Testimonio de un opositor

Primero rivales, luego vinculados por una "amistad política". El dirigente peronista Antonio Cafiero lamentó la muerte del ex presidente de Argentina Raúl Alfonsín, ocurrida el martes, por quien declaró su respeto y admiración más allá de sus militancias en bandos enfrentados.

Image caption Alfonsín y Cafiero estuvieron vinculados por una "amistad política".

Cafiero, un político de larga trayectoria, fue gobernador de la provincia de Buenos Aires y senador nacional hasta 2005.

Y en su agitada carrera política, le tocó medir fuerzas con el ex mandatario radical, como dijo a BBC Mundo.

¿Cuál es para usted el legado que deja Alfonsín?

Raúl Alfonsín ha sido sin duda el político democrático más importante del siglo XX en la Argentina. Fue un hombre que nunca resignó sus convicciones y luchó en las buenas y en las malas condiciones.

Yo tuve la oportunidad de ser su rival político, pero después tuve una larga y franca amistad, personal y política, donde aprendí a valorar aún más las virtudes de este gran argentino.

¿Cuáles diría que fueron sus grandes aciertos?

Fue el de devolver a la Unión Cívica Radical, el partido al que pertenecía, el peso y la importancia.

Y sobre todo, de colocarlo en condiciones de constituirse en una fuerza con capacidad política ganadora, con una visión moderna y transformadora y, a la vez, con un respeto a sus rivales, como mi partido.

Es un ejemplo para todas las generaciones de políticos.

¿Y cuáles fueron sus desaciertos?

Yo no creo que haya tenido desaciertos importantes... le tocó, como en política nos toca a todos, a veces acertar con algunas decisiones y otras veces equivocarse. Pero no fueron desaciertos: fueron errores propios del que actúa en política.

Hay quienes lo critican por haber impulsado las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. ¿Qué opina usted al respecto?

Yo critiqué esa decisión de Alfonsín en aquel momento, desde mi lugar de diputado nacional, pero debo reconocer que el ambiente político que a él le tocó vivir lo justifica... es fácil ahora decir ciertas cosas, pero no en el momento en que Alfonsín tuvo que decirlas y resolverlas.

Era un momento muy distinto, donde había apremios que venían de sectores de las Fuerzas Armadas, un momento en que Alfonsín buscaba ante todo - y todos lo apoyábamos - fortalecer la legalidad democrática en el país.

Usted que lo conoció de cerca como persona, ¿cómo lo describiría?

Era un lector apasionado, y dejó sus continuos consejos y reflexiones sobre las ideologías, la política y todo aquello que deberían ser las preocupaciones de todo hombre que se dedica a la política.

Como ser humano, fue un hombre excepcional. Tenía una suerte de bondad que lo hacía característico y que hacía que mucha gente, aún sin conocerlo o siendo de una formación política distinta, lo apreciara.

Más que eso: lo consultábamos cuando teníamos nuestras propias dudas respecto a lo que debíamos hacer.

¿Usted diría que es un referente nacional, más allá de la bandera partidaria?

Por supuesto. Yo creo que el siglo XX ha tenido en Argentina dos grandes figuras políticas: una fue Perón, y la otra fue Raúl Alfonsín.

El primero, imbuido de una mística transformadora y yo diría revolucionaria, y Alfonsín, imbuido de una pasión por valores que han sido siempre fundamentales en la vida argentina: los de la democracia, la república, la política. Todo eso fue sostenido y reivindicado por la figura de Raúl Alfonsín.

¿Y cuál es el legado que deja para el país?

Deja un legado muy importante, que los argentinos debemos recoger ya: el de la tolerancia recíproca en la vida en democracia.

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