El torneo de rugby que se juega en una fábrica de ron venezolana

Alcatraz y Tocorón Derechos de autor de la imagen Santa Teresa
Image caption Un partido histórico: Alcatraz, de negro y blanco, versus Tocorón, de azul.

"¡Tocorón, Tocorón! ¡Aplaudan al jugador!", les grita Alberto Vollmer a sus hombres, que ven a un contrincante salir en camilla del terreno de juego.

Se enfrentan, en este partido de rugby a 33 grados centígrados, Alcatraz y Tocorón: el primer equipo conformado por exdelincuentes y el segundo, por reclusos de la penitenciaría del mismo nombre, no muy lejos de la hacienda de ron Santa Teresa, en Venezuela, donde tiene lugar el juego.

Además del perfil de sus jugadores, los equipos tienen otra cosa en común: su entrenador y creador, conocido en este ámbito como "el ingeniero Alberto", quien al ser presidente de una de las productoras de ron más importantes del país ha usado el rugby para darle contenido a la imagen de la marca, y enfrentar la violencia que azota a esta zona del centro de Venezuela, en el estado Aragua.

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Y el día de hoy -rodeados de chaguaramos, palmeras y plantaciones de caña- se celebra el partido más especial: por primera vez, el equipo de Tocorón, la cárcel aledaña donde Vollmer entrena rugby hace un año, juega más allá de las paredes de la correccional.

El motivo es el torneo anual de rugby en la Hacienda Santa Teresa. Compiten jugadores de Colombia y de lo largo y ancho de Venezuela. Se pasean por las gradas funcionarios del gobierno, embajadores, familiares de los reos y oficiales de la Guardia Nacional Bolivariana, que custodian a los presos que este día -tras complicadas gestiones judiciales- tienen un soplo de libertad.

Se bebe mojito, cubalibre y, por supuesto, agua. "Porque hay que hidratarse", dice uno de los invitados, aunque en referencia al ron.

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Image caption Alberto Vollmer recogió su afición al rugby en Francia en los 80.

De la crisis una oportunidad

Esta historia comienza en diciembre de 2003, cuando la Hacienda fue asaltada por una banda criminal del sector que buscaba armas para enfrentar a otra cuadrilla.

Jimin Pérez, entonces gerente de seguridad de la Hacienda, detuvo a uno de los asaltantes.

"Teníamos dos opciones", le dice Pérez a BBC Mundo. "O lo entregábamos a la policía o lo quebrábamos nosotros".

La solución fue otra: Vollmer le propuso al delincuente entrar a trabajar a la Hacienda por tres meses como forma de pago.

Tras unos días, el bandido pidió espacio en la Hacienda para otro de los asaltantes, José Gregorio Rodríguez, más conocido como "El gordo" y hoy empleado de la Hacienda.

"El compañero me dijo que había una oportunidad", dice Rodríguez a BBC Mundo. "Así que nos vinimos todos para acá". Y llegaron 26.

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Image caption José Gregorio Rodríguez, "El gordo": "Haber asaltado Santa Teresa fue lo mejor que me pudo haber pasado".

"Yo hablé con el ingeniero Alberto, le dije que trabajar en la Hacienda sonaba muy bonito, pero que cuando saliéramos nos íbamos a tener que matar con la otra banda", narra Rodríguez.

Así que Vollmer, escoltado por Pérez, se fue para el sector controlado por esa "otra banda". La convenció de vincularse a la Hacienda. Y llegaron 32 más.

"Alberto los reunió a los dos grupos de sorpresa y les empezó a hablar del rugby", recuenta Pérez, el de seguridad.

"Se veían así como cuando dos perros se ven", dice, en referencia a una mirada intimidante.

"Alberto les dijo que limaran eso en la cancha (…) Y la sorpresa fue que jugaron, y cuando jugaron no se mataron".

Así nace Proyecto Alcatraz, por el que han pasado siete bandas criminales, equivalentes a casi 400 hombres.

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Image caption El equipo de Tocorón, presidido por la gerente de la cárcel.

"Incondicionalmente constructivos"

Al ser el heredero de una de las familias más ricas de Venezuela, Albert Vollmer reúne muchas de las características para ser considerado un enemigo del gobierno socialista instaurado en Venezuela hace 16 años por el fallecido Hugo Chávez.

Pero no lo es. De hecho, ha sido también calificado como "la oveja negra de la oligarquía", en crítica no solo a su proyecto quizá poco ortodoxo, sino a su relación con el gobierno, que se materializa en su participación en la Comisión para el Mercosur, designada por el propio presidente, Nicolás Maduro.

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Image caption La mayoría de los equipos que juegan en el torneo Santa Teresa son de universidades.

"Vollmer está en el negocio correcto, en el país correcto, a la hora correcta", le dice a BBC Mundo Jorge Roig, presidente de Fedecámaras, la asociación de empresarios.

Y continúa: "Al vender productos que no son de carácter necesario, el gobierno no les regula los precios; al tiempo, la mayoría de sus insumos son locales, así que no necesita muchas divisas; tiene programas que le conectan con la gente y lo protegen de enfrentarse con el gobierno, además de que es poco beligerante en lo político".

Vollmer, pues, parece estar cómodo con esta situación.

Y sobre esto, en entrevista con BBC Mundo, recurre a un lema que repite a donde quiera que va: "Nosotros nos hemos comprometido a ser incondicionalmente constructivos".

En 2000, en medio de la euforia que generaban los llamados del nuevo presidente Chávez a ocupar la tierras de los "latifundistas", 400 familias invadieron parte de la Hacienda Santa Teresa.

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Image caption Varios de los jugadores de Alcatraz han llegado a la Seleccion Venezuela de rugby.

Vollmer no reclamó ante la justicia, sino les dijo a los campesinos "listo, ustedes me invaden la tierra, pero yo les invado la mente".

Hoy en día muchos de esos campesinos trabajan para Santa Teresa y viven en esa tierra que invadieron, en una pequeña urbanización que surgió de los acuerdos entre Vollmer y el líder del grupo, José Omar Rodríguez.

El líder ocupante había sido partícipe del golpe de Estado de Chávez en 1992.

Hoy sigue siendo chavista y se codea con la familia Vollmer en las gradas del partido de rugby.

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Image caption Por primera vez el equipo de Tocorón jugó fuera de la cárcel.

Por qué el rugby

Vollmer dice que el rugby fue una solución pragmática al asalto de la Hacienda, pero no es casualidad que haya escogido esta disciplina -en lugar del béisbol, por ejemplo, que es el deporte nacional- para luchar contra la violencia.

"El rugby es un deporte de contacto y de equipo", asegura, "un deporte de bestias jugado por caballeros".

Y en ese sentido, añade, es un deporte que permite inculcar de manera rápida valores como el respeto, la humildad y la disciplina.

"Acá no hay Messi, ni Cristiano Ronaldo: este es un trabajo de equipo", dice Rodríguez, el una vez asaltante de la Hacienda.

La violencia en Venezuela, sostiene Vollmer, tiene su causa en familias disfuncionales donde los niños que están entrando a la adolescencia -quizá sin padre ni formación escolar- se quieren mostrar fuertes ante sus similares.

"Y el rugby ha resultado ser una herramienta eficiente para drenar esa energía", concluye, añadiendo que el rugby ha ayudado a reducir los homicidios en la zona, una apreciación que la policía local comparte.

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Image caption Jugador de Alcatraz.

De vuelta al partido entre Tocorón y Alcatraz, el equipo de la cárcel perdió 25-5, y fueron contados los minutos que les permitieron saludar a sus familias, que, algunos, no veían hace años.

Escoltados por decenas de Guardias Nacionales, los reos muestran caras de relajación y satisfacción mientras se organizan para salir de la Hacienda.

"Nuestras intención es más que señalarlos, más que decirles tú cometiste esta falta, es preguntarles qué es lo que buscan en la vida", dice Vollmer.

En fila india, los convictos salen entre aplausos de nuevo hacia la cárcel.

Y ese es el trato a los delincuentes, dice Vollmer, que puede acabar con la violencia rampante que sufre Venezuela.

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