5 cosas que para bien o para mal han cambiado en Egipto desde la caída de Mubarak

  • 11 febrero 2016
Manifestación de partidarios del presidente al Sisi Image copyright AP
Image caption Pese a todos los problemas que sufre, Egipto es un país estable si se compara con los países de su entorno.

La primavera árabe que terminó expulsando del poder a Hosni Mubarak un 11 de febrero de 2011 llegó a Egipto bajo la consigna de "pan, libertad y justicia social".

Y aunque cinco años después el país está lejos de haberse convertirdo en lo que soñaban los manifestantes de la plaza Tahrir, no se puede decir que Egipto no ha cambiado.

Sólo que no siempre lo ha hecho para mejor.

"Yo diría que la situación en Egipto en estos momentos es significativamente peor que bajo Mubarak", sostiene, de hecho, Michele Dunne, directora del programa para Medio Oriente del Fondo Carnegie para la Paz Internacional, con sede en Washington, Estados Unidos.

"Aunque hay que considerar que cuando las sociedades se embarcan en un proceso de cambios profundos, este toma tiempo y por lo general es muy, muy complicado", le dice a BBC Mundo.

Con esto en mente, BBC Mundo hace un repaso por las cosas que han cambiado en Egipto, para bien o para mal, desde el derrocamiento de Mubarak.

Política: sin rastro de la revolución

La promesa de transformación democrática implícita en la primavera árabe duró muy poco en Egipto.

Image copyright Reuters
Image caption Mohamed Morsi, electo presidente en las primeras elecciones libres en Egipto, fue derrocado por un golpe militar.

Las primeras elecciones libres se tradujeron en la victoria de los Hermanos Musulmanes, pero su candidato, Mohamed Morsi, fue derrocado por un golpe militar en julio de 2013.

La posterior elección del entonces comandante del ejército, Abdel Fattah al Sisi, simplemente marcó el regreso de un modelo político autoritario, que algunos consideran incluso más autocrático que el de Mubarak.

"En Egipto ya no hay un partido de gobierno, así que el país no está gobernado por una entidad política", explica Redael Mawy, del servicio árabe de la BBC.

Según Mawy, con la disolución del gobernante Partido Nacional Democrático, las instituciones militares egipcias también han asumido un rol mucho más protagónico que bajo Mubarak.

Además, aunque luego de tres años sin parlamento un nuevo cuerpo legislativo asumió funciones en enero de este año, el mismo está claramente controlado por elementos leales a al Sisi.

Muchos analistas coinciden en que en el Egipto de hoy simplemente no hay oposición: los Hermanos Musulmanes volvieron a ser ilegalizados y las otras voces disidentes son constantemente reprimidas en nombre de la necesidad de estabilidad.

"Casi no queda nada de la revolución que expulsó a un autócrata del poder hace cinco años, y el último hombre fuerte de Egipto está decidido a mantener las cosas así", resume la corresponsal de la BBC en El Cairo, Olga Guerin.

Libertades: una crisis de derechos humanos

La mayoría de los observadores coinciden en que la actual situación de derechos humanos en Egipto es también peor que bajo Mubarak.

Image copyright AFP
Image caption Según los analistas, durante el gobierno de al Sisi las protestas han quedado virtualmente prohibidas.

Aministía Internacional advirtió recientemente que Egipto está sumido en una crisis de derechos humanos de enormes proporciones", pues el país "está volviendo a funcionar como un estado policial".

"La situación de derechos humanos es terrible, la peor en la historia moderna del país", coincide Michele Dunne, del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

Efectivamente, se calcula que desde el derrocamiento de Morsi, más de 1.000 personas han muerto como producto de la represión, mientras que el número de prisioneros políticos ya supera los 40.000.

Y, como informa Olga Guerin, las protestas en el país están virtualmente prohibidas.

Lo que sugiere que las demandas de libertad que se hacían en la plaza Tahrir de la capital, El Cairo, no sólo no se han visto satisfechas, sino que parecen más urgentes.

Estabilidad: una cuestión de perspectiva

Para Dunne, la mano dura del gobierno de al Sisi no se ha traducido en mayor estabilidad.

"Egipto se ha convertido en una sociedad mucho más violenta y cada vez mas polarizada por cuestiones ideologicas y sociales", le dice a BBC Mundo.

Y la presencia cada vez más visible de grupos insurgentes, algunos de carácter yihadista, en la penísula del Sinaí y otras zonas del país es destacada por Redael Mawy.

Image copyright Getty
Image caption Mubarak reside en un hospital militar y enfrenta un proceso judicial.

"También se ha producido un regreso de los ataques terroristas en grandes centros urbanos y sitios turísticos que se habían visto por última vez en los 90", agrega el corresponsal del servicio árabe de la BBC.

Aunque Mawy hace notar que, en comparación con otros países de la región, Egipto es casi un modelo de estabilidad.

Y, en las calles de El Cairo, los egipcios cansados que apoyan a al Sisi comparan la situación favorablemente con los primeros momentos de la primavera árabe y los que siguieron al derrocamiento de Mubarak.

"Ya basta con la tal revolución. Ya pasaron cinco años y resultó completamente inútil", le dijo a la agencia AFP Ahmed Mohamed, el dueño de una pequeña editorial.

Economía: pan, pero…

"El tema económico es más complicado. Ahorita las cosas no parecen haber cambiado mucho, pero a la gente le han pedido paciencia", dice Mawy.

Paciencia para ver el fruto de una serie de iniciativas que, para el profesor de economía de la Universidad Americana en El Cairo Adel Beshai, justifican el optimismo.

Image copyright Reuters
Image caption La expansión del canal de Suez es una de las obras de infraestructura realizadas desde 2011.

"En un período muy corto de tiempo se construyó un número increíble de carreteras y puentes; se ha invertido para modernizar la red eléctrica, el Canal de Suez", le dice a BBC Mundo.

"Y hemos experimentado una verdadera revolución en materia de pan", agrega, refiriéndose a la modernización del sistema que produce y distribuye pan subsidiado a los más pobres del país.

En parte por la inversión en infraestructura, el año fiscal 2014-15 registró el mayor crecimiento del PIB de Egipto desde 2009-10: 4,9%, por un promedio de 2,1% en el intermedio.

Pero si se considera el PIB per cápita el panorama es menos alentador, pues este se redujo en un promedio de -2,8% entre 2011 y 2015, según datos de la unidad de inteligencia de The Economist.

"Ningún gobierno en Egipto se ha preocupado por invertir en desarrollo humano, en temas como educación, salud pública o para crear las condiciones económicas para que la gente pueda conseguir trabajo", recuerda Dunne.

"Y ese sigue siendo un problema muy grave", le dice a la BBC.

La buena noticia: un cambio de mentalidad

¿No hay, entonces, ninguna noticia positiva a nivel político que reportar cinco años después del derrocamiento de Mubarak, ningún cambio positivo provocado por la denominada "primavera árabe"?

Redael Mawy piensa que sí: un importante cambio de actitud.

Image copyright Reuters
Image caption Egipto ha vivido un resurgir de la actividad de grupos insurgentes.

"La gente cambió su actitud hacia la política, tomó más conciencia y comenzó a cuestionar ideas que antes se daban por sentadas, sobre el poder absoluto, la libertad de expresión", dice.

Y el periodista del servicio árabe de la BBC también apunta a una mayor emancipación social, especialmente de las mujeres, evidenciada por un menor uso del velo en las calles de la capital del país.

"La verdadera revolución fue una revolución de la mente", le dice a BBC Mundo.

Y, de hecho, un reciente estudio del Fondo Carnegie para la Paz Internacional encontró que, a pesar de la represión y la censura, Abdel al Sisi ha enfrentado en promedio cinco veces más protestas que Mubarak entre 2008 y 2010.

Y aunque la directora de su programa en Medio Oriente es menos optimista que Mawy en lo que tiene que ver con la emancipación de la mujer y la desislamización de la sociedad, también apunta un motivo para la esperanza.

"Egipto tiene una población muy joven y ellos no quieren que su vida sea como la de sus padres. Quieren más libertad, mejores oportunidades económicas y un gobierno que responda a sus intereses", le dice a BBC Mundo.

"Y todavía no se han dado por vencidos", concluye.

Contenido relacionado