De Caracas a Alaska en dos ruedas

Luis Ramos
Image caption Montañas, desiertos, playas y volcanes figuran en el recorrido de cuatro meses que realizará Luis Ramos.

Al piloto venezolano Luis Ramos un día le dio por querer ver Suramérica en dos ruedas. Agarró su motocicleta, 70 kilos de equipo de campaña, ropa, repuestos y llegó hasta Ushuaia, el punto más austral del continente.

De ahí regreso a Venezuela convertido en otra persona. Ahora quiere completar el periplo en el Norte. Objetivo: Alaska, vía Colombia, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos.

La idea original no era irse por su cuenta. Pero cuando estaba todo dispuesto para salir rumbo hacia el sur, su socio tuvo que retirarse. Ramos decidió que si andaba con su moto no andaba solo, y allá partió, a una aventura que dice lo transformó en otra persona y que lo lleva a recomendarle a todo el mundo que haga una travesía en solitario al menos una vez en la vida.

Este periodista por oficio del sector turismo de aventura -de la revista especializada Fronteras- y técnico electrónico por profesión, de 37 años, recorrerá montañas y desiertos, playas y volcanes, para recoger por el camino fotografías, videos y sobre todo experiencias.

BBC Mundo conversó con él poco antes de partir. Pero además, Luis Ramos también compartirá con ustedes, los usuarios, sus experiencias durante el viaje a través de una bitácora que publicaremos en nuestro sitio. Lea la entrevista y compáñelo en su recorrido.

¿Qué sacas tú de un viaje como éste?

Image caption Para este venezolano estar solo es una forma más de aprendizaje.

La experiencia que uno tiene de estos viajes es como la vida a escala. El hecho de ir solo te abre más a situaciones que tienes que resolver por ti mismo. Aprendes a conocerte bien y conocer tus límites.

Yo llamo "situaciones" lo que otros ven como "problemas". En viajes como éste siempre va a haber problemas, pero si lo ves así el viaje se va a convertir en un problema como tal.

Puedo decir que he explorado casi todo mi país. Siempre queda como ese deseo de conocer más. Desde siempre he visto a esos expedicionarios que hacen recorridos largos, se presentó la oportunidad y la tomé.

¿Cómo influye el factor soledad, cuando se están cuatro meses dando vueltas en una moto?

La soledad es un tema. Al principio cuesta acostumbrarse a la soledad. Hay que aprender a manejarla bien.

Yo pienso hoy en día que uno nunca está solo. Más cuando uno viaja de su cuenta, siempre hay alguien que te ayuda.

Ahora: las largas horas de carretera solo, extrañar a la gente que dejas en casa, son las cosas que te pegan.

¿Tienes familia, hijos?

Estoy separado, tengo dos niñas, una de 9 años y otra de 6. Estoy muy dedicado a mis hijas y pienso que es importante que ellas entiendan que pueden cumplir sus sueños, que no deberían pararse en la vida por situaciones de la vida misma.

Creo que lo mejor que puedo hacer es demostrarlo en carne propia.

¿Y ellas qué dicen de tu aventura?

En el primer viaje por el sur se presentó una situación muy particular. Estando en Santiago de Chile sentí una necesidad muy fuerte de estar con ellas y nos empezamos como a extrañar. Yo empecé un recorrido largo hasta Caracas.

Hice Cali-Caracas continuo, 1900 kilómetros, 36 horas de recorrido. Y cuando llegué aquí hubo abrazos, y de repente en una semana me di cuenta de que no había necesidad de eso, porque están tan involucradas en el viaje que una semana más o menos no iba a hacer diferencia. El que más aprende es uno.

Volviendo al asunto de la soledad y de cómo te las arreglas, ¿te quedas en hoteles o tocas puertas?

En el viaje al sur, en Península de Valdez, me caí de la moto en un arenal. Ahí boté la tarjeta de crédito, billetera y todo. En ese momento me convertí en un "mochilero con moto fina", como digo yo.

Me tocó tocar puertas, pedir hospedaje. Yo digo que fue la mejor experiencia de ese viaje, porque me obligó a interactuar.

Antes pasaba una tarjeta por un hotel, al día siguiente comía y salía. Eso me permitió abrirme, comunicarme, ver cómo la gente te ayuda cuando más lo necesita. En este viaje quiero tratar de establecer ese contacto, ese calor humano de compartir culturas y experiencias.

Me acuerdo que me costaba, me preguntaba a quién le contaba lo que había vivido en el recorrido. Fue lo que logré con esa gente.

¿Cómo se prepara uno para un viaje como éste?

Siempre he dicho que a uno lo tildan de loco. Pero preparar un viaje como éste requiere de una logística impresionante, prever las situaciones y variables.

Por ejemplo el equipaje, cómo vas a acomodar la ropa, cuatro meses de repuestos, botiquín de primeros auxilios, cámara, video, etcétera, en una moto, en que el espacio es tan limitado.

Empieza un trabajo de logística de preparar la moto, la ruta, el equipaje, etc, que toma horas y horas de trasnocho.

¿Qué llevas de equipaje?

En la maleta llevo tres alforjas. En una va todo lo que es el equipo de camping de montaña, que es de bajo volumen y peso. En la otra va la ropa, que es muy limitada. De hecho llevo tres camisas y dos pantalones, que voy lavando casi que todos los días para poder alivianar el peso.

Y luego hacemos un trabajo para optimizar todas las herramientas de la moto, para que no falte nada. En la tercera va todo lo electrónico: grabación, fotografía y documentos.

¿Cuántos kilos son eso?

En el viaje al sur llevé como 70 kilos de equipaje total. En esta ocasión la moto es distinta, tipo Enduro, para hacer recorridos por el desierto y zonas de lluvia, y se necesita la manejabilidad. Logré reducir el equipaje a 27 kilos.

Háblame de la moto. Tu relación con ella.

Image caption Su moto, dos extremidades más.

Es mi moto de uso diario. Es una XT 660R Yamaha, fabricada en Francia.

Es una moto con una manejabilidad impresionante, en carretera se comporta bien, en curvas, en ciudades, todo terreno.

Yo le tengo cierto aprecio porque me he acostumbrado a manejarla. Mis amigos dicen que son mis dos extremidades más.

¿Cómo manejas situaciones como lluvia, desierto, nieve..? En un automóvil uno va con techo, pero en la moto estás expuesto.

Pero el problema está en que en el carro te pierdes muchas de las sensaciones de la carretera. Por ejemplo, de los 12 días que estuve en la selva brasilera me llovió 12 días. Yo me quejé día tras días. El décimo día no llovió.

El calor era tan insoportable que yo le pedía a Dios que por favor lloviera. Ahí es donde realmente te das cuenta de cómo se sufre y cómo disfrutas en la moto. Los olores, la lluvia, el calor, el granizo - cómo pega.

¿Hay algún tramo que anticipes que pueda ser particularmente difícil?

Hay dos tramos muy delicados. Uno es en Valle de la muerte en el desierto de Arizona. Ahí uno circula a menos 200 metros bajo el nivel del mar. Es un lugar extremadamente caliente en el que hay que cuidar tanto a la motocicleta como a mí mismo.

Esa es la parte que me lleva a Las Vegas, y lo que pienso hacer es aprovechar las horas nocturnas. Es la única parte del recorrido de noche.

La otra parte es en Alaska, donde hay unos 350 kilómetros sin servicios. Ya está empezando el verano y la temperatura es de 2 a 5 grados. Además hay muchísima vida salvaje, con osos, etcétera.

¿La seguridad no es una preocupación?

Siempre. Obviamente llevo seguridad en la moto, aunque eso no te exime. Creo que mientras uno no se arriesgue, esas cosas no deberían pasar. En el sur no tuve ningún tipo de problemas, y en cambio encontré que la gente te respeta si estás solo en el viaje.

¿Por último, hablando de tu viaje al sur, sientes que cambiaste en algo a raíz de tu aventura?

Absolutamente, pienso que regresé siendo una persona distinta. Creo que veo la vida de otra manera. Si yo traslado todas esas experiencias a mi vida diaria, puedo asegurarte que mi vida cambió por completo. Donde los demás ven problemas, sigo viendo "situaciones" y trato de resolverlo.

Yo doy como consejo que todo el mundo tendría que hacer un viaje realmente solo al menos una vez en la vida. Eso te ayuda aprender a conocerte y a valorarte. Una vez que logras eso, el entorno se empieza a hacer un poco más sencillo para todo.