La conmovedora recuperación de Qamar, una niña víctima de las bombas en Siria

Rahaf Qadour y su padre Derechos de autor de la imagen BBC World Service
Image caption “No puedo describir cómo se siente ver sufrir a tus hijos”, dice Abu Abdul Malik, con su hija Rahaf, víctima de un bombardeo.

Hace tres años, un proyectil impactó en la casa de la familia Qadour en Homs, Siria, causando un incendio que destruyó su hogar e hirió a los niños mientras dormían.

Hoy se recuperan en Jordania, donde están siendo atendidos por cirujanos de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

Allí los visitó la periodista de la BBC Caroline Hawley, quien reportó sobre su caso hace dos años.

Qamar Qadour, de 6 años, dibuja la cara de su adorado padre, quien la salvó del fuego.

Aquella noche, Abu Abdul Malik corrió al cuarto de sus hijos tras el bombardeo. Allí encontró a Qamar y a su hermana menor, Rahaf, envueltas en llamas.

Sufrieron quemaduras de tercer grado en casi todo su cuerpo. Su hermano mayor, Abdul Malik, sufrió heridas menores.

Para Qamar, dibujar es un talento recientemente adquirido.

La piel de sus manos aún está cubierta de cicatrices, pero después de dos operaciones los cirujanos de MSF lograron que recupere el movimiento de sus dedos.

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Image caption Qamar, de seis años, no se quería mirar al espejo ni dejaba que nadie la viera por sus cicatrices.

En total, los miembros de la familia Qadour se han tenido que someter a más de 20 operaciones –ya perdieron la cuenta de cuántas van- pero aún les falta un largo camino por recorrer para recuperarse del todo.

Son una de las tantas familias sirias cuyo destino fue transformado en unos pocos segundos de terror, pero al menos ellos tienen la fortuna de estar recibiendo los cuidados que necesitan.

Avance

Cuando conocí a Qamar por primera vez tenía una gruesa cicatriz en la cara, desde su nariz hasta su boca.

No se quería mirar en el espejo y ella y Rahaf eran tan conscientes de su aspecto que les daba temor salir a la calle.

Hoy Qamar dice que disfruta cuando sale del hospital y va a su casa porque "allí puedo juntarme a jugar con los chicos del vecindario. Jugamos a atajar la pelota. Soy rápida", alardea.

Según su madre, Umm Abdul Malik, las niñas están psicológicamente mucho mejor que antes.

"Antes no querían que nadie las viera. Ahora, cuando ven gente no salen corriendo ni se esconden", señala.

Sin embargo, ella está muy preocupada por la apariencia de las niñas a medida que crecen.

"Falta mucho. Quiero que sus rostros sanen y sean como eran antes", confiesa.

Máscara

Por el momento, Qamar debe usar una máscara especial de silicona para proteger su cara.

Los médicos lograron remover algunas zonas dañadas y reemplazarlas con un injerto de piel, que debe ser protegido.

Su hermano se mofa de ella, diciendo que parece una ladrona de bancos.

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Image caption Según MSF, cada vez atienden a más niños de Siria, Irak y Yemen.

Qamar se queja, mientras su padre le coloca la máscara que debe usar todas las noches y varias horas durante el día.

Abu Abdul Malik acompaña constantemente a sus niños mientras su esposa se ocupa de los mellizos de la pareja, que nacieron recientemente.

Dentro de poco Rahaf, de cinco años, también recibirá un injerto de piel en su rostro.

"Nuestro objetivo es que recupere su funcionamiento normal", dice su médico, Moukhallad Saud, especialista en quemaduras, quien también atendió a Qamar.

"Pero la función principal de la cara es ser vista por otros. Aún no hemos logrado los mejores resultados, pero seguiremos probando", afirma.

"Una familia maravillosa"

El experto afirma que cada vez hay más niños entre sus pacientes, provenientes de Siria, Irak y Yemen. Algo que le resulta muy doloroso.

"Cuando estoy operando tengo que bloquear mis sentimientos", confiesa.

Sin embargo Saud reconoce que la dureza de su trabajo es compensada al ver que uno hace una diferencia real en la vida de estos chicos.

Sus próximas pacientes son dos hermanas sirias que padecieron quemaduras aún peores que las de Qamar y Rahaf.

"Las cosas que uno ve aquí te hacen llorar", dice la enfermera Khawla Abdallah.

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Image caption El equipo de MSF en Jordania realiza más de 40 operaciones a la semana.

"Obviamente uno no puede llorar frente a los pacientes así que lloro cuando llego a casa", admite.

La lucha de la familia Qadour, y la manera estoica en la que la han encarado, ha conmovido a todos en el hospital donde son tratados.

"Son una familia maravillosa, tan amable", señala el anestesista iraquí Hadeel Anani.

"Lo que les ocurrió es una tragedia, pero por desgracia no es algo inusual", agrega.

Violencia

MSF estima que necesita unos 100 médicos para poder atender todos los casos que recibe como consecuencia de la violencia en Medio Oriente.

En ese sentido, Abu Abdul Malik sabe que tiene suerte.

"No puedo describir cómo se siente ver sufrir a tus hijos", dice, mientras acaricia a Rahaf, quien sale de su última operación.

"Sé que su futuro será difícil y que capaz se sientan diferentes a otras niñas. Pero agradezco a Dios por el tratamiento que reciben", señala.

"Hay muchos sirios que lo necesitan y no lo tienen", concluye.

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Image caption La familia Qadour vive en Amman gracias a la ayuda humanitaria. Allí sus hijas reciben tratamiento médico.

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