Por qué hay una fiebre de películas de terror en Brasil

Una escena de una película de terror Derechos de autor de la imagen Artisan Entertainment
Image caption Películas para mirar con los ojos medio tapados, hechas en Brasil.

Sus títulos prácticamente son un alarido: "La noche del Chupacabras", "Cuando estaba vivo", "Sinfonía de necrópolis".

De inmediato sabes que estas son del tipo de película que te aceleran el ritmo cardíaco y que tienes que ver tapándote los ojos a medias.

Sin embargo, puede que no sepas dónde se hacen: son de Brasil.

Hecho en Brasil

Los países tienden a etiquetar el cine que producen.

Si lees "cine francés", en segundos te imaginas una tenue cortina de humo que envuelve todo. El cine japonés evoca samuráis. Hollywood es glamur.

Pero ¿qué te viene a la mente cuando escuchas "cine brasileño"? Quizás recuerdes la estilizada violencia de "Ciudad de Dios" o el lirismo terrenal de "Estación Central".

Derechos de autor de la imagen Kino
Image caption Incluso los directores de 'arthouse' brasileños incluyen de tanto en tanto elementos de terror en sus películas. "Dios negro, diablo blanco" de Glauber Rocha muestra escenas de espeluznante infanticidio.

Bueno, hay más. Se trata de un nuevo cine hecho en Brasil, que apuesta por consolidarse en el centro de la escena cinematográfica en su país.

Su impulso viene dado por el trabajo de cineastas reconocidos internacionalmente como Guillermo del Toro ("El espinazo del diablo"), Bong Joo-Ho ("El huésped"), Julia Ducournau ("Voraz") y Robert Eggers ("La bruja").

Toda una nueva generación de directores y escritores que han acogido apasionadamente el género de horror.

Cómo son

Entre este año y el próximo veremos más de 10 películas brasileñas de horror, y hay más en desarrollo.

No aspiran reconocimientos internacionales o capturar la atención del público en otros países.

Aunque por encima pudiera pensarse que aspiran ser un producto para el consumo fácil de la cultura popular, estas películas introducen de contrabando una crítica social y política"

Están hechas para los brasileños, y aunque por encima pudiera pensarse que aspiran ser un producto para el consumo fácil de la cultura popular, estas películas introducen de contrabando una crítica social y política.

El origen: José Ataúd

El género de horror y otros relacionados con temas fantásticos, no son comunes en la historia cinematográfica de Brasil.

El verdadero inicio de este género en el país se ubica en los años 60, cuando apareció en escena José Mojica Marins (actor, director y productor) creador del personaje de horror más impactante del cine brasileño: José Ataúd.

Nacido en el seno de una familia circense, y fanático de las caricaturas y las revistas de historias violentas, Mojica Marins descubrió su verdadera vocación cuando le regalaron una cámara de 8 mm al cumplir 12 años.

Posteriormente, llegó a hacerse famoso por hacer películas de horror sangrientas, exageradas y con una enorme carga sexual.

Derechos de autor de la imagen Anchor Bay
Image caption El villano José Ataúd siempre estaba a la caza de la "mujer perfecta" para concebir a su hijo. La trilogía incluyó películas de entre 1963 y 2008.

Comenzó en 1963 con "A la medianoche me llevaré tu alma", seguida por una larga serie de cintas con títulos igualmente explícitos y ostentosos: "Esta noche poseeré tu cadáver", "El despertar de la bestia", "Exorcismo negro", "El delirio de un amigo".

En todas aparecía el alter ego de Mojica Marin, Josefel Zanatas, alias José Ataúd, un siniestro maestro del horror con uñas increíblemente largas y curvas, una barba diabólica y una capa bastante satánica.

Ninguna de las cintas fue un éxito de taquilla, pero todas contaron una legión de devotos dentro y fuera de Brasil.

En la década de los 90 fue descubierto por los fanáticos de este género en Estados Unidos, y sus películas de los 60 fueron exhibidas en festivales y lanzadas en DVD.

Su trabajo también sirvió de referencia para otra ola de films de suspenso en los 70 y en los 80.

Producciones como "Nosferatu en Brasil", "Terror rojo" y "Un hombre lobo en el Amazonas", replicaban tramas y personajes conocidos -Nosferatu, "La Máscara de la muerte roja" y "La isla del Doctor Moreu", respectivamente- para comentar la vida bajo el régimen militar que controló los destinos del país entre 1964 y 1985.

Efecto Netflix

El movimiento actual surge directamente de una audiencia creciente, que desde el año 2000 tiene más acceso a películas extranjeras gracias a la estabilidad económica, el fin de la censura y al incremento de salas de cine a lo largo del país.

Derechos de autor de la imagen Fabulas Negras/EMS Films
Image caption La película sobre zombies caníbales "Pantano negro" de Rodrigo Aragao dio paso a secuelas como "La noche del Chupacabras".

Recientemente Netflix, que escogió a Brasil como su primer mercado extranjero fuera de Estados Unidos, presentó a los brasileños "The Babadook", "Los ojos de mi madre", "La bruja" y "Bajo la sombra".

Estas películas no causaron mucho revuelo en Estados Unidos, pero en Brasil le han mostrado a los cineastas qué tan poderosas pueden ser las historias, sin importar el tamaño del presupuesto.

Influencias

La mayoría de los directores y ejecutivos de la industria cinematográfica brasileña coinciden en que, en cuanto a inspiración se refiere, la ola actual tiene vínculos con dos cintas de horror: "Pantano negro" (2008) y "Trabajo forzoso" (2011).

"Pantano negro", de Rodrigo Aragão, es una historia sobre zombis caníbales, que aterrorizan a locales y turistas en un balneario de playa.

La película se rodó en una zona abandona detrás de una casa, con un presupuesto de US$15.000.

De inmediato se transformó en una película de culto, dando pie a una saga: "La noche del Chupacabras", "Mar negro" y "Fábula negra". Todas fueron filmadas con muy bajo presupuesto, en su natal Guarapari, al este de Brasil. Todas se transformaron en películas de culto.

Por su parte, "Trabajo forzoso" es un film de suspenso sobre el desmoronamiento de una pareja de clase media, dirigida por Juliana Rojas y Marcio Dutra.

La película fue escogida por la sección Un Certain Regard, del Festival de Cannes, de 2011.

En el 2014, Rojas continuó en solitario con "Sinfonía de necrópolis", un musical sobre las tareas diarias de un poeta-enterrador; y Dutra realizó "Cuando estaba vivo", una crónica de fantasmas y enfermedades mentales.

Para ese entonces, los festivales y miniconvenciones dedicadas a las películas de horror comenzaron a multiplicarse por todo el país.

Derechos de autor de la imagen Schürmann Film Company/Teleimage
Image caption El director David Schürmann evocó "El proyecto de la bruja de Blair" en "Desaparecidos", cinta sobre unos camperos en una vacación de terror.

Eso captó la atención de directores con larga trayectoria y prestigio, como el documentalista David Schürman (quien dirigió "Pequeño secreto", postulada al Oscar en 2016) y Andrucha Waddignton (ganador de una mención especial en la sección Un Certain Regard, del Festival de Cannes de 2000, con "Tú, yo y ellos").

Schürman filmó "Desaparecidos", sobre un grupo de campistas varados en una isla no tan desierta, con cierto aire de "Las brujas de Blair".

Por su parte, Waddignton realizó "Bajo presión", una cinta de suspenso que se desarrolla en un hospital.

Futuro negro

Entre los estrenos que vienen figuran "El juez" de Waddignton, una cinta de suspenso psicológico y fantástica; otra de la saga de Aragão llamada "Jungla negra"; y el retorno del dúo Rojas-Dutra con "Buenos modales", sobre un bebé hombre lobo.

Sin embargo, así como ocurre en Hollywood, la industria brasileña concentra la mayor parte de su esfuerzo en la producción y promoción de las producciones con mayor presupuesto.

Ninguna película local de horror ha ingresado al exclusivo club donde se encuentran superéxitos como "Los diez mandamientos" (11,3 millones de espectadores), el drama policial "Tropa de elite 2: el enemigo interno" (11,2 millones) y la comedia de cambio de cuerpos "Si yo fuera tú" (6,1 millones).

Derechos de autor de la imagen Filmes do Caixote/Vitrine Films
Image caption Muchas películas de terror brasileñas están enraizadas en experiencias muy locales, tales como "Sinfonía de Necrópolis", un musical sobre un enterrador.

Las películas de horror no generan tanto dinero como estos grandes éxitos, pero dado que su producción es tan barata, tienen potencial para generar grandes ganancias.

"La bruja" tenía colas de gente dándole la vuelta a la cuadra esperando para verla. Fue como si el teatro estuviese exhibiendo una película de superhéroes de Marvel. Todo el mundo estaba hablando de ella", agregó Diego Freitas, director de la película de horror "El secreto de David".

Experiencia local

"Fue un proceso largo y difícil", relata Andre Pereira, escritor-productor del film de horror "El rastro que dejamos atrás", una historia de suspenso psicológico sobre un joven atormentado que colapsa cuando se muda de un pueblo a Sao Paulo.

A Pereira le tomó siete años conseguir el presupuesto y producir su cinta.

Y como la mayoría de los directores en esta oleada, Pereira y Freitas utilizan este género para abordar las tribulaciones de los brasileños en este siglo.

Solo queremos darte el susto de tu vida"

Diego Freitas, director

Pereira agrega que, viendo películas extranjeras, aprendieron que cuando utilizas elementos locales el efecto es más poderoso.

"Eso nos llevó a comparar, por ejemplo, el hospital danés en 'El reino', de Lars von Trier, y la realidad de un hospital público en Brasil… bueno, ahí tienes el horror ante tus ojos".

Eso prueba que algunas veces nuestros mayores temores no se encuentran fuera, sino dentro de nosotros mismos.

Las películas brasileñas de horror tienen sus raíces en otras culturas, pero sus lentes están centrados en Brasil. Buscan mostrar cuan fácil van de la mano la belleza y la violencia.

"Y por supuesto, solo queremos darte el susto de tu vida", concluye Freitas.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture

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