Cómo recuperé la confianza en mí misma tras perder el rostro

  • 7 enero 2016
Tammy Saunders Image copyright Channel 4
Image caption Tammy Saunders tuvo una enfermedad a los 32 años que le hizo perder partes importantes de su cuerpo.

Cuando Tammy Saunders perdió parte de su rostro, su confianza se extinguió. Pero volver al mundo de las citas amorosas la ha ayudado a reencontrarse con la confianza en sí misma, según nos cuenta a continuación en sus propias palabras.

__________

No creo que haya nadie que honestamente pueda decir que tiene un 100% de seguridad en sí mismo.

Todos tenemos esos aspectos de nuestra apariencia, personalidad o habilidades que nos hacen dudar en un momento u otro.

La adolescencia es generalmente la peor etapa y mi adolescencia era una lucha cuesta arriba contra una mala piel, el pelo muy rizado y problemas con mi cuerpo.

La belleza y el carisma de la infancia se iban acabando gradualmente. Casi durante la mitad de mi adolescencia era tan tímida que intentaba con todas mis fuerzas evitar cualquier actividad que implicara que la gente me mirara.

Mi madre se dio cuenta de que tenía problemas de autoestima y decidió hacer algo al respecto. Como no era partidaria de las medidas suaves, me hizo buscar un trabajo en un restaurante local.

Yo estaba aterrorizada ante la sola idea y aún más cuando me dieron un trabajo como mesera. Hay un método para enseñarle a nadar a los bebés donde los padres simplemente los tiran al agua. Yo era uno de esos bebés y aprendí igual de bien que ellos.

A los pocos meses me había convertido en uno de los mejores empleados del local.

Todavía odiaba cómo me veía, pero comencé a mirar otras cosas. Me empecé a fijar en mis puntos fuertes y a quererlos.

Image copyright Channel 4 Betty
Image caption Fue un proceso largo para Tammy volver a salir a la calle luego de su enfermedad.

A los 20 años había logrado construir mi autoestima y con el agregado de máscara de pestañas y lápiz labial, me quería bastante. Tenía un novio, un hogar, una carrera y por primera vez en años estaba bastante contenta con mi aspecto y con mi vida en general. Sin embargo, a los 32 ambos cambiaron para siempre.

El día que cambió mi vida

La Navidad de 2013 fue bastante parecida a cualquier otra: fui donde mi madre y pasé el feriado con la familia.

Había planeado viajar a Londres el 27 de diciembre para ver a mi hermana y a su familia, pero me desperté ese día sintiéndome mal, así que lo pospuse hasta el día siguiente. Pero para entonces ya estaba en la unidad de cuidados intensivos del hospital local.

Yo había asumido que estaba con resaca, pero empeoré progresivamente hasta que apenas podía levantarme de la cama e incluso un sorbo de agua me hizo vomitar. Pensé que me había agarrado algún bicho desagradable y le insistí a mi hermano que no fuera tan dramático al hablar con los médicos.

Cuando mis piernas y labios se fueron entumeciendo comencé a preocuparme. Sentía mis extremidades frías y nada de lo que intentaba lograba calentarlas. Fui a la habitación de mi madre y al mirarme le gritó a mi padrastro que llamara a una ambulancia.

Dos horas más tarde estaba en coma en una cama de hospital conectada a suero, monitores y máquinas para mantenerme viva.

Image copyright Tammy Saunders
Image caption Así era Tammy antes de tener septicemia meningocócica.

Tardaron 10 días para diagnosticarme. Tenía septicemia meningocócica, una cepa de meningitis que causa el envenenamiento de la sangre.

También había coagulación intravascular diseminada (DIC) que es una versión grave de la erupción asociada con meningitis. El DIC hizo que varios de mis vasos sanguíneos se reventaran y sangraran debajo de mi piel, con hemorragias internas. Primero se veían como moretones y luego, negros, porque se había cerrado mi circulación.

Mis extremidades fueron las más afectadas y provocaron una necrosis. Perdí la mitad inferior de la nariz y casi todos mis labios. La carne en parte de abajo de mis piernas, pequeñas áreas de mis brazos, manos y pies debieron ser extraídas y la piel que sobrevivió en mi extremidades está marcada por cicatrices como de quemaduras. Tendones, músculos y nervios también fueron dañados, quedando desfigurados y con problemas de movilidad y destreza.

Ahí estaba yo, nuevamente profundamente descontenta con mi cara y mi cuerpo

Reconstruir la confianza

Pasé cuatro meses ingresada, pero luego de salir de la seguridad del hospital, donde parece normal lucir como un estropajo y todo el mundo sabía la historia, comencé a tomar conciencia de mí misma.

Antes de mi enfermedad había trabajado duro para ser la persona sociable y activa que era, pero cuando volvía a casa no quería salir. Rara vez lo hacía, excepto para citas médicas.

Era como si la antigua Tammy, de espíritu libre e independiente, hubiera muerto y en su lugar estuviera esta persona que casi no reconocía. No me gustó lo que vi"

Me sentía destruida y patética. Era como si la antigua Tammy, de espíritu libre e independiente hubiera muerto y en su lugar estuviera esta persona que casi no reconocía. No me gustó lo que vi y no sólo por mi apariencia.

Cuando les dije a mis amigos o familiares cómo me sentía, les sorprendió. Para ellos yo era la misma de siempre, pero con la ventaja de haber pasado por algo terrible sin perder la sonrisa.

Con la vergüenza que me daba –y que todavía me da– escuchar palabras como "inspiradora" o "potente", empecé a pensar que todas esas personas no podían estar equivocadas. Yo era la misma por dentro y merecía ser feliz.

Es por eso que me presenté a The Undateables de Channel 4, un programa de citas para personas con condiciones difíciles. ¡Por Dios, yo le había ganado a la muerte! Así que estaba segura de que no había nada a lo que no le pudiera ganar.

Tal como la caída libre a la que me empujó mi madre en mi adolescencia, decidí dar un salto al vacío. Y funcionó.

Estar en el programa me ha dado el impulso que necesitaba. Volví a recordar que yo soy esos puntos buenos que veía en mí y ha sido una grata sorpresa darme cuenta de que lo soy también para quienes he conocido, más allá de una cara fea. Contar mi historia fue un proceso catártico.

La cita en sí era la guinda de la torta.

Atractiva por dentro

Estaba hecha un manojo de nervios, pero a pocos minutos de conocerlo fui capaz de olvidar mi apariencia. Me miró a los ojos, y no a mis cicatrices y le gustó mi personalidad. Finalmente resultó que a pesar de todo lo que ha sucedido todavía soy una persona atractiva debido a cómo soy por dentro.

Desde que grabamos he vuelto tres veces al hospital y en cada una he hecho nuevos amigos. La primera vez que estuve en el hospital ni siquiera quise ver a mis viejos amigos, por miedo a cómo iban a reaccionar a cómo me veía, pero ahora tengo la confianza para compartir una sala, para conversar, reír y llorar con personas que apenas conozco. Con cada persona que me dice algo bonito o que sigue en contacto preocupados por mi recuperación, la confianza crece.

Muchas veces me han dicho que no importa lo que otros piensan de mí, pero sí importa. Especialmente cuando sus pensamientos validan algo que ya siento por mí misma.

He recibido reacciones negativas. Hay gente que me queda mirando y susurra. Entiendo su comportamiento, pero me parece un error.

Image copyright Thinkstock
Image caption La autoestima es uno de los pilares básicos de nuestra salud mental.

Desde que mi capítulo salió al aire, la confianza en mí misma que sentí al final de mi cita con Gary se ha multiplicado por 10. Me había preparado para lo que pasaría, sabiendo que hay gente por ahí que vive de hacer comentarios negativos, pero me da lo mismo.

Mientras esperaba el apoyo de mi familia, recibí las felicitaciones de gente que no conozco y una colección de tuits conmovedores. Me han confirmado una y otra vez que soy una persona digna de ser amada.

Mi viaje hacia la confianza sigue en camino y agradezco inmensamente que la mayoría de las personas quieran ayudarme en el camino. Estoy decidida a mantener su foco y el mío en mis puntos fuertes. Ahora sé que la confianza viene de dentro.

Contenido relacionado