The North Face y Esprit: las exitosas marcas de Doug Tompkins, el millonario que murió en un accidente en Chile

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Image caption Tompkins fue uno de los fundadores de The North Face y Esprit.

Doug Tompkins encontró la muerte en el paraíso patagónico que había dedicado tantos años a proteger.

Pero el dinero con el que emprendió su ambicioso y a veces controvertido esfuerzo de conservación natural en América del Sur venía del mundo corporativo.

Su habilidad empresarial sirvió para consolidar dos marcas famosas mundialmente, The North Face y Esprit, las que comenzó en la California de la década de 1960, influido por la estética ¨hippie" de la época.

La cara más dificil

The North Face es una marca famosa en el mundo de los amantes de las aventuras al aire libre.

Su logotipo se observa en equipo de montañismo como carpas, sacos de dormir y mochilas, así como en prendas deportivas.

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Image caption The North Face se hizo famosa entre los amantes del montañismo.

El nombre, que traduce literalmente "la cara norte", se refiere al lado norte de las montañas, que en el hemisferio norte es generalmente el más frío y el más difícil de escalar.

La marca fue establecida en San Francisco en 1968 por el recién fallecido Douglas Tompkins junto con Kenneth Klopp, quienes le dieron ese nombre a una tienda de equipo de montañismo que habían comprado dos años atrás.

Desde el comienzo habían buscado ser parte de la onda "cool" que permeaba a esa ciudad estadounidense y que buscaron proyectar con la publicidad que rodeaba a su marca.

En la inauguración de la tienda tocó uno de los grupos más famosos de la década de los 60, los Grateful Dead, que en ese momento apenas comenzaban su carrera en San Francisco.

Tompkins vendió su parte de la firma a Klopp poco después, para concentrarse en Esprit, la otra firma de ropa que había fundado con su esposa y de la que hablamos más adelante.

Pero la inclinación irreverente e innovadora que le dio a The North Face persistió décadas después.

Sus productos iniciales eran relativamente simples, cosas como mochilas de campaña.

En la década de 1970 introdujeron varias innovaciones tecnológicas en sus productos, como una carpa en forma de domo geodésico en 1975, con barras curvas que resistían mejor el viento.

También incorporaron el Gore-Tex, un material impermeable revolucionario para su época, en 1977.

A lo largo de los años la firma subvencionó a muchos deportistas y se financiaron expediciones de montañismo en los cinco continentes.

La firma sigue teniendo su sede en California, en la localidad de Alameda. Hoy es propiedad de la multinacional VF Corporation.

Desde una furgoneta Volkswagen

La otra marca asociada con Tompkins fue Esprit.

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Image caption El imperio empresarial de Tompkins comenzó en San Francisco.

La había fundado su esposa Susie y una amiga en 1968, para un público distinto.

Pero compartía con The North Face la onda de cultura alternativa que caracterizó a California en la década de 1960.

Empezaron vendiendo sus productos desde un bus Volkswagen. Y las oficinas estaban en el apartamento de la pareja.

Pero el negocio progresó y para comienzos de 1970 había sido registrada la empresa como "Esprit de Corps", con siete líneas de productos.

A finales de la década las ventas superaban los US$100 millones y se expandía a Europa y Asia.

En 1990 la pareja se separó, con Doug dedicándose a sus proyectos ambientalistas en Sudamérica y Susie tomando las riendas de la empresa, que se concentró cada vez más en Asia.

Según indica el sitio web de la empresa, Esprit tiene presencia hoy en día en 40 países con cerca de 900 tiendas administradas directamente y más de 7.800 puntos de venta.

La firma es manejada desde oficinas en Frankfurt y Hong Kong.

El destino del que escapó

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Image caption Tompkins decía que el capitalismo no tenía futuro.

Douglas Tompkins decía a menudo que se sentía afortunado por haber podido escapar de las cadenas del mundo corporativo y, en sus propias palabras, haber podido hacer algo "con significado".

En 2012 llegó a afirmar que no veía futuro alguno para el capitalismo.

Palabras paradójicas viniendo de un hombre cuyas creaciones empresariales, aún después de que las dejó, son ejemplos de éxito en los negocios a escala global.

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