sobre el oficial parecen haber sepultado al héroe.

Durante las dos primeras semanas de julio el expolicía pasó sus días detenido en un calabozo, mientras enfrentaba el proceso judicial que lo vincula a la mafia. Sin embargo, el pasado 18 de julio un juzgado aceptó que Jiménez enfrentara en libertad el proceso que se le sigue y ordenó su comparecencia restringida.

Se lo acusa de pertenecer a una organización criminal, dirigida por el peruano Rodolfo Orellana (que está prófugo), dedicada al tráfico de tierras, lavado de activos y asociación ilícita para delinquir.

En los convulsionados años 90 Jiménez dirigió el grupo que investigó y detuvo, con escasos recursos y sin apoyo político, a la cúpula de Sendero Luminoso, la organización que originó el conflicto interno armado más violento en la historia del Perú.

¿Cómo el nombre de un héroe de la pacificación acabó siendo asociado con el de un personaje sobre el que pesan varios cargos criminales y serias dudas sobre sus vínculos con el narcotráfico?

Por ahora, el exoficial prepara su defensa desde una celda de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), un viejo edificio que paradójicamente se ubica a media cuadra de la Dirección contra el Terrorismo (Dircote), la oficina desde donde él planificó lo que se hoy se recuerda como la captura del siglo.

Captura célebre y caída en desgracia

Jiménez fue detenido por la justicia peruana.

El coronel en retiro y abogado Benedicto Nemesio Jiménez Bacca ha sido bloguero, conductor de un programa de televisión dedicado a la crónica roja, candidato a la alcaldía de Lima por la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y luego nombrado por este partido director de penales. Un hombre de aspecto rudo, bigotes tenaces y cabello blanco.

En sus días como militar, Jiménez recitaba de memoria "El arte de la guerra" de Sun Tzu. "Al enemigo hay que capturarlo vivo porque muerto generas un mártir", decía. "Para vencer al enemigo, primero hay que conocerlo", repetía.

Durante tres meses, él y su equipo de la Dircote hurgaron en la basura de la casa donde se escondía Abimael Guzmán. Los restos de cigarros que allí encontraron fueron la pista de que andaban por buen camino: eran de la marca que fumaba Guzmán.

Luego de la captura del líder senderista, el gobierno de Alberto Fujimori desactivó el equipo de investigación que Jiménez dirigía y lo envió a él como agregado policial a Panamá.

Sin Jiménez a la vista, el reconocimiento del operativo se concentró en Fujimori y su entonces poderoso asesor Vladimiro Montesinos.

El captor de Guzmán nunca fue ascendido a general. "Un día se cansó de esperar y se fue", dice a BBC Mundo su excompañero y amigo, el coronel en retiro Javier Palacios.

Los trabajos de Jiménez permitieron el encarcelamiento de Abimael Guzmán.

Hay un video de aquellos años en el que se escucha a Montesinos hablar con desprecio de Jiménez: "¿Qué cosa es Benedicto? Nada. Está loco. Quiere ser general y no va pasar", dice el exasesor, hoy preso por corrupción, en uno de los tantos videos que grabó compulsivamente y a escondidas de las reuniones con sus interlocutores.

De militar a abogado

En 2003, Jiménez solicitó su pase al retiro. Dos años después, comenzó a trabajar con el hoy prófugo Rodolfo Orellana, buscado por delitos múltiples. Llegó a convertirse en su socio y abogado defensor.

Pero unos años antes, otras conductas ya habían puesto en duda su condición de héroe, aunque éstas salieron a la luz más tarde.

Fue en 2007 cuando una investigación periodística reveló que, cuatro años antes, Benedicto Jiménez habría filtrado al entorno del narcotraficante Fernando Zevallos unos correos electrónicos con los nombres de los policías antidrogas que en ese momento lo estaban investigando.

El excoronel dijo, sin embargo, que esos correos electrónicos eran apócrifos. Se inició entonces una investigación en la Fiscalía, pero ésta finalmente fue archivada.

"Cuando estuvo en la Dircote siempre fue un oficial disciplinado, correcto, amante de la lectura. No entiendo qué pudo haber pasado para que se juntara con esa gente. No lo justifico, pero pudo ser el constante maltrato de la institución", opina Palacios.

El día que lo detuvieron, el exoficial se encontraba en las oficinas de la revista que dirigía, titulada "Juez Justo" y también propiedad de Orellana. Tenía el gesto desconcertado y la mirada perdida. "Esto es un atentado contra la libertad de prensa", alcanzó a decir.

Desde esta revista Jiménez elaboró varias notas periodísticas acusando al gobierno de abuso de autoridad por investigar a su patrocinado Rodolfo Orellana y querelló a 25 periodistas, que hacían lo mismo desde sus diferentes medios.

El jefe de inteligencia del gobierno de Fujimori, Vladimiro Montesinos, habría restado méritos a Jiménez.

Sospechas por enriquecimiento

BBC Mundo accedió a la investigación fiscal del caso y allí se detalla cómo el coronel en retiro se hizo socio de Orellana en varias empresas y asociaciones, una de ellas denominada Asociación Unidos contra el Narcotráfico y el Lavado de Activos.

La fiscalía investiga cómo Jiménez pudo acumular en este tiempo una importante fortuna a pesar de que el sueldo de un coronel en retiro no supera los US$1.900.

Mientras duren las investigaciones la Justicia ha ordenado su detención. Desde que llegó a prisión, una de las personas que más lo ha visitado ha sido su médico. Jiménez sufre de una angina cardiaca: tiene un marcapasos y tres bypass.

Aún hoy varios oficiales de la Dircote consideran a Benedicto Jiménez una leyenda viviente. "Fue un detective", recuerda Javier Palacios.

Hace menos de un mes, en una entrevista de una televisora local, le preguntaron si era consciente de que podría ir a la cárcel junto a Orellana. "Todo es posible en esta sociedad", respondió.

Ya el año pasado había dicho: "Aquí de la noche a la mañana pasas de héroe a bandido".

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