Las cinco principales controversias en la carrera de Winston Churchill

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Image caption Es un figura compleja la de Winston Churchill.

Durante las horas más oscuras de Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, el liderazgo de Winston Churchill fue vital para mantener la moral y llevar al país hacia la victoria final contra la Alemania nazi.

En 2002, Churchill le ganó a William Shakespeare, Charles Darwin y al gran ingeniero civil victoriano Isambard Brunel y resultó elegido el mejor británico de la historia.

Pero durante una carrera que duró cerca de 70 años, Churchill tuvo más que unos pocos momentos de controversia.

"Existe el peligro de que Churchill adquiera un estatus puramente icónico, porque esto le resta humanidad", dice Allen Packwood, director del Centro de Archivos de Churchill.

"Es un ser humano increíblemente complejo, contradictorio y con un aura de grandeza, y luchó con estas contradicciones durante su vida".

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Estos son cinco de los debates más frecuentes y acalorados sobre el legado de Churchill.

Opiniones sobre la raza

En abril del año pasado, el candidato laborista Benjamin Whittingham tuiteó que Churchill fue "un racista y un supremacista blanco".

Sir Nicholas Soames, nieto de Churchill, se enfureció. Y el oponente conservador de Whittingham, Ben Wallace, calificó los comentarios de "ignorantes" e "increíblemente insultantes".

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Image caption Churchill ha sido tachado de racista.

El tuit fue borrado, y el Partido Laborista dijo: "No representa la opinión del Partido Laborista. Él (Whittingham) se disculpa sin reservas si ha ofendido a alguien".

Pero no era la primera vez que alguien sugería que Churchill tuvo creencias racistas.

En 1937, Churchill declaró lo siguiente a la Comisión Real para Palestina: "No admito, por ejemplo, que se haya infligido una gran injusticia contra los Indios Rojos de América y el pueblo negro de Australia. No admito que se haya cometido una injusticia contra estos pueblos por el hecho de que una raza superior, una raza de grado superior, una raza con más sabiduría sobre el mundo por decirlo de alguna manera, haya llegado y haya ocupado su lugar".

Definitivamente, Churchill creía en las jerarquías raciales y en la eugenesia, dice John Charmley, autor de Churchill: The End of Glory (Churchill: el final de la gloria).

En la visión de Churchill, los cristianos blancos protestantes estaban en la cumbre, por encima de los blancos católicos, mientras que los indios estaban por encima de los africanos, añade.

"Churchill se veía a sí mismo y a Gran Bretaña como los ganadores en una jerarquía darwiniana".

"Un atenuante sería que sus ideas no eran muy singulares", explica Richard Toye, autor de Churchill´s Empire (El imperio de Churchill), "aunque había muchos otros que no las compartían".

Soames cree que es ridículo atacar a Churchill. "Estamos hablando de uno de los mejores hombres que el mundo ha visto nunca, hijo de la época eduardiana y que hablaba el idioma de su época", dice.

Y las ideas de Churchill sobre la raza no admitían comparación con la interpretación homicida que hacía Hitler sobre la jerarquía racial, dice Toye.

"Aunque es verdad que Churchill pensaba que los blancos eran superiores, esto no significaba necesariamente que pensase que era aceptable tratar a los no blancos de forma inhumana".

Gas venenoso

Churchill ha sido criticado por defender el uso de armas químicas, sobre todo contra los kurdos y los afganos.

"No puedo entender esta aprensión sobre el uso de gas", escribió en un memorándum cuando era ministro de la Guerra y el Aire, en 1919.

"Estoy totalmente a favor de utilizar gas venenoso contra las tribus incivilizadas", continuó.

Estas frases han sido utilizada por críticos como Noam Chomsky para atacar a Churchill.

Pero la controversia es inapropiada, dice Warren Dokter, autor de Winston Churchill and the Islamic World (Winston Churchill y el mundo islámico).

"Lo que Churchill proponía usar en Mesopotamia era gas lacrimógeno, que no es gas mostaza".

El memorándum de 1919 continuaba: "El efecto moral debería ser tan positivo, que la pérdida de vidas debería reducirse al mínimo. No es necesario usar uno de los gases más mortales: se pueden usar gases que causan mucha molestia y crean un agitado terror y, al mismo tiempo, no dejaría ningún efecto grave permanente en los afectados".

Image caption El escritor Warren Doker asegura que lo que Churchill proponía usar en la guerra de Mesopotamia era gas lacrimógeno, no gas mostaza.

En otro memorándum sobre la utilización de gas contra los afganos, dice Dokter, Churchill se preguntaba por qué un soldado británico podría morir, herido y tirado en el suelo, mientras que era supuestamente injusto "disparar un proyectil que haga estornudar a los llamados nativos. Es, verdaderamente, muy estúpido".

Pero algunos todavía critican los ataques aéreos británicos utilizados para reprimir a las tribus rebeldes de la región.

Y es importante destacar que Churchill defendía el uso de gas mostaza contra tropas otomanas en la Primera Guerra Mundial, dice Dokter, aunque esto sucedió en un momento en el que otros países lo estaban utilizando.

Frases sobre Gandhi

Churchill tenía sólidas opiniones sobre un hombre que hoy en día es muy respetado por su trabajo en defensa de la autodeterminación de India.

"Es alarmante y nauseabundo ver al señor Gandhi, un abogado sedicioso, posando ahora como un faquir…dando zancadas medio desnudo subiendo las escaleras de la casa del virrey", dijo Churchill sobre su adversario anticolonialista en 1931.

"Gandhi no debería ser liberado por la simple amenaza del ayuno", Churchill le dijo a su gabinete en otra ocasión. "Nos desharíamos de un hombre malo y de un enemigo del Imperio si muriera".

Image caption "Gandhi no debería ser liberado por la simple amenaza del ayuno", dijo a su gabinete en una ocasión.

Hoy en día suena pasado de moda cuestionar las tácticas políticas no violentas de Gandhi. Es venerado de la misma forma que lo es Churchill en Reino Unido.

Pero, durante años, Gandhi supuso una amenaza para la visión que tenía Churchill sobre el Imperio Británico.

"Se puso a sí mismo a cabeza de un movimiento de románticos imperialistas irreconciliables", escribió Boris Johnson en su biografía reciente de Churchill.

"Duros defensores del Raj y del derecho divino de todos los ingleses respingados de sentarse en su porche... y regodearse en su posesión de India".

"Churchill estaba más bien en la extrema derecha en cuanto a la política británica sobre India", dice Charmley.

"Incluso para la mayoría de los conservadores, por no hablar de los liberales y laboristas, las ideas de Churchill sobre India entre 1929 y 1939 eran bastante aberrantes".

Churchill era vociferante en su oposición a Gandhi, dice Toye, y no quería que India hiciera ningún movimiento hacia el autogobierno, hasta el punto de oponerse a los líderes de su propio partido y de ser generalmente bastante hostil al hinduismo.

La de Churchill era la postura del imperialismo tardío, añade Charmley.

"Estaba terriblemente alarmado", dice. "Creía que dar autonomía a los indios conduciría al imperio británico a su caída y sería el fin de la civilización".

Miembros más jóvenes del Partido Conservador, como Anthony Eden, vieron a Churchill con desconfianza durante la década de 1930, debido a su asociación con la línea de derecha más dura de la formación, explica.

"La gente a veces se pregunta por qué diablos no se hizo caso a las advertencias de Churchill sobre Hitler a finales de 1930", dice Charmley.

"Y la respuesta corta es que había utilizado para él (Hitler) el mismo lenguaje que para Gandhi a principios de la década".

La actitud hacia los judíos

En 2012 hubo objeciones a la propuesta de construir el Centro Churchill en Jerusalén.

El argumento era el siguiente: "(Churchill) no es extraño al latente antisemitismo de su generación y su clase".

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Image caption Los hay muy críticos con la figura de Churchill.

El biógrafo oficial del político, Martin Gilbert, contó en su momento que "estaba familiarizado con el ideal sionista y apoyó la idea de un estado judío".

Pero ser antisemita y sionista no son incompatibles, matiza Charmley.

"Churchill, sin lugar a dudas, era un ferviente sionista", dice. "Un ferviente creyente en el derecho de los judíos a tener un Estado propio y de que este estuviera en lo que entonces se llamaba Palestina".

Sin embargo, el que fuera primer ministro de Reino Unido también "compartía el antisemitismo de bajo nivel e informal de los de su clase", añade.

"Si juzgamos a los que vivieron en aquella época con los estándares de corrección política del siglo XXI, son todos culpables", señala.

"Esto no debería impedirnos ver la imagen general".

En 2007 se descubrió un artículo de 1937 sin publicar, supuestamente escrito por Churchill, titulado Cómo pueden combatir los judíos la persecución.

"Puede ser que, sin quererlo, estén invitando a la persecución. Puede que sean responsables en parte del antagonismo que sufren", decía el texto.

"Existe la sensación de que el judío es un forastero incorregible, que su lealtad siempre estará con los de su raza".

Sin embargo, hay historiadores que aseguran que el artículo en cuestión fue escrito por el periodista Adam Marshall Diston y que podría no representar con precisión el punto de vista de Churchill.

"El antisemitismo informal era rampante", concuerda Dokter. "Pero es inconcebible señalarlo como antisemita".

Prueba de ello podría ser lo que escribió en 1920: "A alguna gente le gustan los judíos y a otra no. Pero ningún hombre serio puede dudar del hecho que son, sin duda, la más formidable y notable raza que ha habido en el mundo".

La postura para con el islam

El presidente del partido británico Liberty GB, Paul Weston, fue arrestado el año pasado por sospechas de acoso racial después de que leyera en voz alta algunos de los pensamientos de Churchill sobre el islam.

Weston leyó pasajes del libro The River War, de 1899.

En esta obra, el político escribió: "¡Cuán terribles son las maldiciones que el mahometismo establece sobre sus devotos! Además del frenético fanatismo, que es tan peligroso en un hombre como la rabia en un perro, está esa apatía fatalista".

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Image caption Según revelaciones recientes, el islam fascinaba a Churchill hasta tal punto que su familia temió que se convirtiera.

Y también: "Existen hábitos impróvidos, sistemas agrícolas descuidados, métodos de comercio lentos e inseguridad de la propiedad allá donde vivan los seguidores de las reglas del profeta".

Fragmentos de estas citas circulan ahora acompañados de retratos de Churchill en internet, con la intención de demostrar su postura anti islam.

"Ese era quizá el punto de vista más común y compartido por los británicos de la época de Churchill y no tengo ninguna duda de que él creía exactamente eso", dice Charmley.

Pero el que fuera primer ministro tenía una postura mucho más matizada sobre esa religión, asegura Dokter.

El libro de 1899 fue escrito en referencia a los mahdistas de Sudán, inmediatamente después de una guerra colonial (1881–1899) en la que participó Churchill.

Además, según revelaciones recientes, el islam fascinaba tanto a Churchill que en un momento su familia temió que se convirtiera.

Y en 1940 su gabinete destinó US$150.000 para la construcción de una mezquita en Londres, como reconocimiento a los musulmanes indios que lucharon por el imperio británico.

Respecto a eso, dijo en la Cámara de los Comunes, la cámara baja del Parlamento: "Muchos de nuestros amigos de los países musulmanes ya han expresado su aprecio ante este regalo".

"Su relación con el islam era más complejo de lo que la gente cree", sugiere Dokter.

Y recuerda que cuando Churchill estuvo de vacaciones en Estambul y jugó al polo con musulmanes en India.

Dinero a cambio de influencia

"Dos compañías petroleras, Royal Dutch Shell y Burmah Anglo-Persian Oil Company (la que después sería British Petroleum, BP), a cambio de un pago de US$7.500 le pidieron que apoyara su propuesta de fusión", escribió Gilbert en la biografía oficial.

Image caption David Lloyd George y Winston Churchill en 1915, cuando los estándares políticos eran otros.

De acuerdo a los estándares políticos actuales de Reino Unido, aquel pago sería considerado altamente inapropiado en 1932.

Churchill, cuya "carrera política estaba de capa caída" en aquel tiempo, según el historial de BP, estuvo de acuerdo en usar su influencia parlamentaria en el tema a cambio del dinero.

"Pero yo tendría cuidado sobre llamarlo soborno", advierte Toye.

"Aceptó todo tipo de regalos, lo que con la cultura actual de total transparencia sería expulsado inmediatamente de los Comunes. Pero esas reglas no existían en aquel tiempo".

El Registro de los Intereses de los Miembros se introdujo en 1975.

"Puedes argumentar que hubo conflicto de intereses, incluso que estuvo mal, pero no puedes llamarlo soborno en el sentido actual, como algo ilegal", explica Toye.

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