Niños "free range": los padres que quieren que sus hijos jueguen solos en la calle

  • 22 octubre 2014
Niños corriendo Derechos de autor de la imagen Thinkstock
Image caption La imagen de niños jugando solos en la calle sin ser vigilados por los adultos es cada vez menos frecuente.

"¡A cenar!". Con este grito desde una ventana muchas madres ponían fin, décadas atrás, al alborotado y despreocupado juego de los niños en la calle, lejos de la vigilancia de los mayores.

Una imagen que se ha ido perdiendo hasta quedar prácticamente como un recuerdo de los adultos que hoy rondan los 40-50 o más años de edad.

Para contrarrestar esta tendencia, existen distintas iniciativas en Estados Unidos, Europa y América Latina que piden que se dé más libertad a los menores.

Así nació en Estados Unidos el proyecto "Niños free-range" - juego de palabras que remite a la expresión que se utiliza en inglés para hablar de los animales que se han criado al aire libre, sin enjaular.

El objetivo: devolver la calle a los niños y los niños a la calle, lograr que los pequeños puedan correr, jugar, ir al supermercado o desplazarse a la escuela sin tener que ir de la mano de un adulto.

Derechos de autor de la imagen Science Photo Library
Image caption Los expertos temen que la falta de juego libre haga que los niños sean más individualistas y sedentarios.

Manejados por el miedo

La estadounidense Lenore Skenazy es la creadora de este proyecto que nació por una inquietud personal y creció hasta dar lugar a un libro, un blog, un programa de televisión y casi se podría decir que una filosofía de vida, con defensores y detractores.

El hijo de Skenazy, de 9 años, les pidió a sus padres que lo llevaran a un sitio desconocido y que le dejaran encontrar solo el camino de vuelta a casa.

"Era su sueño", le cuenta Lenore Skenazy a BBC Mundo.

Le dieron un mapa, un billete de metro y dinero para posibles emergencias y se despidieron de él cerca de una estación de metro en Manhattan, Nueva York.

El niño se desplazó en metro y autobús y cuando llegó a su casa, relata su madre, estaba orgulloso y muy feliz.

A partir de ahí su historia se expandió por todo Estados Unidos y le llovieron halagos pero también duras críticas.

"Tuve que explicar que no tengo un deseo de muerte para mi hijo", recuerda en conversación con BBC Mundo, "y subrayar que soy una mamá nerviosa y protectora, que creo en los cascos, las sillas para bebés en los autos, los cinturones de seguridad y los extintores de incendio".

Derechos de autor de la imagen PA
Image caption Los juegos más sencillos pueden ser los más apasionantes para los pequeños.

Skenazy comenzó a escuchar historias de todo el país y llegó a la conclusión de que ya no se deja a los niños hacer nada por sí solos.

"Actuamos como si en cualquier momento en que das la espalda a tu niño, aunque sea por un segundo, alguien lo fuera a secuestrar y matarlo", señala.

"¡Olvídese del ébola! El miedo es el verdadero virus expandido por todo el mundo".

Lea también: Cinco ideas para que los niños urbanos se conecten con la naturaleza

Accidentes y otros peligros

Pero para muchos padres, el riesgo de dejar a los niños solos en la calle va más allá de posibles secuestros o crímenes propios de series de televisión.

Así se lo dice a BBC Mundo Dianne Khin, madre de dos chicos, residente en un barrio tranquilo de Apex, en Carolina del Norte.

"Los principales temores que tengo respecto a dejar que mis hijos jueguen fuera sin supervisión es que los atropellen, que se caigan de sus bicicletas, que sean acosados o golpeados por otros chicos – algo que ya ha ocurrido. Sé que hay un pequeño riesgo de que sean secuestrados, pero no es mi mayor preocupación", sostiene.

"Dicho esto, he ido dejando que los niños salgan más conforme han ido creciendo. Tenían 11 y 9 años cuando los empecé a dejar jugar fuera solos y también caminar por su cuenta desde la parada del autobús escolar".

Image caption Parece que vivamos en una sociedad en que los peligros acechan por todas partes, denuncia Lenore Skenazy.

Denuncias de los vecinos

En Estados Unidos, además, los padres que quieren dar más libertad a sus hijos se exponen a tener que responder ante las autoridades.

"Esa es otra de mis preocupaciones", indica Dianne Khin, "ser juzgada por las madres del vecindario o que se pongan en contacto con la policía o los servicios de protección a menores.

"Eso le pasó a una colega de trabajo que dejó que sus hijas en edad de primaria caminaran solas a la escuela".

Azucena Sandoval, residente en Nueva Jersey y madre de dos chicos, tuvo una experiencia muy desagradable en este sentido.

"Todo depende del estado donde estés. Cuando vivíamos en California, un vecino llamó a la policía porque mi hijo pequeño lloraba. Eran las 2 de la tarde y no quería dormirse. Tuve que subirle la camiseta para mostrarle a los agentes que el niño estaba bien y convencerlos de que yo era su madre", explica.

Image caption Los juegos de la década de 1970 quziá eran más básicos pero los niños disfrutaban de mayor libertad que ahora.

Pese a este tipo de situaciones, Sandoval sigue dejando que sus hijos disfruten al aire libre con sus amigos.

"Vivo ahora en los años 50", le dice riendo a BBC Mundo.

"Mis puertas están sin llaves todo el día. Esto es muy lindo. Mis hijos –de 10 y 7 años- entran y salen como quieren. Van a jugar, vienen a comer algo, se vuelven a ir. Si el día es bonito, no dejo que estén encerrados con los amigos en el sótano".

No hace caso de las preocupaciones de otros adultos. "Yo le dije a mi hijo, al pequeño, que se pusiera un casco. Nada más".

"La ciudad de los niños"

El cambio en el paisaje de las calles no es exclusivo de Estados Unidos.

Ya en los años 90, el psicopedagogo italiano Francesco Tonucci denunció que las ciudades se estaban convirtiendo en espacios hostiles a los niños y en mayo de 1991 puso en marcha en su natal Fano el proyecto "La ciudad los niños", con el objetivo de crear ciudades más diversas y mejores para todos.

Derechos de autor de la imagen Getty
Image caption La protección de los menores no es exclusiva de EE.UU. En ciudades europeas -en la imagen, Berlín- y latinoamericanas también se produce este control.

En los años sucesivos se adhirieron a la iniciativa localidades de todo el mundo, muchas de ellas latinoamericanas: Santa Fe en Argentina; El Bosque y Punta Arenas en Chile; Bogotá, Manizales y Medellín en Colombia; Puebla en México; Asunción en Paraguay; Canelones, Los Cerrillos y Montevideo en Uruguay; y Lima, Miraflores y San Miguel en Perú.

Pero pese a todos estos intentos, volver a la infancia que experimentaron los adultos actuales es un esfuerzo que choca con una realidad de inseguridad y urbanización que dificulta poder disfrutar de la inconsciencia de antaño.

"En Madrid cuesta atreverse a perder de vista a los niños más de un minuto", lamenta Julián Fernández, padre de un niño de 7 años y una niña de 4, residente en la capital española.

"En el barrio de mi madre ha habido psicosis por el caso del pederasta de Ciudad Lineal. En mi calle hay varios pasos de cebra que nadie respeta y hasta cuando voy yo con ellos de la mano es peligroso.

"A su madre y a mí nos gusta estimular su independencia, pero Madrid no es ciudad apta para eso", reconoce. "Aquí empiezan a ir solos al cole a los 13 años más o menos, aunque depende del barrio. A Juan le dejo ir a comprar solo a la tienda si no hay que cruzar y es una tienda donde nos conocen.

"Me encantaría que fuese de otra forma, pero Madrid no es ciudad para niños".

Derechos de autor de la imagen PA
Image caption A muchos de los adultos les gustaría recuperar las diversiones de la niñez.

Las tragedias son la excepción

En este sentido, la creadora de "Niños free-range" cree que lo fundamental es lograr llegar a los padres y hacerles vencer ese temor.

En su experiencia al animar a los padres a que dejen jugar a sus hijos solos en la calle, Skenazy se ha dado cuenta de que el cambio que se produce en los mayores es incluso más profundo que el que experimentan los pequeños.

"La alegría de los padres al ver a su hijo hacer una cosa que ellos recuerdan que hacían alegremente en su infancia –jugar fuera, montar en bici-… esa alegría ocupa rápidamente el lugar del miedo", exclama.

"Esta sociedad nos hace ponernos en lo peor e imaginar que van a violar y matar a nuestros hijos, cuando en realidad eso es la excepción", reflexiona Skenazy, quien entiende los reproches que recibe de gente que ha perdido a un menor de forma trágica.

"Si se ha vivido personalmente es difícil porque uno se culpa y piensa en lo que podía haber hecho de forma diferente.

"El remordimiento o dolor por una tragedia no quiere decir que ésta se hubiera podido evitar o que haya que dejar de hacer cosas en el futuro.

"Puedes mantener a tu hijo en casa toda su vida y no estará más seguro que si lo dejas caminar a la escuela o jugar en la calle", concluye.

Derechos de autor de la imagen AFP
Image caption Un lector comentó en el blog de Skenazy que, paradójicamente, los niños de países considerados más peligrosos, como Irak, gozan de mayor despreocupación.

Contenido relacionado