El niño que se amputó la mano por "blasfemar" contra Mahoma

  • 19 enero 2016

Un adolescente que creyó haber blasfemado contra el profeta Mahoma y se cortó la mano para expiar el agravio desató una polémica en Pakistán.

El incidente ocurrió en una aldea de la provincia de Punjab, en el este del país, cuando el joven, de 15 años, malentendió una pregunta de un imán.

El clérigo afirmó durante una celebración religiosa que aquellos que aman al profeta Mahoma siempre dicen sus oraciones y luego preguntó quién de los reunidos había dejado de rezar.

Y en un aparente malentendido, el menor levantó la mano, lo que inmediatamente le valió acusaciones de blasfemia por parte del imán.

Según la corresponsal de la BBC, Iram Abbasi, el joven luego regresó a su casa, en la aldea de Hujra Sha Muqeem, y puso su mano en una podadora de césped, que se la cortó de un tajo.

Image caption El joven cuando conversaba con la periodista de la BBC, Iram Abbasi.

Luego la colocó en un plato y se la presentó al clérigo.

"Toda la aldea lo está celebrando y otros están llegando de poblaciones vecinas para rendirle tributo", le dijo a BBC Mundo Abbasi.

La BBC inclusive filmó a un hombre que abraza al niño y besa la mano que le queda.

"Cuando escuché que un niño se había cortado la mano por el amor a nuestro amado profeta, me sentí orgulloso y feliz", declaró el hombre. "Vine aquí a conocerlo, a alentarlo y rendirle homenaje".

Image caption La corresponsal de la BBC en Pakistán, Iram Abbasi, al lado de la podadora con la que el menor sacrificó su mano.

El clérigo, sin embargo, fue posteriormente arrestado bajo la ley antiterrorista de Pakistán.

La acusación: haber instigado al extremismo y fanatismo religioso.

Sin dolor ni lamento

La dimensión del acto, sin embargo, parece haber escapado al menor, a quien durante una entrevista le preguntaron si le había dolido cortarse la mano.

Image caption El adolescente dice no lamentar el haberse amputado la mano "que fue levantada contra el santo profeta".

"No", su respuesta inequívoca.

"¿Por qué tendría que sentir dolor o tener problema alguno cortándome la mano que fue levantada contra el santo profeta?", le dijo luego a la BBC.

Y el incidente pone de relieve la dificultad de abordar o debatir cualquier tema religioso en Pakistán, un país donde 97% de sus 200 millones de habitantes son musulmanes.

La blasfemia es un tema enormemente sensible en Pakistán, una república islámica, donde hasta las acusaciones sin fundamento pueden generar violencia y linchamientos.

Aunque, según Abbasi, lo ocurrido no tiene precedentes en el país, pues el adolescente no se considera una víctima y su familia y vecinos celebraron su automutilación.

Ley antiblasfemia

Aunque el gobierno ha tomado medidas contra el extremismo religioso, esa ideología y sus instigadores continúan influyendo el sentimiento popular.

La constitución define a Pakistán como una república islámica y en 1984, el entonces líder del país, General Zia ul-Haq, introdujo en el código penal una ley antiblasfemia que contempla castigos de cadena perpetua y muerte para aquellos que insulten al Islam.

Entre las ofensas se incluye profanar el Corán y hacer difamaciones contra el profeta Mahoma.

Image caption Personas llegaron desde aldeas vecinas para elogiar y honrar al joven por su acto.

Las leyes en teoría se establecieron para proteger las costumbres y tradiciones de la sociedad musulmana.

Pero en la práctica han servido como un marco legal de fondo con el que justificar revanchas políticas y personales entre musulmanes.

También son utilizadas contra las minorías religiosas del país, como la cristiana y la hindú.

E incluso las acusaciones lanzadas sin prueba alguna pueden instigar a las turbas a la violencia y linchamientos.

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Image caption Cualquier discusión religiosa en Pakistán es sensible y puede generar disturbios violentos y linchamientos.

Cuando alguien es acusado de blasfemia en Pakistán, tanto su familia como su comunidad son vulnerables a ataques de grupos de personas que se sienten ultrajadas por una supuesta ofensa a su religión.

Los críticos, incluyendo varios países europeos, han llamado a que el gobierno intervenga modificando las leyes y castigando a los instigadores.

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