La amenaza para el medio ambiente de las cápsulas de café

  • 19 febrero 2016
Cápsulas usadas de café Image copyright Thinkstock
Image caption Debido a los materiales con que están hechas estas cápsulas, muchas plantas de reciclaje no las pueden procesar.

En la última década los consumidores de café en todo el mundo han adoptado nuevas formas de obtener su dosis diaria de cafeína: las máquinas de cápsulas de café.

Estos pequeños envases de plástico o aluminio contienen la cantidad exacta para que una máquina produzca una taza de esta bebida.

Pero cada vez más estas unidades de café, que Nespresso vendió por primera vez en 1986 en cuatro sabores, están recibiendo críticas de quienes las consideran una amenaza para medio ambiente.

Como parte de su política medioambiental, el mes pasado la ciudad alemana de Hamburgo prohibió la compra de "ciertos productos contaminantes o componentes del producto" con dinero de la municipalidad.

La prohibición incluye una referencia específica para "equipos de bebidas calientes que necesitan paquetes monodosis".

Lo llaman "kaffeekapselmaschine", o máquina de café en cápsulas, que representa uno de cada ocho cafés vendidos en Alemania.

"Estas monodosis causan un innecesario consumo de recursos y generan residuos que con frecuencia contienen aluminio contaminante", se lee en el informe del ayuntamiento.

6g de café en un empaque de 3g

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Image caption Las cápsulas de plástico también representan un reto para el reciclaje.

El problema, según Jan Dube, portavoz del departamento de Energía y Medioambiente de Hamburgo, está en que "las cápsulas no se pueden reciclar con facilidad debido a que normalmente están hechas de una mezcla de plástico y aluminio".

Además, la complejidad del empaque, combinado con los restos de desecho orgánico del café que queda dentro, hace que estos envases sean difíciles de procesar en muchas plantas recicladoras.

También hay razones éticas.

"Se trata de 6g de café en un empaque de 3g", señala Dube. "Nosotros en Hamburgo pensamos que esto no debe comprarse con el dinero de los contribuyentes".

Para Jens Kerstan, senador de medioambiente de Hamburgo, esta medida es un importante mensaje para todo el mundo.

"Con la capacidad de compra de varios millones de euros al año, la ciudad puede ayudar a asegurar que productos dañinos al medioambiente sean comprados con menos frecuencia".

No sólo los políticos alemanes se sienten así.

Una encuesta hecha en el Reino Unido por la revista de consumo The Grocer indica que uno de cada diez británicos cree que "las cápsulas de café son muy malas para el medioambiente".

Al mismo tiempo, el 22% de estos admitió tener una de estas máquinas en casa.

Hace 40 años Eric Favre, inventor de Nespresso, desarrolló la cápsula de café, y han pasado otros 30 desde que saliera al mercado la primera máquina.

Crecimiento sostenido

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Image caption El mercado del café en monodosis tiene un crecimiento más grande que el del café en general.

Hoy en día, las cápsulas de café representan un tercio del mercado cafetero de Europa occidental, según Ross Colbert, analista de Rabobank.

Y mientras que el mercado cafetero general está creciendo a 1,6% al año, las ventas de las cápsulas las supera con 9% al año.

Esta es una tendencia que, según analistas, se espera triplicará para 2020.

"Han tenido una incidencia muy grande en el café y en la forma en que la gente lo consume", explica Colbert.

"Permite que el consumidor abastezca su despensa con una buena variedad para satisfacer a la familia o reuniones sociales, y siempre hay algo nuevo para probar -algunas personas se aburren de tomar el mismo café todos los días".

Pero Colbert señala que las preocupaciones por sostenibilidad probablemente están teniendo un efecto ralentizador en el crecimiento del sector de las cápsulas de café.

Incluso John Sylvan, inventor de las monodosis K-cup –y el mayor vendedor de cápsulas en EE.UU.- le dio la espalda a su invento.

"Me siento mal de haberla creado", le dijo a un periodista.

Otros comparten su preocupación.

"Estamos haciendo lo mejor en sociedad para reducir las emisiones de efecto invernadero, y en muchas formas estamos progresando, pero en otras estamos retrocediendo 20 o 30 años", comenta Doug Leblanc, dueño de una cafetería de Nova Scotia, Canadá.

"¿Hacer café en cápsulas de plástico que terminan en la basura? Hay otras y mejores formas de hacer café que tienen menos impacto en el medioambiente".

Leblanc es una de las personas que está detrás de la campaña "Mata la K-cup".

En un estudio de grabación local, estos activistas produjeron el año pasado una película de parodia en la que un gigante hecho de estos envases de plástico azota la ciudad.

Los productores de café han asegurado que están trabajando para que aumente el reciclaje de sus cápsulas.

Las cuatro grandes

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Image caption Hace 30 años salió al mercado la primera máquina de café en cápsulas.

La BBC se puso en contacto con los productores de cuatro máquinas populares: Bosch, que hace Tassimo; Nescafé, que hace Dolce Gusto y Nespresso, y Philips, responsable de las Senseo.

Phillips y Bosch le dieron a la BBC el contacto de las compañías que hacen los envases, las cuales no respondieron.

Nespresso dijo que la decisión de Hamburgo les permitía "resaltar el creciente reconocimiento de la vital importancia de ser sostenibles en todo lo que hacemos".

La empresa tiene su propio programa de reciclaje, en el que recoge las cápsulas usadas para su reutilización.

Un portavoz de la compañía indicó que tiene la capacidad de reciclar más del 80% de los empaques usados, con 14.000 centros de recolección en 31 países, y para 2020 esperan estar al 100%.

En América Latina, solo Brasil cuenta con centros de recolección.

En Alemania, muchas de las cápsulas recicladas terminan siendo usadas para la fabricación de componentes de la industria automotriz.

El portavoz de Nespresso dijo que con frecuencia le preguntan si las monodosis y el uso de aluminio contradicen la sostenibilidad.

"En nuestra opinión es todo lo contrario".

¿Primer o último recurso?

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Image caption Para muchos, el problema de las cápsulas está en que contribuyen al aumento del volumen de desechos.

Nespresso considera que el café en porciones es un método para reducir los desechos de agua y café, lo que disminuye la huella de carbono por taza.

Leblanc tiene su propia sugerencia para motivar a la gente reciclar estos envases.

"Tenemos depósitos para latas y botellas, para que la gente las devuelva y se lidie con esto de forma apropiada. No hay nada parecido para las cápsulas".

Un análisis medioambiental comisionado por Nespresso a la agencia de investigación Quantis, determinó que un quinto del impacto medioambiental de las cápsulas es por el empaquetado.

El análisis sugiere que el aluminio utilizado por Nespresso tiene menos impacto que sus competidores que utilizan plástico, fécula o poliácido láctico.

Pero según Piotr Barczak, funcionario de política de residuos del departamento medioambiental europeo, esta no es la cuestión.

"La cuestión con las cápsulas de café no es el reciclaje, de lo que se trata es de reducir la cantidad de cosas que necesitamos tirar o reciclar".

"Cuando se trata de desechos, el reciclaje debe ser el último recurso, no la solución inmediata", agrega.

Alternativas verdes

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Image caption En Hamburgo buscan reducir la cantidad de basura.

En el mercado hay alternativas novedosas para las cápsulas de plástico y aluminio.

Eason Chow, un diseñador que vive en Singapur, propuso remplazar el envase de plástico con un azúcar soluble, parecido a una bola de chicle.

El año pasado, el productor italiano Caffe Vergnano desarrolló su propia cápsula de biopolímero que se puede descomponer de forma natural.

Y la empresa neozelandesa Honest Coffee Company fabrica envases 100% biodegradables con fibras de planta que son compatibles con las máquinas Nespresso.

"Algunas empresas se están moviendo en la dirección de hacer sus cápsulas biodegradables para el abono, pero no son las más grandes", comenta Leblanc.

El analista de Rabobank Ross Colbert dice que esto se debe a una buena razón.

"En la medida en que el mercado siga creciendo en la forma que lo hace, la presión para ofrecer alternativas más sostenibles no es tan grande como podría ser".

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