Murió Raúl Alfonsín

El escueto parte médico comunicó la noticia: "A las 8.30 de la noche, nos despedimos de Raúl Alfonsín".

Image caption El ex presidente argentino sufría de cáncer de pulmón.

El ex presidente argentino y líder de la Unión Cívica Radical falleció el martes en su casa, donde estaba en observación tras sufrir una descompensación la noche anterior. El ex mandatario, de 82 años, padecía un cáncer de pulmón.

Por las puertas de su hogar desfiló durante el día una seguidilla de dirigentes y personajes públicos preocupados por la salud del político, y decenas de ciudadanos comunes hicieron guardia a la espera de una noticia que parecía inevitable.

Al conocerse el informe de su muerte, un grupo de vecinos se unió para entonar espontáneamente el himno nacional argentino, entre bocinazos de salutación, velas encendidas y gritos fervorosos: "Raúl, querido, el pueblo está contigo".

Es que la figura de Alfonsín está asociada a la historia institucional de la Argentina reciente. Su llegada al gobierno, en 1983, marcó el regreso a la democracia en Argentina tras siete años de régimen militar.

Pero, más allá del papel que jugó en la transición hacia la democracia, Alfonsín fue además un respetado referente de la política nacional, y la figura más influyente del histórico partido Unión Cívica Radical (UCR), que lideró en varios períodos.

El ex presidente Fernando De la Rúa, con quien Alfonsín compartió la militancia en el radicalismo, lo definió como "un hombre de principios republicanos que luchó toda su vida por defender la democracia, y defendió esos valores hasta lo último".

Por su parte, como un signo del respeto que genera su figura en todo el espectro político, el líder peronista Antonio Cafiero, rival del ex presidente, comparó su importancia con la del fundador de su propio partido.

"El siglo XX ha tenido en Argentina dos grandes figuras políticas. Uno fue (Juan Domingo) Perón y el otro fue Raúl Alfonsín", dijo a BBC Mundo.

Regreso de la democracia

Alfonsín llegó al poder en diciembre de 1983, poniendo fin al llamado Proceso de Reorganización Nacional liderado por los militares, que comenzó con el golpe de Estado de 1976 y perdió fuerza tras la derrota en la Guerra de las Malvinas/Falklands de 1982.

A días de asumir, el mandatario radical sancionó dos decretos ordenando el juicio de las juntas militares y los grupos guerrilleros responsables de la violencia durante la llamada "Guerra Sucia" entre 1976 y 1983.

También creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) para investigar y registrar los abusos de derechos humanos durante ese periodo. El documento "Nunca Más", entregado a presidente por la Conadep con el apoyo de una multitud, sirvió luego de base para la acusación fiscal en el juicio a los militares.

Así, en 1985, la Cámara Federal condenó al ex presidente Jorge Rafael Videla y a otros líderes militares por su responsabilidad en estas violaciones, condenas que luego serían anuladas por un indulto del presidente Carlos Menem.

Presiones y concesiones

Image caption Alfonsín asumió la presidencia en 1983.

El mandato de Alfonsín estuvo signado por las presiones militares y económicas, arrastradas de los años del régimen de facto, lo que obligó a su gobierno a hacer concesiones en materia de derechos humanos.

Así, el descontento generado por los juicios a las juntas en el seno de las Fuerzas Armadas, así como las presiones de grupos militares, llevaron a Alfonsín a impulsar la Ley de Punto Final, aprobada por el Congreso en 1986, que ponía un límite de 60 días para definir los procesamientos contra militares acusados.

Esta iniciativa no logró impedir una rebelión militar en su contra, liderada por el teniente coronel Aldo Rico, la semana de Pascua de 1987.

Sin poder sobre las Fuerzas Armadas, el presidente negoció con los llamados "carapintadas", anunciando luego al pueblo argentino que "la casa está en orden".

Este acuerdo con los militares incluía una segunda legislación para favorecer a los acusados de violaciones a los derechos humanos: la Ley de Obediencia Debida, que exoneraba a quienes habían ejercido cargos de menor rango durante el régimen militar.

Integración regional

Si bien los logros internos de Alfonsín fueron limitados, su política exterior permitió la reinserción del país en el plano internacional.

Los analistas destacan por sobre todo el proceso de integración que llevó a cabo su gobierno con Brasil, Uruguay y Paraguay, que establecería las bases de lo que luego sería el Mercado Común del Sur (Mercosur), constituido en 1991.

Alfonsín también cimentó la paz con Chile, país con el cual Argentina casi entra en guerra en 1978, debido a un diferendo sobre el trazado del Canal de Beagle.

Tras la exitosa mediación del Vaticano, se firmó el Tratado de Paz y Amistad que estableció definitivamente los límites entres ambas naciones en 1984.

La salida del gobierno

Image caption Alfonsín entregó el poder de forma anticipada a Carlos Menem.

Más allá de las presiones militares, serían los problemas económicos los que pondrían fin al mandato de Alfonsín.

La creación de una nueva moneda, el "austral", y los planes económicos propuestos por el gobierno no lograron controlar la creciente inflación, que se vio agravada por la caída en los precios de los principales productos de exportación argentinos.

En 1988 Argentina entró en moratoria del pago de su deuda externa y el Banco Mundial decidió suspender su ayuda al país.

En pocos meses, la inflación aumentó de cerca del 10% a casi el 80%, generando inestabilidad social. En medio de una ola de saqueos, Alfonsín anunció el adelanto de las elecciones en mayo de 1989.

Luego, cuando faltaban aún siete meses para el fin de su gestión, el mandatario presentó su renuncia y entregó el poder a su sucesor electo, el peronista Carlos Menem, en lo que constituyó el primer traspaso de poder democrático y constitucional entre dos presidentes de distintos partidos desde 1916.

Tras su paso por el poder, Alfonsín continuó liderando la UCR. Años más tarde, en 2001, se convirtió en senador, cargo que abandonó tras el colapso económico y la caída del presidente radical Fernando De la Rúa.

A pesar de retirarse de la vida profesional, el ex mandatario continuó siendo un referente indiscutido de la política local. Su presidencia, además, quedará en los registros por haber dado inicio al período democrático más extenso en la historia de Argentina.