Embriones con células humanas y otras quimeras: ¿por qué por milenios nos ha causado asco la idea de un híbrido animal-humano?

Una gárgola que apunta hacia una panorámica de París Derechos de autor de la imagen iStock
Image caption La idea de un híbro animal-humano despierta temores sobre la posibilidad de que el híbrido en cuestión termine dominándonos. Pero hay un trasfondo más profundo.

En la mitología griega, la quimera es una monstruosa criatura que respira fuego, típicamente descrita con cabeza de un león, una serpiente como cola y la cabeza de una cabra emergiendo de su espalda.

Así como aterrorizó a los griegos, esta visión es también la causa de mucha consternación con respecto a la creación exitosa de los primeros embriones híbridos de cerdo y humano en el Instituto Salk en California, Estados Unidos.

De hecho, tales híbridos humanos-animales se denominan a menudo "quimeras".

Mientras que este avance científico ofrece la perspectiva de crecimiento de órganos humanos dentro de los animales para su uso en los trasplantes, también puede provocarles náuseas a algunas personas.

Fue precisamente esta incomodidad la que condujo a la moratoria sobre la financiación de este programa de investigación.

La gente, al parecer, no puede soportar la idea de que riñones humanos crezcan dentro de cerdos.

Teniendo en cuenta los avances potenciales que ofrece esta investigación, nuestras objeciones deben basarse probablemente en más que un leve caso de náuseas.

Sin embargo, hay algunos aspectos duraderos de la forma en que percibimos los híbridos humanos-animales que hace que sea difícil reflexionar sobre ellos claramente.

¿Contra la naturaleza?

Muchos de nosotros somos como niños de seis años que arrugan la cara si su puré de papas se mezcla con el brócoli en su plato. Preferimos mantener las cosas puras.

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Image caption Los animales híbridos, como la Quimera, causaron fascinación y repudio entre los antiguos griegos.

Ya se trate de cruce de animales o de mezcla racial en niños, las personas que ven el mundo tal como lo definen sus esencias subyacentes tienden a rechazar esa "impureza".

¿Qué es una "esencia subyacente"? Es la idea de que las cosas tienen ciertas propiedades que son esenciales que hacen que sean lo que son.

Así habría una "cerditud" que es exclusiva de los cerdos, y una "humanidad" que nos es exclusiva.

Pero en biología, por lo menos, no hay esencia real en nada.

Todos estamos hechos de diferentes combinaciones de los mismos tipos de cosas, como proteínas y aminoácidos.

Incluso gran parte del cianotipo, nuestros genes y ADN, se comparten entre especies, de modo que los seres humanos y los ratones comparten alrededor del 90% de su ADN, e incluso compartimos cerca del 35% de nuestros genes con el gusano simple.

Pero esto no significa que no confiemos a menudo en esta forma de pensar para entender lo que hace que un tigre sea natural, a diferencia de una silla.

Es la intuición la que nos hace retorcernos ante el pensamiento de una cabra-tigre, pero intrigarnos ante la idea de una silla-mesa.

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Image caption La mantícora es un ejemplo de híbrido animal-humano perteneciente al bestiario medieval.

Mezclar la biología humana y animal es percibido como antinatural, lo que crea un temor irracional hacia la posibilidad de que los cerdos-humanos puedan escapar del laboratorio y tomar el mundo.

Aunque la posibilidad de la quimera de los cerdos humanos vagando por el planeta está lejos de la realidad, al igual que en los griegos nuestro miedo a los híbridos fomenta la sensación de que tales criaturas serían monstruosas.

Si bien los híbridos en general a veces pueden crear una mezcla desagradable de miedo y disgusto, esto no siempre es así.

Tomemos por ejemplo el arándano blanco (un cruce entre la frambuesa, la zarzamora, la baya de gota y la mora roja) o la clementina (un cruce entre una mandarina y una naranja). No nos preocupa mucho consumir tales híbridos como almuerzo.

Nuestra aparente comodidad con las mezclas no se limita a las plantas.

Las mulas nunca han sido una fuente de alarma, pero son producto del cruce de un burro y una yegua. ¿Y qué hay del ligre, tigón, zebroide, geep o beefalo?

No somos animales

Una de las razones por las que los híbridos humanos-porcinos son una fuente de ansiedad es que pueden evocar un miedo a nuestra propia muerte.

La posibilidad de que un cerdo podría crecer tu próximo páncreas es un recordatorio convincente de que los seres humanos también son animales y puede crear angustia existencial.

la fusión de los cerdos con los seres humanos nos recuerda nuestras similitudes compartidas, algo que tratamos de olvidar cuando saboreamos el olor del tocino friéndose"

Que los seres humanos tienen alma pero los animales no era (y sigue siendo para algunos) una creencia popular.

Nos da una sensación de seres superiores, de estar por encima o fuera del orden biológico.

Sacar corazones humanos de las cabras puede romper esta creencia, dejándonos desagrado y consternación.

Los híbridos humanos-animales nos recuerdan el hecho inevitable que todos estaremos bajo tierra un día.

Al mantener los pensamientos sobre nuestra naturaleza animal a raya, convenientemente olvidamos que no somos nada más que organismos biológicos mortales esperando para fertilizar los campos.

Otra razón puede crear malestar sobre crecer un hígado de repuesto en el cerdo en la granja de tu tío mientras que el tuyo sufre de cirrosis es que confundiría el paladar.

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Image caption ¿Comeríamos menos cerdo si estuviéramos utilizando este animal para generar trasplantes para humanos?

Comemos cerdos, no seres humanos. ¿Todavía disfrutarías del tocino si viniera del cerdo que cuidó de tu hígado durante los últimos seis meses?

La perspectiva de los cerdos humanos también confunde la brújula moral.

Biológicamente la fusión de los cerdos con los seres humanos nos recuerda nuestras similitudes, algo que tratamos de olvidar cuando nos deleitamos con el olor del tocino friéndose.

Tendemos a mantener límites claros entre los animales que comemos y los que no, ya que esto ayuda a resolver el sentimiento de incomodidad que de otra manera podríamos sentir sobre el uso de los animales para la alimentación.

Fue esta misma confusión de fronteras la que provocó indignación por la perspectiva de la carne de caballo en las hamburguesas durante el escándalo de 2013. En la mayoría de los países los caballos se perciben como mascotas o compañeros, no como alimento.

Si confundir mascotas con los animales que comemos crea descontento, entonces confundir esos mismos animales con nosotros crea dudas morales y gustativas.

Más allá de desconcertar nuestro paladar, también confunde nuestra comprensión de si es un animal del cual estamos cosechando nuestros órganos de próxima generación, o algún tipo de entidad subhumana.

Al final, si bien las bestias híbridas míticas pueden haber causado alarma a los griegos, parecería que nuestra propia objeción a cultivar nuestro próximo corazón en el pecho de un cerdo tiene más que ver con la angustia existencial y una interrupción del orden moral.

El uso o no de animales para estos fines, o para la satisfacción de las necesidades humanas de manera más amplia, es un tema para otro momento.

Sin embargo, es seguro decir que nuestro miedo personal a este avance científico -la náusea que sentimos- puede estar relacionado principalmente con cómo desestabiliza lo que percibimos como nuestra singularidad humanay socava nuestra propia superioridad moral que cualquier otra cosa que tenga ver con preocupaciones más amplias sobre los híbridos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. BBC Future lo reprodujo bajo la licencia de Creative Commons.

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