Mi experiencia como astronauta: así fueron las 48 horas más infelices de mi vida

Una persona vestida de astronauta en un campo de entrenamiento Derechos de autor de la imagen Neil Sheibelhut/Hi/Seas/University of Hawaii
Image caption Puede que se vea muy "Hollywood", pero la realidad de la vida en el espacio es en realidad muy dura.

Después de casi un año sin aire fresco dentro del apretado, prácticamente ingrávido entorno de la Estación Espacial Internacional (EEI), el astronauta estadounidense Scott Kelly y el cosmonauta ruso Mijaíl Kornienko parecían bastante saludables cuando tocaron tierra de nuevo la primavera pasada.

Acababan de completar una misión de 340 días a bordo en órbita, uno de los viajes espaciales más largos de los últimos años.

Sin embargo, no siempre es necesario viajar al espacio para experimentar cómo viven los astronautas.

En la Tierra, docenas de personas en todo el mundo pasan varios meses, e incluso un año, viviendo en lugares confinados especialmente construidos para imitar la vida en el espacio.

Esas cápsulas de simulación se encuentran en lugares como China, Hawái y Rusia, y permiten a los investigadores la posibilidad de estudiar los efectos a largo plazo del aislamiento y el confinamiento cuando se preparan para un largo viaje espacial.

Para probar cómo sería, traté de vivir como lo hacen los astronautas durante 48 horas.

Una agenda apretada

Un típico día a bordo de la EEI comienza levantándote a las 6:00 o 6:30 de la mañana.

Derechos de autor de la imagen Ross Lockwood
Image caption Una simple caminata en Marte implicaría utilizar un traje espacial completo, algo que los participantes simulan en Hi-Seas.

El astronauta y médico estadounidense Kjell Lindgren pasó 141 días en la EEI en 2015, en los cuales participó en dos caminatas espaciales. Dice que comenzaba sus días leyendo un resumen diario de las noticias y un informe de dos páginas del día anterior, lavándose los dientes y desayunando.

En torno de las 7:30, cada tripulante tiene una conferencia con sus respectivos controles de misión para planificar el día que tienen por delante y preguntar lo que quieran.

"El resto del día es muy ajustado. Tenemos que hacer tareas de investigación, mantenimiento de la estación o tomar fotos de desastres naturales. Tenemos una hora para comer y dos horas y media para hacer ejercicio", explica Lindgren.

A las 7:00 o 7:30 de la tarde cada tripulante tiene una conferencia para hacer un resumen del día.

"Después de eso el día nos pertenece", dice Lindgren.

"Cenamos, miramos televisión juntos, respondemos emails, tomamos fotos de la Tierra. A las 10 o las 11 nos vamos a la cama para prepararnos para el día siguiente".

Mantenerse activo

Durante mi día como astronauta, una de las cosas más duras fue hacer ejercicio durante al menos dos horas al día (las dividía en dos sesiones de una hora con entrenamiento cardiovascular, levantamiento de pesas y yoga).

Derechos de autor de la imagen Agencia Espacial Canadiense/NASA
Image caption El astronauta canadiense Chris Hadfield muestra la forma correcta de cepillarse los dientes en el espacio exterior.

Por supuesto, los astronautas deben hacerlo para contrarrestar los efectos físicos de la microgravedad, la cual se ha demostrado que reduce la densidad ósea, la masa muscular y el acondicionamiento cardiovascular.

Y para hacer ejercicio en microgravedad hay que ponerse creativo. Por ejemplo, los astronautas pueden amarrarse a una bici estática que tenga resistencia y, en algunos casos, montar sus propias máquinas de resistencia para "levantar" pesas.

"Hemos desarrollado un sistema bastante bueno para contrarrestar los efectos de la ingravidez", dice Lindgren.

"Pero no es un remedio absoluto para la falta de gravedad. Hay algunos músculos que no son capaces de responder", añade.

La astronauta japonesa Naoko Yamazaki, quien pasó 15 días en una misión de montaje y suministro para la EEI en 2010, dice que le impresionó la pesadez de la gravedad a su regreso a la Tierra. "Recuerdo que sentía mi cabeza tan pesada como si tuviera una roca sobre ella. Incluso un trozo de papel parecía muy pesado", explica.

Como la microgravedad hace que los fluidos corporales se desplacen hacia arriba, los expertos creen que una mayor presión alrededor de los ojos puede afectar la visión. Y también podría afectar al sentido del gusto.

Comida espacial

La comida fue una de las partes más difíciles de mi experiencia de confinamiento.

Derechos de autor de la imagen NASA Johnson
Image caption Los astronautas Scott Kelly y Kjell Lindgren pudieron disfrutar de la primera ensalada fresca cultivada en órbita en la Estación Espacial Internacional en agosto de 2015.

Hay tres tipos de comida en la EEI: paquetes que se calientan, alimentos deshidratados que se cocinan con agua caliente y artículos que envasados al vacío que se comen tal cual.

Los astronautas también cultivan plantas en microgravedad, pero aún falta mucho para que puedan hacerlo a gran escala.

Como no podía probar comida espacial de verdad, fui a una tienda y compré alimentos deshidratados. Después del primer día ya estaba fantaseando sobre productos frescos. Imaginen cómo sería hacer eso por varios meses.

Para los científicos esto también es un problema.

No sólo deben asegurarse de abastecer la comida suficiente para una misión a Marte, sino también aumentar las posibilidades de que a los astronautas les guste lo que comen.

"Las preferencias en términos de alimentación son muy importantes cuando estás confinado", dice Gro Sandal, una profesora de psicología de la Universidad de Bergen (Noruega), quien fue la investigadora principal en Mars500, una misión de 520 días dirigida por Rusia, en colaboración con China y la Agencia Espacial Europea (ESA).

Derechos de autor de la imagen NASA Johnson
Image caption La fruta fresca es un raro privilegio en la EEI, que las recibe periódicamente en las cápsulas de reabastecimiento.

Sandal dice que algunos miembros de la tripulación odiaban tanto la comida que a los investigadores les preocupaba que hicieran huelga de hambre, y tuvieron que intervenir introduciendo nuevas opciones.

Bryan Caldwell, director de proyecto en la misión Exploración Espacial Analógica y Simulada de Hawái (HI-Seas), dice que las preferencias culinarias de los astronautas suelen cambiar cuando están en el espacio. Los expertos creen que se debe a la microgravedad.

Una estrella más en el firmamento

Los tripulantes de la EEI suelen disfrutar de impresionantes vistas de la Tierra, casi ningún retraso en las comunicaciones son sus familias, apoyo desde el terreno y un equipo renovado constantemente, además de envíos regulares de suministros desde la Tierra.

Pero quienes viajan a Marte sufren un aislamiento mucho más extremo.

Derechos de autor de la imagen ESA NASA
Image caption Ver el planeta Tierra desde el espacio puede alterar la forma en que los astronautas ven la vida misma.

Jocelyn Dunn fue una de los seis tripulantes que vivió en un domo como parte de la misión Hi-Seas en Hawái. El edificio tenía dos plantas y unos 84 metros cuadrados de espacio compartido, con pequeños cuartos individuales.

El experimento incluía trabajo en campos de lava circundantes sobre "Marte". Los participantes se ponían trajes espaciales cada vez que se aventuraban a salir y debían realizar tareas geológicas por equipos.

"La comunicación me resultó inesperadamente difícil", afirma Dunn. "No sólo por los retrasos sino también porque sólo era a través de email".

Además, desde Marte, la Tierra parecía tan sólo una estrella más en el firmamento. Esto es lo que algunos investigadores llaman el "fenómeno de perder de vista la Tierra" y aumenta la sensación de aislamiento.

"Ver la Tierra desde esa perspectiva es una experiencia que cambia la vida", expresa Lindgren.

No tener esa visión puede afectar negativamente a los viajeros espaciales, especialmente en una situación de confinamiento.

El estrés del confinamiento

En mi caso, al segundo día la novedad de estar atrapada en una casa con comida deshidratada desapareció definitivamente, y cuando mi marido llegó a casa, terminado el experimento, se encontró con una esposa especialmente gruñona.

Derechos de autor de la imagen NASA
Image caption No está claro cuán serios serán los efectos del aislamiento cuando los astronautas se encuentren a millones de kilómetros de casa.

Puede que mi experimento pueda parecer aburrido, pero la monotonía del confinamiento es uno de los retos principales que deben afrontar quienes van a una misión a Marte.

Dunn, quien recogió mientras biológicas para analizar los niveles de estrés durante su estancia en Hi-Seas dice que subestimó los efectos del confinamiento en su propia experiencia.

"La gente no piensa mucho en el confinamiento", explica. "Piensan en el aislamiento y en que uno está sin las cosas que suele tener habitualmente. Pero es muy duro".

El estrés también puede contribuir a aumentar los conflictos sociales, pues los astronautas deben convivir por largos periodos.

Los investigadores han observado algo que llaman "fenómeno del tercer trimestre", que consiste en un aumento en la hostilidad y los arrebatos emocionales, en algunos casos.

"Cuando la gente está encerrada durante mucho tiempo, algunas épocas son cruciales a nivel psicológico" dice Sandal.

También han observado un fenómeno llamado "disociación" en algunos tripulantes que se separan de su entorno y entran en su mundo interno. "Es una forma de protegerse a sí mismos", explica Sandal.

A pesar de todo, no parece que las agencias espaciales tengan problemas a la hora de atraer postulantes para sus primeras misiones a Marte. Lo mismo ocurre con proyectos no gubernamentales.

Elon Musk espera llevar turistas al Planeta Rojo con su empresa SpaceX y la organización holandesa MarsOne quiere crear una colonia humana.

En cuanto a mí, después de dos días salí de casa con una nueva apreciación del aire y los alimentos frescos.

Y no voy a inscribirme en ninguna misión espacial en un futuro cercano.

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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