La increíble historia del hombre que sobrevivió a la devastadora erupción de un volcán gracias a una lata de sardinas

Aclo, "el muchacho de las sardinas" Derechos de autor de la imagen Jacob Maentz
Image caption Benito Aclo vivió para contarlo. Y fue el único.

Camiguin, una pequeña mancha en el Mar Bohol, de solo 64 kilómetros de diámetro, es una pequeña isla de Filipinas, que tiene siete masas volcánicas: más volcanes por kilómetro cuadrado que cualquier otra isla del planeta.

Después de una agotadora caminata de cuatro horas a través de una empinada y tupida selva, mi guía de excursión, Baebot, y yo finalmente alcanzamos una de sus cumbres, la del Monte Hibok Hibok.

Mientras descansábamos, Baebot me contó la historia del "Niño Sardina", que había burlado la muerte hacía casi siete décadas, cuando su poblado natal de Ilihan fue destruido por una violenta erupción volcánica.

Desde nuestra posición elevada pudimos ver una cicatriz verde oscura de vegetación cortando el lado oriental de la montaña. Baebot señaló un lugar no muy lejos de la cumbre del volcán: allí, dijo, es donde se encontraba su pueblo.

"¿Sabes qué le pasó al muchacho?", pregunté, insegura de si la historia era un hecho real o folclórico.

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Image caption Camiguin tiene más volcanes por kilómetro cuadrado que ninguna otra isla en la Tierra.

"Sí ", respondió él, con total naturalidad, devorando un bocado de pan. "Ahora vive al pie de la montaña. Podemos visitarlo si quieres".

Varias horas más tarde, me detuve en la puerta principal de la casa de Benito Aclo, que a sus 80 años es un hombre enérgico con un aire sorprendentemente infantil.

Algunos consideran que vivir en las laderas de un volcán activo es peligroso. Sin embargo, Aclo vive a la sombra del mismo volcán que hace más de 60 años exterminó a su pueblo y su familia.

Antes del amanecer de un día de diciembre de 1951, Aclo, de 12 años, abandonó su casa en Ilihan y se dirigió a la montaña.

"Yo era el niño del medio y a menudo era enviado a buscar cosas", recordó. "Ese día, mi madre me había enviado a bajar la montaña para comprar pescado enlatado".

Abrasada por las llamas

Al amanecer, el suelo retumbó y, sin previo aviso, el volcán arrojó violentamente rocas fundidas y cenizas. Ilihan fue rápidamente envuelta en un río de lava que mató a todo el mundo .

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Image caption La esposa de Aclo, con la que crió a siete hijos, falleció recientemente.

"Hubo mucho ruido y humo", dice. "Yo quería volver a la montaña. Pensé que podría salvarlos". En cambio, fue evacuado a la ciudad de Davao, al sur de Mindanao.

Se calcula que la erupción sepultó a entre 500 y 3.000 isleños, aunque nadie está completamente seguro del número de muertos. Aclo fue el único sobreviviente de su pueblo.

Hasta el día de hoy, es conocido como el Niño Sardina: el hombre que debe su vida al pescado enlatado. Es simultáneamente una víctima trágica y un sobreviviente fortuito.

Mirando atrás

Le pregunté cuántas veces piensa en la familia que perdió.

"Todos los días", respondió, con los ojos brillantes de lágrimas. "Pero especialmente en el Día de Todas las Almas, cuando la gente está visitando a sus muertos. No tengo familia en el cementerio".

Y no es el único. Los volcanes en Filipinas son algunos de los más mortíferos del mundo: el 13% de las erupciones registradas han causado muertes y muchos cuerpos nunca son recuperados.

Yo quería volver a la montaña. Pensé que podría salvarlos"

Benito Aclo

Si hubiera entendido antes que la mancha de vegetación que Baebot señalaba era el lugar donde descansaba la familia de Aclo, podría haberme tomado un momento para reconocerlo de alguna manera.

Camiguin en su conjunto es abundante en acres de suelo de lava fértil que producen cultivos impresionantes; la exuberante isla es famosa en Filipinas por sus especialmente dulces lanzones, una fruta parecida al lichi, cuya dulzura se atribuye al alto contenido mineral del suelo volcánico.

Al igual que Camiguin, la historia de Aclo no tiene un final trágico. Estaba ansioso por contarme toda su historia, no solo un triste capítulo.

Varios años después de la erupción, regresó a Camiguin, conoció a su esposa Gloria y tuvo siete hijos.

Estuvieron casados por más de 60 años hasta su muerte, el verano pasado. Aclo guarda su fotografía junto a su silla. Una galería de otras fotografías retrata un feliz día de bodas, los hijos y los nietos.

Rodeado por los rostros de sus seres queridos, el Niño Sardina sonríe.

La vida, parece, puede reanudarse y prosperar en los lugares más sorprendentes.

Lee la historia original en inglés en BBC Travel

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