La pequeña isla escocesa que genera interés en todo el mundo por su solución al problema energético

Una casa en la isla de Eigg Derechos de autor de la imagen Alamy
Image caption Eigg no tenía acceso a la red nacional eléctrica.

Eigg no está bien conectada con el mundo exterior.

Lo comprobé cuando una tormenta canceló mi ferry y tuve que esperar dos días para abordar el próximo barco.

Sin embargo, la pequeña isla escocesa, situada 24 kilómetros al oeste de la isla principal, aprendió a ser autosuficiente.

En efecto, en 2008 se convirtió en la primera comunidad del mundo en poner en servicio un sistema eléctrico no dependiente de una red tradicional, alimentado por energías eólica, hídrica y solar.

Además, el grupo de residentes lo hizo, en gran parte, de forma autodidacta.

Previamente, sin tener acceso a la red nacional, dependían de unos caros y ruidosos generadores diésel que sólo funcionaban durante algunas horas al día.

El plan de electrificación hizo que, por primera vez, la isla de 30 Km2 tuviera el servicio las 24 horas.

Un energético ejemplo

Cuando llegué a Eigg, el salón de té situado en el muelle estaba repleto de investigadores de Brasil y Glasgow que querían a conocer cómo funciona su sistema eléctrico.

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Image caption Paneles solares añaden poder a la red eléctrica en Eigg, especialmente en el verano.

Previamente, la habían visitado grupos de sitios tan lejanos como Alaska y Malawi para evaluar si el modelo podría utilizarse para llevar electricidad a las casi 1.300 millones de personas en el mundo que no disponen del servicio regularmente.

El diseñador del sistema, John Booth, exdirector de la operadora Eigg Electric, me mostró cuatro turbinas eólicas, colocadas sobre un acantilado, que alimentan hasta 24kW de energía a la red.

Aunque podía escuchar cómo las aspas de las turbinas zumbaban, me explicaron que sólo proporcionaban cerca de la mitad de esa cifra, una indicación de la importancia de la integración de las tres energías renovables en una estable red subterránea de alta tensión.

Más hacia el norte de la isla, hay unos paneles fotovoltaicos con capacidad de 50kW, orientados hacia sur para captar cualquier luz solar que atraviese las nubes.

"En promedio, a lo largo del año, suministran cerca del 9,5% de su potencia nominal", señala Booth.

Es en el verano, cuando Eigg disfruta de largos días de sol por estar tan al norte, que los paneles hacen el trabajo pesado.

"Marcan la diferencia en mayo, junio y julio cuando te darán más del 25% de su potencia nominal", apunta Booth. "Y en esa época no suele haber mucho viento, ni lluvia".

Tres generadores hidroeléctricos aprovechan la energía del agua corriente, que es abundante durante el invierno.

Dos centrales hidroeléctricas más pequeñas en el sur producen de 5 a 6 kW cada una.

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Image caption Muchos de los habitantes de Eigg saben operar los diferentes equipos.

En promedio, Eigg opera con entre 90-95% de energía renovable.

Hay aun períodos, normalmente en la primavera, cuando el clima no ayuda y se hace necesario el uso de generadores, dos de 70kW aportan energía y cargan el banco de baterías.

Y hay días, normalmente en invierno, cuando la isla tiene el problema contrario: crea más energía de la que usa o almacena.

Eigg Electric también tiene un sistema para aprovechar ese excedente, haciendo que se enciendan automáticamente los calentadores eléctricos en el salón comunitario, el vestíbulo del muelle y en dos iglesias.

"No lo cobramos porque toda la comunidad se beneficia", subraya Booth.

Y parece apropiado que los excedentes de la red beneficien a la comunidad, ya que fueron sus habitantes los responsables de su desarrollo.

En junio la isla celebrará 20 años de haber creado una fundación, Isle of Eigg Heritage Trust, que estableció una propiedad comunitaria.

Los residentes se dedicaron a trabajar en el proyecto de electrificación y Eigg Electric, una subsidiaria de propiedad absoluta de la Fundación, fue incorporada en 2005.

La compañía tiene un equipo de mantenimiento de seis personas, que incluyen al panadero de la isla, el jardinero y la tejedora.

Todo el mundo aprendió cómo funciona el sistema al hacerle un seguimiento a la compañía mientras lo construía.

"No hay nadie en la isla que podría ser descrito como un ingeniero eléctrico", dice Booth, quien es bioquímico.

Costo inicial

El proyecto de US$2 millones fue, en gran parte, financiado por el Fondo de Desarrollo Regional de la Unión Europea, además de las contribuciones de organismos nacionales y de los residentes de la isla.

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Image caption Cuando hay un exceso en la producción, espacios comunales, como los de la iglesia de Cleadale, se encienden.

Eigg Electric redujo costos, encargándose de ciertos trabajos, como poner el concreto para los paneles solares.

Aun así, la inversión inicial podría ser un obstáculo para otras comunidades que esperan copiar su modelo.

"Ese es el principal reto para cualquier país", afirma Subhes Bhattacharyya, de la Universidad inglesa de De Montfort, coautor de un trabajo reciente sobre la red eléctrica de la isla.

"Especialmente en el África Sub-Sahariana y el Sudeste Asiático, donde la mayoría de la gente no tiene acceso a una red, se necesita el respaldo de financiamiento inicial".

La comunidad de Eigg se puso de acuerdo en cada aspecto del sistema, incluyendo el precio y el uso máximo del servicio.

Para no sobrecargarlo y asegurar que todo el mundo tuviese un acceso justo, los residentes aprobaron unánimemente que cada vivienda usara un máximo de 5kW al mismo tiempo, el equivalente de encender la jarra eléctrica y la lavadora simultáneamente.

Los negocios reciben 10 kW. Para mantener un registro, los medidores señalan la cantidad usada en un determinado momento.

Si te pasas del límite, el servicio se interrumpe y el usuario recibe una multa de US$25 para reconectarlo. Sucede raramente, sostiene Booth.

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Image caption Baterías de respaldo acumulan los excedentes.

Para comunicar cuando las fuentes renovables están generando una cantidad relativamente baja de energía, un sistema desemáforo, localizado en el muelle, avisa a los residentes.

Una luz roja les solicita que limiten el uso de la electricidad, una verde indica que el servicio es normal.

En la casa de los Booth, Cristina, la esposa de John, me ofreció café y pan tostado por separado para evitar usar la tostadora y la jarra eléctrica al mismo tiempo.

Con una jarra de bajo voltaje, tener los dos simultáneamente estaría muy por debajo del límite de 5 kW, pero ella está consciente de repartir su uso de energía para beneficiar al sistema, siempre que sea posible.

"Uno se acostumbra a hacerlo de esa manera", dice.

En los últimos 20 años, en contraste con muchas de las islas vecinas, la población de Eigg ha ido en aumento, pasando de 65 residentes a cerca de 100.

"La demanda sobre el sistema está creciendo", dice Booth. "Sin embargo, toda la evidencia dice que lo hicimos bien desde el principio y que aguanta".

Bhattacharyya destaca que Eigg ilustra cómo los requerimientos básicos de energía e incluso las demandas de un país desarrollado, pueden ser satisfechas con un sistema fuera de red.

Su ejemplo puede mostrar al mundo que funcionan y que un sistema totalmente renovable tiene la capacidad para "soportar la vida moderna y mejorar la calidad de vida":

Lee la historia original en inglés en BBC Future

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