Enrique Krauze: "Donald Trump se parece mucho más a un fascista que a un populista"

  • 8 marzo 2016
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Image caption Donald Trump es ahora el favorito a ser el candidato oficial del partido republicano a las elecciones presidenciales de noviembre de esta año en Estados Unidos.

Al hablar sobre Donald Trump, el reconocido escritor e historiador mexicano Enrique Krauze no ahorra sus palabras: megalónamo, paranoico, racista, xenófobo.

Y lo compara nada menos que con Benito Mussolini, fundador del Partido Fascista Nacional de Italia y gran aliado de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero antes unas palabras sobre Krauze: es considerado una de las grandes voces del pensamiento liberal en América Latina, heredero intelectual de Octavio Paz –con quien trabajó muy de cerca en la revista Vuelta–. Ha dedicado su vida a escrudiñar y reflexionar sobre el poder. Entre sus numerosas obras se encuentran "Redentores: ideas y poder en América Latina", "La presidencia imperial" y "Siglo de caudillos".

Desde Ciudad de México, donde reside y dirige la revista Letras Libres, Krauze habló con BBC Mundo sobre el fenómeno de Donald Trump y lo que eso dice sobre Estados Unidos.

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Cuando Trump presentó su candidatura, muchos lo desestimaron diciendo que no conseguiría ser el designado. Usted no, dijo que no había que tomárselo a chiste. Ahora muchos dicen que, aún cuando sea el candidato oficial de los republicanos, jamás será presidente. ¿Se le sigue desestimando?

Hay una frase de TS Eliot en sus Cuartetos que dice que la humanidad tolera muy poca realidad. Y es aplicable al caso que hablamos. Hay que tolerar la realidad de que Trump no solamente va a ser el candidato republicano –con toda probabilidad–, sino que puede ser el presidente de Estados Unidos.

Lo cual es un problema para los estadounidenses, los mexicanos y para el mundo entero, porque lo que parecía impensable puede ocurrir.

Image caption Enrique Krauze es uno de los intelectuales más destacados de México.

Un argumento de quienes defienden a Trump es que todo esto es un show y que cuando llegue a la presidencia se va a moderar y a rodear de expertos. ¿Le da alguna credibilidad?

No, no quisiera llevar muy lejos el paralelo con Mussolini o Hitler –aunque a Mussolini sí se le parece– pero ¿cuántas personas leyeron "Mi Lucha" de Hitler y dijeron: "Eso es algo que dice en el libro, pero nunca hará una cosa así"? Y lo hizo puntualmente.

Pensar que esto es un show es un error. Por supuesto, si llega a la presidencia los checks and balances los límites que supone el Congreso, el poder judicial, los medios, el federalismo, operarán para limitarlo, pero él hará lo posible por cumplir todo lo que ha dicho.

¿Le preocupa que políticos republicanos considerados moderados como Chris Christie, el gobernador de Nueva Jersey, estén ahora respaldando a Trump?

Por supuesto que sí. Todo está conspirando para que llegue a la nominación. Y no se trata de un populista más como los ha habido en la historia de los Estados Unidos. Se trata de un hombre que tiene una patología sicológica muy particular. Los grados de megalomanía, paranoia, narcisismo, y la desvergüenza en sus posturas racistas y xenófobas son preocupantes

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Image caption Todas las presentaciones y debates de Donald Trump atraen amplio público.

Pero más preocupante aún es que tiene un eco en Estados Unidos. Lo que ha ocurrido es que nos hemos contado una historia equivocada de ese país. Todos queremos creer que EE.UU. es la cuna democrática moderna, la continuidad democrática de 250 años –sólo rota por la Guerra Civil–, etcétera.

Pero EE.UU. es también el centro y el sur, nativista, xenófobo, profundamente marcado por el racismo de la tradición esclavista, antiinmigrante. Estamos encontrándonos con un monstruo que no creíamos que existía.

Qué nos dice de un partido Republicano –el partido de Abraham Lincoln, como recordaba hace poco The Economist– el hecho de que alguien como Trump pueda ser su candidato

No solo Lincoln, incluso Reagan –podían criticársele sus políticas–, pero los presidentes republicanos y demócratas se movieron siempre dentro de una franja donde la institucionalidad prevalecía y con un liderazgo siempre acotado por… bueno ¡los valores republicanos y demócratas!

Aquí estamos teniendo la figura de un dictador en Estados Unidos. Es algo que si los padres fundadores volvieran a vivir por un instante quedarían horrorizados.

¿Es el populista clásico?

No, es algo peor que eso: un populista clásico con ribetes de dictador. Trump –un poco jugando– ha reivindicado la figura de Mussolini, alguna frase ha citado y yo creo que se le parece por su sentido histriónico, por el contacto directo con el pueblo, por su capacidad de comunicación –no sólo televisión y radio, sino twitter– y sobre todo por su discurso violento, visceral, emotivo con pleno de afirmaciones de identidad blanca americana y por otro lado de teorías de la conspiración con respecto al exterior.

Se parece mucho más a un fascista que a un populista. Digamos que los fascistas son las versiones extremas y más autoritarias de los populistas.

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Image caption Mussolini fue -entre otros cargos y títulos- primer ministro de Italia entre 1922 y 1943.

¿No hay una línea lógica que desemboca en Trump? En la última década discursos extremos que eran marginales en Estados Unidos se han vuelto mainstream, como los que usan en sus programas de radio Glenn Bleck o Rush Limbaugh. Luego viene la aparición del Tea Party y que alguien de ese movimiento fuera candidata a la vicepresidencia, como Sarah Palin, que ahora apoya a Trump

Si, tiene toda la razón. Y le doy otra explicación para lo que ocurre: es un fenómeno de reacción a la presidencia de Barack Obama.

En un país que tiene zonas tan profundamente racistas como Estados Unidos, sencillamente la reacción de las entrañas de esa zona del país a la presencia de un hombre de color en la presidencia ha sido el Tea Party, Sarah Palin y ahora Donald Trump.

Y el péndulo político en ese país se ha inclinado a los extremos desde la elección de Obama. Tanto que dentro del partido Republicano se considera un moderado a Marco Rubio, que surgió del Tea Party, dice que todas las respuestas están La Biblia, romperá el pacto nuclear con Irán y frenará el acercamiento con Cuba el primer día de su presidencia.

Por supuesto todo se ha radicalizado y lo lamentable es que, aun cuando Trump llegue a la candidatura pero pierda las elecciones por la presidencia, de todas maneras el país se habrá polarizado más.

No veo la posibilidad de que Hillary Clinton pueda trabajar con un Congreso más bipartisan. Entonces estamos en tiempos difíciles. Hay que estar alertas y naturalmente para México esta es una situación altamente peligrosa.

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Image caption Un retuit de Donald Trump a una frase de Benito Mussolini ("es mejor vivir un día como león que cien como oveja"), causó polémica.

¿No refleja esto también un fenómeno que va más allá de los Estados Unidos?: el cansancio con los candidatos y partidos tradicionales, la "espectacularización" de la vida moderna de la que habla Vargas Llosa

Estamos ante el fenómeno de la antipolítica. Lo estamos viendo en todas partes. Algo está ocurriendo que no estamos comprendiendo muy bien en esta era digital vertiginosa, (algo distinto) con respecto a la era anterior, a los siglos anteriores, los de las instituciones, el debate cara a cara, la representación, los congresos… Y ocurre en España, Francia, en América Latina.

Sin embargo, no vamos a exagerar esto, yo creo que la mayoría de las personas sigue entendiendo que la democracia es la única vía de legitimidad política. Y también creo que en la mayoría de la gente prevalece la razón.

Pero digamos que esa creencia es menos firme en mí ahora que hace un tiempo. Estamos en una era muy confusa, cargada de información, de velocidad, pero al mismo tiempo muy irreflexiva y muy loca.

¿Puede ver algo positivo en el ascenso de Donald Trump?

(Pausa) Yo diría que absolutamente nada.

Finalmente, en caso de que Trump llegue a ser presidente, ¿cuál cree que debe ser la reacción internacional, en especial de México?

México va a tener un problema gravísimo. Deje usted a un lado el muro –que creo que es imposible que se pueda construir– pero cuando menos va ampliar el que ya existe.

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Image caption Krauze no cree que, si llega a la presidencia, Trump consiga hacer otro muro en la frontera con México, pero sí ampliar el que ya existe.

En segundo lugar, esa frontera se va a volver mucho más tensa, más militarizada, las deportaciones van a crecer, con lo cual también va a crecer la tensión entre los dos países y la zozobra de los mexicanos a ambos lados. La apertura de viejas heridas históricas que creíamos ya cicatrizadas.

Y luego es obvio que la cooperación entre los dos países para los temas de la violencia, seguridad y drogas, va a ser muchísimo más difícil. Para no hablar del comercio, que como usted sabe es extensísimo entre los dos países. Porque Trump dijo que va a revisar el Tratado de Libre Comercio, que dice él, no ha beneficiado a Estados Unidos.

Entonces ya tendríamos que estarnos preparando para lo que llaman el "peor escenario". Y aunque no es imposible, todavía veo improbable que gane Trump. Demasiadas fuerzas internas y externas se van a coaligar para evitar que triunfe.

Pero imposible no es.

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