El alemán solitario y el pirata que revolucionaron la música con el MP3

MP3 en bolsillo de jean Derechos de autor de la imagen BBC World Service

Hubo una época en la que a los músicos solo se les pagaba por tocar en vivo.

Todo cambió con la invención del fonógrafo a finales del siglo XIX, lo que llevó al nacimiento del artista de grabación, los discos y una industria multimillonaria global que se enriqueció aún más con la introducción de los CDs, hace tres décadas.

Luego, en 1995, un ingeniero de audio alemán llamado Karlheinz Brandenburg y su equipo inventaron un nuevo formato que empezó rápidamente a destruir sistemáticamente a la industria musical.

La historia de cómo MP3 fue virtualmente ignorado por los magnates de las disqueras pero acogido por los piratas en la primera ola de la revolución de la computadora personal la cuenta el periodista Stephen Witt en su libro "How Music Got Free" ("Cómo la música se liberó").

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Image caption Con MP3, llevar la música a todas partes se facilitó enormemente.

Cuando era un estudiante, él mismo fue uno de los primeros en amasar una inmensa colección de música bajada ilegalmente, a finales de los 90... ¿Por qué lo hizo?

"Primero porque quería, después porque podía y finalmente porque ya no podía dejar de hacerlo", le dice Witt a la BBC.

"Era compulsivo. Al principio no era muy consciente de que era ilegal. De hecho, la legalidad en esa época aún no había sido establecida".

En su libro, cuenta cómo en las residencias universitarias "la piratería musical se convirtió a finales de los 90 en lo que experimentar con drogas había sido a finales de los 60: la burla de toda una generación tanto de las normas sociales como del cuerpo existente de la ley, sin pensar mucho en las consecuencias".

Pero lo que sucedió entonces sólo fue posible gracias a lo que un genio matemático y su equipo habían hecho.

Dos letras, un número y una revolución

La historia empieza en el Instituto Fraunhofer de Erlangen, Alemania, donde el genio matemático Brandenburg, el director de tecnologías de medios electrónicos, lideró al equipo que desarrolló el MP3... un avance de grandes dimensiones, aunque al principio no fuera obvio ni para los mismos creadores.

"Brandenburg había tenido la idea de algo llamado 'compresión psicoacústica'. Suena complicado pero lo que hace es aprovechar la incapacidad natural de los oídos para escuchar algunas frecuencias".

Lo que hasta entonces recibíamos al comprar un disco o un CD era una grabación de todas las frecuencias de onda que se producían, incluso las que no podíamos percibir.

"Usando matemáticas y computadoras logró reducir alrededor del 91% del tamaño de un CD con muy poca pérdida en la calidad del sonido", explica Witt.

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Image caption El invento de Brandenburg y su equipo marcó un hito en la historia de la música.

"Todo un genio... pero también un geek, por lo que inicialmente no ganó nada de dinero, aunque después se hizo millonario", relata Witt.

Lo que no anticipó fue que su invención iba a cambiar la historia de la industria de la música.

"Yo creo que él quedó tan sorprendido como todos. Él sabía que tenía la tecnología de punta de ese tipo en el mundo. Trató de alertar varias veces a los rectores la industria musical, pero no mostraron ningún interés: le dijeron que no estaban interesados en la distribución digital de música, aunque ya lo habían estado haciendo por años con los CDs".

"Para los ejecutivos de esa industria, las estanterías repletas de CDs eran inventarios; pero para los ingenieros, era un conjunto de datos guardados de una manera ineficiente".

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Image caption Los ejecutivos de la industria discográfica estaban felices con los CDs.

"Eventualmente, a mediados de los 90, se dio por vencido y puso una versión de su codificador on line. Poco después, los piratas la encontraron. El resto de esa historia está en tu disco duro".

"Al final ganó una fortuna por derechos de autor. La ironía fue que eso solo fue posible gracias a la ola más grande de violación de los derechos de autor de la historia".

En Carolina del Norte...

En su libro, Witt se centra en tres personajes: Brandenburg, Doug Morris -uno de los grandes ejecutivos de la música quien se ve involucrado en la lucha contra el tsunami causado por MP3- y Dell Glover, un pirata que estaba robando CDs de una fábrica y poniéndolos al alcance de todos en línea, incluso antes de que salieran a la venta.

"Una de las cosas más fascinantes que descubrí al investigar fue que casi toda la música que yo tenía en mi disco duro podía rastrearse a un sólo usuario. Yo había asumido que la piratería era un fenómeno de multitudes -mucha gente contribuyendo con música en todo el mundo- pero resulta que la mayor parte de lo que estaba en línea venía de un puñado de gente.

"Dell era un empleado de una fábrica de discos compactos en Shelby, Carolina del Norte. Notó que cuando pasaba por seguridad al salir, los revisaban con un detector de aluminio. Pero también notó que si se metía los CDs detrás de la hebilla del cinturón, la alarma no sonaba".

"Sacó y subió a internet más de 2.000 discos a lo largo de los años, entre ellos muchos de los grandes éxitos de la época, especialmente los raperos: Fifty Cent, Eminem, Kayne West... todos pasaron detrás de la hebilla de su cinturón, semanas o a veces meses antes de que los lanzaran".

"Apenas llegaba casa, los copiaba a MP3 en la computadora de su casa y los mandaba a esa sociedad secreta de filtradores de música, de donde rápidamente llegaban a las redes entre pares (P2P) y, en cuestión de horas, estaban en iPods en todas partes del mundo".

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Image caption En cuestión de horas, la música llegaba a todas las esquinas del mundo.

En retrospectiva es posible apreciar que los piratas eran los que estaban abriendo el camino.

Fueron los pioneros del uso de MP3, que se hizo popular por ser tan portátil y fácil de bajar.

El efecto en la industria de la música ha sido absolutamente revolucionario.

"Los actores de esa industria realmente tuvieron que ser arrastrados a la fuerza para que entraran en la era de la distribución digital de música. No querían ir: querían continuar disfrutando de las cuantiosas ganancias que les dejaban los CDs".

"Yo creo que no se comprometieron realmente sino hasta 2007 o 2008. No fue sino hasta la premier de Spotify en Suecia en 2008 que apareció una especie de nueva forma de distribución... les tomó diez años".

El título de su libro, "How Music Got Free" podría interpretarse como "Cómo la música se volvió gratis" o "Cómo la música se volvió libre", pero en conversación con la BBC, Witt precisa que la intención es "Cómo la música se liberó", "de las garras de las corporaciones, de las ineficiencias de los medios físicos... se ha escapado de todos nosotros, de cierta forma. Hasta los músicos mismos tienen muy poco control sobre lo que ocurre una vez lanzan una canción".

"Se ha convertido en una especie de telón de fondo fluido. A los músicos no les gusta pues los hace sentir devaluados, pero yo creo que para la generación que creció con ello fue algo maravilloso".