La madre que encontró al asesino de su hijo 7 años después del crimen

  • 14 agosto 2014
Nélida Sérpico

Cuando el hijo menor de Nélida Sérpico fue asesinado a tiros en un vecindario de Buenos Aires en diciembre de 2005, la devastada madre nunca perdió las esperanzas de llevar ante la justicia al responsable.

Desilusionada con una investigación policial que consideró ineficiente, se planteó como misión personal durante siete años rastrear al hombre que mató a su hijo Octavio Gómez, de 16 años de edad.

Fue un viaje lleno de riesgos, pero este mes Facundo Caimo, de 29 años, fue sentenciado a 15 años de cárcel por el asesinato del joven estudiante.

Octavio y su asesino iban al mismo colegio y estuvieron involucrados en una pelea a puñetazos cuando Caimo le advirtió que se vengaría, una amenaza que nadie tomó en serio.

El adolescente recibió un balazo en la espalda mientras se bajaba de un autobús en el distrito de Bajo Flores y murió poco después, pero sólo la persistencia de su madre pudo asegurar su arresto.

"Nada lo traerá de vuelta"

"Se hizo justicia", dice Sérpico, quien irónicamente comparte el mismo apellido del famoso detective neoyorquino Frank Serpico, cuya lucha solitaria contra la corrupción se relata en la película protagonizada por Al Pacino.

"Nada traerá de vuelta a mi hijo", comentó a la BBC en una emotiva entrevista. "Era un chico tan bueno, tan buena gente".

"Siempre he creído en Dios y en la justicia y sigo creyendo. Pero cuando vi que la policía no estaba haciendo nada, decidí actuar".

La vendedora de 57 años esbozó su propio plan, no sólo para encontrar al asesino de su hijo, sino para entregarlo a la policía.

Calles abandonadas y peligrosas

Comenzó una doble vida, poniéndose en riesgo al caminar en la villa miseria donde sabía que vivía Facundo Caimo.

Cambió el color de su cabello de castaño a negro, incluso se rompió un diente y modificó su estilo de vestir a ropa más simple para encajar en su barrio, en el que habita un alto número de criminales.

"Caminé mucho por esas calles abandonadas y peligrosas, pero lo principal para mí era encontrarlo", afirma.

"Sólo le pedí a Dios y a mi hijo Octavio que me hicieran invisible y no llamar la atención, para que no me descubrieran".

Sérpico contó que caminó con el número de expediente de su hijo escrito en una mano, los teléfonos de la policía en la otra, y una impresión artística del criminal.

Captura del asesino

"Hasta que el 5 de abril lo vi de lejos", indica.

"Le pregunté a una mujer si sabía su nombre y me lo dijo. Era él, sin duda. Ni siquiera hoy en día puedo pronunciar su nombre".

Incluso entonces, cuando llamó a la estación de policía, le pidieron que llamara más tarde.

"Cuando me dijeron eso, pensé que sería preferible llamar a la policía militar. Les avisé que el asesino de mi hijo estaba libre y les di el número del caso".

"Llegaron rápidamente y él trató de escapar, pero fue capturado".

Con voz temblorosa, señala que le sorprendió la "frialdad" del asesino de su hijo, que nunca pidió perdón.

"Jamás se rindió"

"Sólo me vio en el tribunal y levanté una foto de mi hijo para decirle: 'esta es la imagen que llevarás contigo para siempre, cargarás con esta responsibilidad por el resto de tu vida'", relata.

Mónica Cuñarro, la fiscal del caso, comenta que Sérpico siguió su peligrosa rutina caminando por el barrio del asesino de su hijo desde 2006 y continuando varios años.

Por las noches llegaba a casa a darle de comer a su marido y después regresaba a la misma rutina al día siguiente.

No le habló a nadie de su plan.

"Ahora mis familiares, mis amigos y mis hijos me preguntan cómo tuve el valor. Pero si le hubiera contado a alguien, habrían tratado de detenerme y yo no quería rendirme", agrega.

"Nélida es una heroína", afirma Cuñarro. "Incluso siendo una mujer común y corriente, nunca dejó de creer en la justicia, nunca pensó en tomar la ley en sus propias manos y jamás se rindió".

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