La Paz y el dilema de la marcha diaria

Marcha en La Paz, Bolivia
Image caption La mayoría de las protestas que se realizan en La Paz carecen de autorización.

Es medio día en La Paz, Bolivia. El estruendoso ruido de petardos, dinamitas, gases lacrimógenos y estribillos anuncia que la marcha nuestra de cada día recorre el centro de la ciudad.

La realización de al menos 480 manifestaciones de protesta al año ha convertido a la sede de Gobierno en una especie de marchódromo. Esto quiere decir que, en promedio, hay más de una marcha diaria.

El director de sistemas viales de la Municipalidad de La Paz, Rodrigo Rodríguez, dice a BBC Mundo que "a veces tenemos protestas hasta en cinco puntos diferentes de la ciudad de La Paz en un solo día".

Este caos ha llevado a Rodríguez a pedir "a Dios" un marchódromo real, "para que los sectores puedan realizar los reclamos en un área donde no perjudiquen en tal magnitud como lo están haciendo en este momento".

Sería un espacio destinado a la protesta, como lo es el sambódromo de Río de Janeiro para las comparsas de carnaval.

Sin embargo, el propio Rodríguez sabe que esa idea es inviable por falta de consenso, pese a que en algunas ocasiones fue planteada por organizaciones de defensa de la ciudad, medios de comunicación y ciudadanos de pie que nada tienen que ver con los movimientos sociales.

"Ni políticos ni dirigentes sindicales prestaron atención ni le dieron importancia (a la propuesta del marchódromo)", lamenta Rodríguez.

Todas las protestas se realizan sin autorización, ni previo aviso. Implican el corte del tráfico y prácticamente asfixian a la ciudad porque La Paz tiene una sola vía troncal que une el norte con el sur, que a su vez es la preferida por los manifestantes.

Cuando se corta esta vía, explica Rodríguez, el congestionamiento se extiende hasta 10 cuadras a la redonda y "estrangulan a la ciudad".

La Dirección de Sistemas Viales registró aproximadamente 480 marchas de protesta al año en La Paz. Pero, si además se cuentan las manifestaciones culturales, folklóricas, deportivas y políticas que implican el cierre de calle, el número se aproxima a las 1.000 movilizaciones.

Por cada demanda, una marcha

Sólo durante esta semana, marcharon los importadores de vehículos usados; ciudadanos de El Alto que exigen la instalación de gas domiciliario; los habitantes del barrio Gran Poder que piden seguridad ciudadana; los trabajadores de la quebrada línea aérea Lloyd Aéreo Boliviano que demandan una nueva licencia de operaciones de la empresa; los afectados por un deslizamiento de tierras que piden la dotación de nuevas casas. La lista podría ser interminable.

Mucha gente que no participa de estas protestas se declara cansada, aunque también resignada y tímidamente plantea que se instale un verdadero marchódromo para los sectores sociales, pero esta opción sería inadmisible para los manifestantes que están convencidos de que solo con un perjuicio a terceros, sus demandas merecerán atención.

Rufo Olmos, un ciudadano que transita por El Prado paceño, se queja diciendo que "aquí marchan por todo y por nada" y agrega que "ojalá hubiera un marchódromo en Mallasa", en alusión a un barrio de las afueras de La Paz, donde hay grandes espacios verdes.

Johnny, otro ciudadano que ve pasar una marcha, justifica diciendo que "la gente tiene problemas y tiene que pedir de algún modo que se arregle la situación". Y, cuando escucha hablar del marchódromo dice que "nadie va a ir ahí. Protestan aquí (en el centro de la ciudad) porque si perjudican se les puede escuchar".

Johnny Chávez, un ciudadano que atiende una joyería en El Prado, opina que las marchas "perjudican el comercio" porque cuando éstas son violentas "tenemos que cerrar (la joyería) por alguna consecuencia que tenga que surgir".

La oficina del director de Sistemas Viales tiene una ventana que da a la avenida Mariscal Santa Cruz, por donde pasan las marchas todos los días. ¿Qué siente cuando escucha pasar a los manifestantes?, le pregunta BBC Mundo y él atina a responder con una palabra: impotencia.

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