Los jóvenes empresarios que "inventaron" el mercado de las pulgas de Brooklyn

  • 11 enero 2016
Mercado de las pulgas de Brooklyn Image copyright Brooklyn Flea
Image caption Los mercados de las pulgas han sido un gran éxito en Brooklyn.

Eric Demby y Jonathan Butler estaban tomándose uno o dos vasos de whisky cuando tramaron su plan para sacar provecho a la imagen hípster que innegablemente rodea a Brooklyn.

Durante la última década, el distrito más poblado de Nueva York ha dejado atrás a Manhattan para convertirse en la parte más de moda de la ciudad más grande en Estados Unidos.

Seducidos por alquileres más baratos en comparación con los de Manhattan, artistas y jóvenes "de onda" han llenado de nueva vida a Brooklyn.

Esto ha creado una cultura y atmósfera creativa que se inició en barrios como Williamsburg y Fort Greene antes de extenderse por toda la ciudad.

La idea de Demby y Butler fue la de crear un mercado callejero para integrar la recién descubierta cultura artística de Brooklyn y su renovado espíritu de comunidad.

Y así, en 2008 alquilaron un patio de escuela y lanzaron Brooklyn Flea, el mercado de las pulgas de Brooklyn, un bazar callejero para vendedores de antigüedades, artesanías y alimentos.

Brooklyn Flea fue un éxito inmediato, y rápidamente creció.

Hoy en día es el mercado callejero más popular en Nueva York. De abril a noviembre alberga normalmente 140 vendedores cada sábado y domingo en dos recintos al aire libre.

De diciembre a marzo, se lleva a cabo en un local cubierto, igualmente popular.

Su negocio hermano, Smorgasburg, comenzó en 2011 y es un mercado callejero exclusivamente de comida, inspirado en la moda estadounidense de los "food trucks". Por lo general alberga a 100 vendedores.

Es igual de exitoso que Brooklyn Flea, y también se muda a un local interior durante los meses más fríos.

'Momento adecuado'

Butler, de 46 años, y Demby, de 43, fueron parte de la migración entre Manhattan y Brooklyn durante la década de 2000 en busca de alquileres más baratos.

Se conocieron cuando Demby trabajaba escribiendo discursos para un dirigente político local y Butler era el dueño y administrador del popular blog de propiedad raíz Brownstoner.

Image copyright Brooklyn Flea
Image caption Eric Demby y Jonathan Butler, fundadores del mercado, se han beneficiado de la onda "cool" de Brooklyn.

Después de dar con la idea de crear un mercado callejero, concluyeron que sería más probable que funcionara en Brooklyn, pues a diferencia de Manhattan había tierra disponible a precios asequibles.

"El boom inmobiliario había conspirado en contra de los mercados de pulgas en Manhattan", dice Butler.

Ayudados por la posibilidad de usar Brownstoner para promover a Booklyn Flea, pudieron atraer a 100 vendedores y cerca de 1.500 visitantes a su primer mercado.

Butler, que también utilizó dinero del blog para iniciar el mercado de las pulgas, dice que aunque ellos se beneficiaron de estar en el lugar correcto en el momento correcto, también tuvieron que dedicar una cantidad considerable de tiempo y esfuerzo a su negocio.

"Es difícil que algo tenga éxito sin estar en el momento adecuado, pero eso no es suficiente", dice Butler.

La pareja vendió el blog de inmuebles en 2014, y ahora dirigen el Flea y Smorgasburg a tiempo completo, utilizando el dinero que los mercados generan para seguir creciendo.

Un sello distintivo del éxito de los mercados es que no se limitan a ser lugares para comprar cosas, sino que también son lugares para dejarse ver.

"Incluso si no están buscando algo particular en el mercado, la gente viene a codearse con sus vecinos", dice Butler.

Y traer más gente asegura que los vendedores en el mercado siguen prosperando.

Plataforma de lanzamiento

Para muchas pequeñas empresas, lanzarse en el Flea o en Smorgasburg tiene más sentido económico que abrir sus propias tiendas: el alquiler es significativamente más barato y los puestos de venta sólo tienen que estar abiertos uno o dos días a la semana.

Image copyright Brooklyn Flea
Image caption Brooklyn es el distrito de moda en Nueva York.

Sin embargo, los más ambiciosos utilizan los dos mercados como trampolines para una expansión más amplia, como la cadena de restaurantes de barbacoa Mighty Quinn.

Después de lanzarse en Smorgasburg, Mighty Quinn ha pasado a abrir cuatro puntos de venta permanentes en Manhattan y otro en Nueva Jersey. Y se disponen a inaugurar otra sucursal en Taipei, Taiwán.

"Smorgasburg fue una gran oportunidad para demostrar que nuestro concepto era realmente viable en Nueva York", dice Micha Magid, cofundador de Mighty Quinn.

A pesar de que pronto tendrá un alcance global, Mighty Quinn, mantiene su presencia en Smorgasburg.

Demby añade que cuando las empresas como Mighty Quinn empiezan a abrir sus propias tiendas eso crea"un sentimiento de orgullo" entre la comunidad del mercado de las pulgas.

Cervecería

El modelo de negocios detrás del éxito de Flea y de Smorgasburg es relativamente simple.

Image caption Brooklyn ha reemplazado a Manhattan como el epicentro de la moda en Nueva York.

Butler y Demby alquilan espacio en los mercados. Le cobran a los vendedores entre US$150 y $275 al día.

El éxito de los dos mercados ha aumentado la competencia por poner un puesto ahí. Lo que le ha permitido a Butler y Demby ser muy selectivos con los vendedores que escogen, asegurando que mantengan su factor "cool".

Al atraer grandes y constantes flujos de consumidores y pequeñas empresas también han llamado la atención de otro grupo importante en Nueva York, los desarrolladores de bienes raíces.

"Muchos promotores inmobiliarios nos contactan porque nos ven como una manera de hacer que la gente llegue a su área", sostiene Demby.

Tras el éxito del primer mercado de las pulgas en el área de Fort Greene de Brooklyn, fue precisamente un promotor inmobiliario el que los convenció de abrir un segundo mercado en Williamsburg, después de haberles ofrecido un área de terreno a un precio reducido.

Ambos lugares atraen ahora a miles de residentes y turistas cada fin de semana que están abiertos.

La Defensora Pública de Nueva York, Letitia James, la persona que ocupa el segundo cargo político más importante de la ciudad y que ayudó a Butler y Demby a encontrar el sitio original para el Brooklyn Flea, lo llama una"institución de la comunidad".

"Ha resultado en impactos económicos significativos a lo largo del distrito, permitiendo que prosperen pequeños negocios y presentándolos a clientes nuevos", sostiene James.

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