El antes y el después de la destrucción de los tesoros Palmira por parte de Estado Islámico

  • 7 octubre 2015
Palmira Image copyright Getty Images

Imágenes satelitales de las ruinas antiguas de Palmira en Siria muestran la magnitud de la destrucción que han causado miembros del autodenominado Estado Islámico.

Templos, torres funerarias y el arco del triunfo en el desierto que databan de hace más de 2.000 años han sido destruidos con explosivos por yihadistas, quienes creen que santuarios y estatuas son símbolos de idolatría.

La Unesco, agencia de Naciones Unidas dedicada a la cultura, ha condenado la destrucción y la han calificado como un crimen de guerra.

Pero los expertos sospechan que los militantes también están saqueando dichos lugares para vender los objetos en el mercado internacional de antigüedades.

La destrucción también le ha servido al grupo radical de propaganda. La organización ha hecho explotar estructuras simbólicas como el Palacio Noroccidental en Nimrud, en Irak, otras edificaciones preislámicas así como también santuarios islámicos en Irak y Siria.

En Palmira, el Templo de Bel, conocido como el gran santuario de los dioses de esa localidad, fue, hasta su destrucción en agosto, uno de los edificios religiosos más importantes del siglo I en Oriente.

Templo de Bel

En pleno apogeo, Palmira fue uno de los centros más importantes del comercio de la región.

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Image caption El Templo de Bel llegó a ser el centro de la vida religiosa en Palmira. En agosto, fue destruido.

Desde alrededor del año 2.000 a.C., el sitio estuvo continuamente ocupado, pues se trataba de un oasis en la Ruta de la Seda, la cual era una especie de atajo en el desierto para evitar atravesar regiones fértiles del norte.

Continuó prosperando hasta que en el siglo III d.C. fue arrasada por los romanos tras el reinado rebelde de la reina Zenobia de Palmira.

La conexión entre Oriente y Occidente está reflejada en la arquitectura y el arte único y distintivo de Palmira, que combina las tradiciones orientales y occidentales.

El Templo de Bel, con sus relieves singulares, luce como un templo oriental pero también tiene columnas como un edificio al estilo occidental romano.

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European Space Imaging, Digital Globe

Pero ese simbolismo es una perdición a los ojos de Estado Islámico.

Una enorme explosión sacudió ese lugar a finales de agosto de este año e imágenes satelitales han mostrado como la estructura principal se redujo a escombros, así como también la línea de columnas que estaban a su lado.

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Image caption Algunas estatuas y objetos de Palmira están guardados en museos, pero otros han sido robados.

El doctor Mark Altaweel, del Instituto de Arqueología del University College London, considera que EI quiere mostrarle a su audiencia que está cumpliendo con su deber religioso de acabar con objetos "no religiosos".

"Ese es el valor simbólico de la destrucción de esas cosas", indicó. "No están acabando con el sitio entero, escogen puntos específicos", señaló Altaweel.

El Valle de las tumbas

A poca distancia de los principales templos, se encuentra un área conocida como el Valle de las tumbas.

Las tumbas-torre construidas en un terreno más alto que el resto de la edificación es una característica distintiva de Palmira. Las torres tienen varios pisos, la mayoría con una cámara funeraria subterránea.

Pero el lugar en el que fueron enterradas las familias de la antigüedad que se hicieron ricas por el comercio regional también se ha convertido en un objetivo de EI.

Tumba de Iamblichus

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Image caption La Tumba de Iamblichus es la construcción que se ve al lado derecho. Esta foto fue tomada en 2010.

El profesor Kevin Butcher, de la Universidad de Warwick, en Londres, señaló que en la antigüedad los lugares donde se llevaron a cabo los entierros podían ser comprados y que los constructores los veían como inversiones y no solo como sitios para enterrar a las familias.

Los muertos eran con frecuencia momificados antes ser introducidos a las tumbas, donde se hallaban pedazos de tela, sedas chinas e imitaciones de seda china hechas en Palmira.

La Tumba de Iamblichus, bautizada de esa forma en honor a su fundador y construida alrededor del año 38 d. C., se mantuvo muy bien por siglos. Hoy en día es solo escombros.

Tumbas de Elahbel y Atenatan

En total, Estado Islámico ha destruido al menos seis torres funerarias, incluyendo la Tumba de Elahbel, que fue construida alrededor del año 103 d.C. y la Tumba de Atenatan.

Butcher asegura que la Tumba de Elhbel era el sitio mejor preservado de todas las tumbas-torre de Palmira.

"Parecería, a partir de lo que se ve en las imágenes satelitales, que las tumbas torre mejor preservadas han quedado destruidas", indicó. "La pérdida de esas estructuras es extremadamente significativa, no hay lugar alguno en el que esos edificios hayan sido preservados".

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Image caption Cientos de objetos de Palmira han sido llevados a Damasco, según las autoridades.

El doctor Altaweel cree que el saqueo que se está produciendo en esos sitios históricos ayuda al financiamiento de las operaciones del grupo.

Templo de Baalshamin

Otra de las grandes estructuras de Palmira fue el Templo de Baalshamin, cuyas partes más antiguas datan del siglo I d.C. Arqueólogos suizos develaron el templo entre 1954 y 1956, y el sitio había sido visitado por millones de personas hasta la irrupción de EI.

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Image caption Los templos de Palmira han sido admirados por arqueólogos y turistas.
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Image caption Militantes de EI usaron explosivos en el Templo de Baalshamin. Derribaron el santuario y los pilares.

La Unesco describió la destrucción del templo en agosto como "una pérdida inmensa para los sirios y la humanidad".

Prisión de Tadmur

No muy lejos de las ruinas antiguas está la ciudad de Tadmur.

Una de las primeras acciones que Estado Islámico hizo cuando tomó el control de Palmira fue destruir la prisión local, la cárcel más conocida de Siria.

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Image caption Estado Islámico ha difundido videos en los que muestran la destrucción de la prisión de Tadmur.

La edificación fue construida por los franceses en los años treinta. Pero durante el gobierno del padre de Bashar al Asad, Hafez, entre 1971 y 2000, miles de seguidores de organizaciones de izquierda y grupos islamistas fueron detenidos, torturados y ejecutados en su interior.

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