Cómo la espectacularidad de un jugador como Ronaldo es capaz de irritar a la afición del Real Madrid

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Image caption Cristiano llegó al Real Madrid en 2009 y desde entonces se ha convertido en una máquina de anotar goles para el conjunto blanco.

El partido Las Palmas 1-2 Real Madrid fue tan mal jugado por la visita que, de haberse disputado en el Santiago Bernabéu y no en el Estadio Gran Canaria, los gritos contra el equipo blanco hubieran sido incluso mayores.

Y, en particular, los destinatarios de la protesta habrían sido el presidente Florentino Pérez y Cristiano Rolando, que tuvo una jornada fatal, sin aportar peligro y demostrando frustración.

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Image caption Pese a sus espectaculares estadísticas, el delantero portugués está siendo muy cuestionado esta temporada por su juego.

Los numerosos detractores de CR7 encuentran natural que a un sector de la afición del Bernabéu le haya dado por abuchearlo, a pesar de todos los servicios que el héroe ha prestado al club en una trayectoria que muchos comparan con la de Alfredo di Stéfano.

Esto de hostilizar al mejor jugador del equipo es un privilegio que los aficionados pueden ejercer por diferentes motivos, desde un tiro por elevación contra un dirigente o el técnico, hasta irritación debido a que la afición detecta complacencia y falta de compromiso del campeón.

Aunque no hemos encontrado antecedentes, es de suponer que Di Stéfano también fue objeto de algunos abucheos o silbatinas, al menos durante sus últimas temporadas, cuando dejó de ser tan prolífico (Santiago Bernabéu lo "dejó marchar" cuando el jugador tenía 38 años.)

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Image caption La espectacularidad de Cristiano Ronaldo. El portugués lleva 351 goles con el Real Madrid, superando los 308 de Alfredo di Stéfano.

Pero lo de Cristiano Ronaldo parece diferente. ¿Tiene que ver con sus números, su actitud en la cancha o los problemas de política interna del club?

Sea cual fuere nuestra opinión de las respectivas estaturas de los héroes máximos del madridismo, no se puede negar que el portugués ha sido determinante desde su llegada en 2009.

Para el análisis, conviene comparar las trayectorias en lapsos semejantes: 11 años de Di Stéfano y 13 de Cristiano. El argentino llegó a Madrid ya con 27 años, mientras que el portugués lo hizo con 24, por lo que todavía puede mejorar sus registros.

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Palmarés de Alfredo Di Stéfano

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Image caption Alfredo Di Stéfano anotando un gol frente a Manchester United.

En Real Madrid 1953-64 (no incluimos sus 2 títulos de liga en Argentina y 3 en Colombia):

  • 8 Ligas Españolas
  • 5 Ligas de Campeones Europeos
  • 1 Copa del Generalísimo (versión anterior de la actual Copa del Rey)
  • 2 Copas Latinas (torneo entre campeones de España, Italia, Francia y Portugal, 1948-57)
  • 1 Copa Intercontinental
  • 1 Supercopa de España
  • 5 títulos de Pichichi (goleador de liga española)
  • 2 Balones de Oro

Palmarés de Cristiano Ronaldo

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Image caption Ronaldo llegó a Manchester de la mano del técnico escocés Alex Ferguson cuando sólo tenía 17 años.

En Manchester United 2003-2009:

  • 3 Ligas Inglesas
  • 1 Champions League
  • 2 Copas de la Liga
  • 1 Copa de la FA
  • 2 Community Shields (Supercopa Inglesa)
  • 1 Mundial de Clubes

En Real Madrid 2009-2016:

  • 1 Liga Española
  • 1 Champions League
  • 2 Copas del Rey
  • 1 Supercopa de España
  • 1 Supercopa de Europa
  • 1 Mundial de Clubes
  • 3 Balones de Oro

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La primera y mayor diferencia entre ambos futbolistas es que Di Stéfano fue un jugador universal, un superdotado que transitaba toda la cancha, jugaba de todo y era capaz de defender, armar y definir en una misma jugada. Era, además, un líder, un conductor de juego y de hombres.

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Image caption El argentino Alfredo Di Stéfano es considerado el mejor jugador en la historia del Real Madrid.

Cristiano, en cambio, es menos versátil, se concentra básicamente en alcanzar posiciones de gol y no tiene una participación tan activa en el armado del juego. Además, resalta en él esa condición de su carácter que los detractores califican de "egoísmo" y "falta de generosidad con sus compañeros", pero que fácilmente podría ser atribuida a la natural obsesión de un goleador.

Cristiano Ronaldo no es un líder natural. Es una fuerza de la naturaleza, un tornado, pero no es capaz de inspirar a sus compañeros como lo hacía Di Stéfano, un pilar fundamental del club.

La desventaja de ser comparado con un ídolo como Di Stéfano es que, cuando comienzas a flaquear, sea cual fuere la razón, te pasan la factura, que puede resultar abultada.

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Image caption Ronaldo es la principal figura del Real Madrid en el mundo, algo que contrasta con las reservas que hay en la capital española.

Un número considerable de aficionados del Madrid advierte esto y en los últimos meses ha comenzado a sospechar que las facultades físicas del portugués ya no son las mismas o que en ciertas ocasiones él no es suficientemente generoso con su entrega.

Sus números siguen siendo muy altos, pero las estadísticas muestran que los goles están desperdigados en tripletes o "póqueres" en compromisos ante rivales accesibles, con resultados relativamente mediocres (para él) ante los adversarios de más fuste.

Tampoco ha pasado inadvertida su actitud desafiante cuando el club prescindió de los servicios de Carlo Ancelotti, así como su oposición tajante, desde el principio, a la gestión de Rafael Benítez.

Así, un sector de la afición que algunos comentaristas califican de "minúsculo" y otros de "considerable" habría llegado a la conclusión, aparentemente compartida por dirigentes importantes, de que CR7 no es suficientemente solidario en pos del objetivo común.

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Image caption Ronaldo se ha convertido él mismo en una empresa, explotando al máximo su imagen.

Como es natural, el aficionado típico, en particular de una entidad tan justificadamente orgullosa, valora más al club (al que considera como suyo) que a un jugador, por bueno que sea, si sospecha que no se está esforzando lo suficiente o que tal vez mañana estará en otro equipo.

Cristiano Ronaldo suele insistir en la solidez de su compromiso con el Real Madrid, pero también desliza de vez en cuando insinuaciones de infidelidad que fastidian a los aficionados, como el día tras un partido de Champions cuando ante las cámaras de TV estuvo muy efusivo con el técnico del PSG ("me gustaría jugar para ti", le habría dicho) y luego con el mandamás árabe del club.

Es cierto que el portugués tiene una personalidad expansiva, que habla varios idiomas y que no tiene por qué ser descortés con gente importante, pero la impresión que dio en esa ocasión fue de una maniobra coreografiada para transmitir una advertencia al madridismo: "Cuidado, no deis por seguro que siempre estaré a vuestra disposición".

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Image caption ¿Será Cristiano Ronaldo el sucesor de Zlatan Ibrahimovic en el PSG?

Vamos, que para muchos Cristiano Ronaldo estaba diciendo que, si no se andaba con cuidado, él podría irse dando un portazo.

Tampoco causó mucha gracia cuando, tras un resultado negativo, se expresó torpemente ante los periodistas y dio la impresión de que menospreciaba a los jóvenes jugadores utilizados por el técnico para cubrir ausencias de titulares.

Si quieren que me quede en el PSG, que cambien la Torre Eiffel por una estatua mía

Zlatan Ibrahimovic

Lo más lógico es suponer que era una nueva estocada a la competencia profesional de los servicios médicos del club, por la prolongada ausencia de jugadores con lesiones recurrentes, pero muchos lo interpretaron como la expresión sincera de una personalidad ególatra.

Esto es otro elemento en la pugna de vanidades entre el jugador y los dirigentes del club.

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Image caption Ronaldo ha sido la piedra angular del segundo proyecto galáctico de Florentino Pérez que se inició en 2009.

En realidad, una ruptura no conviene a ninguna de las dos partes: un nuevo contrato para CR7 en otro club debería reflejar el hecho de que ya tiene 31 años; además, su valor de traspaso en el mercado dista mucho de lo que pediría el Real Madrid tanto por razones económicas como de orgullo, algo muy importante dada la personalidad del presidente Florentino Pérez.

Bien mirado, Pérez y Cristiano no poseen personalidades complementarias.

El presidente tiene el carácter arrollador del empresario exitoso, pragmático, duro, implacable, mientras que CR7, un poco como Funes el memorioso, podría ser descrito como el precursor de los superhombres pero también como un chico de un barrio de Funchal, con incurables limitaciones.

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Image caption CR7 ha conquistado tres balones de oro, un logro para cualquier futbolística, pero no lo suficiente para él.

Su personalidad psicológica es una extraña mezcla de inseguridad y confianza en sí mismo; quiere ser el mejor y tiene suficiente fuerza de voluntad para entrenarse más tiempo y con mayor intensidad que sus compañeros, pero al mismo tiempo le fastidia la competencia.

No le basta con saberse (o creerse) el mejor: los demás tienen que compartir el juicio. Esta es la limitación de su carácter que lo llevó a decir "si todos estuvieran a mi nivel iríamos primeros".

Este complejo de Narciso, que diría un psicólogo, no cae bien en la tribuna si se expresa como queja, con indignación.

Conviene tener en cuenta la tolerancia del público ante jactancias en tono de broma como las que caracterizan a Ibrahimovic: "Si quieren que me quede en el PSG, que cambien la Torre Eiffel por una estatua mía", dijo el otro día. Pero acababa de marcar un póquer.

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