Ni de la basura pueden vivir

Miles de familias uruguayas que viven de la recolección de basura se están viendo afectadas por la caída del precio de las materias primas a nivel internacional.

Image caption La caída del precio de las materias primas afectó las ganancias de los recolectores de basura.

"Ahora hay que trabajar el doble para que la recolección rinda algo", se quejó Raúl Reyes, quien desde que perdió su trabajo como guardia de seguridad hace un año recorre a pie el centro de Montevideo todos los días junto a su esposa y su hijo pequeño.

Entre los tres juntan entre cinco y seis kilos de aluminio, mayoritariamente latas, que luego venden a intermediarios. Hoy en día reciben 9 pesos (US$0,40) por kilo, por lo que su ingreso en un día de trabajo es de unos US$2.

La baja de los precios, que en algunos casos es de 70 u 80%, ha provocado que muchos clasificadores dejen de recolectar materiales como plástico, cartón, nylon y aluminio, porque su trabajo no les garantiza un ingreso aceptable.

"En un momento, el cartón llegó a valer 3,50 pesos el kilo; hoy en día el mejor valor que se consigue es 50 u 80 centésimos. Por eso ahora no lo levantamos. El nylon transparente valía hasta 5 pesos el kilo y hoy está a 2 pesos", explicó a BBC Mundo Walter Rodríguez, integrante de la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (UCRUS).

El plástico es el material que perdió mayor valor. "Hace unos meses, vendíamos el kilo de botella blanca a 8 pesos y ahora nos pagan sólo 1", explicó Oscar González, otro integrante de la Unión.

La UCRUS pidió a la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) que les otorgue un subsidio "por el servicio social y ecológico que realizamos para la sociedad", algo que las autoridades comunales estimaron como inviable.

¿Servicio o molestia?

La IMM reconoce que sus servicios de recolección de residuos están recargados porque muchos clasificadores no están realizando su trabajo por no convenirles económicamente.

"Estamos tratando de hacer lo posible para que esto se normalice pero (la disminución de personas que realizan las tareas de recolección) ya está afectando la limpieza de la ciudad. Se está demostrando que los clasificadores le estaban brindando un servicio a los comercios de manera gratuita" (llevándose materiales como cartones y otros desechos que de otra forma deben contratar con la IMM o con privados), señaló Pereyra.

Los recolectores se quejan de que su labor no es reconocida. "La sociedad no aprecia el trabajo del recolector, que ayuda a vaciar los contenedores de ciertos materiales, como el cartón por ejemplo", aseguró Rodríguez.

Las principales objeciones de los ciudadanos de Montevideo hacia la labor de los clasificadores son, precisamente, la suciedad que generan al hacer su trabajo y el peligro que representan para los choferes, ciclistas y transeúntes.

"Trabajan en unos carros en muy mal estado tirados por caballos", le dijo Teresa Fuentes a BBC Mundo.

"A veces van tan cargados que van perdiendo las cosas por el camino. Y la mayoría revuelve y deja toda la basura afuera de los contenedores" (donde los residentes de la ciudad depositan sus bolsas de desechos), se quejó esta montevideana.

Rodríguez, de la UCRUS, reconoció que esto sucede aunque "tratamos de que no ocurra; nosotros ayudamos a mantener a la ciudad limpia con la recolección, la IMM no da abasto si nosotros no lo hacemos y eso se está viendo ahora", dijo en alusión al aumento de basura que se puede apreciar estos días en la mayoría de los barrios de la capital.

Poco control

La IMM controla la labor de los clasificadores, pero admite que tiene muy pocos inspectores asignados a esa tarea.

"Controlamos que tengan permiso, que los carros estén señalizados, que no circulen por las avenidas importantes, que no dejen basura afuera del contenedor, que no vayan niños en los carros", le indicó a BBC Mundo Eduardo Pereyra, director de la división limpieza de la IMM. Sin embargo, todas estas situaciones se ven a diario en la ciudad.

El trabajo del clasificador, que recorre la ciudad con carros, a pie o tirados por caballos, existe desde hace décadas en Montevideo. La crisis económica que afectó al país en 2002 provocó un incremento en el número de personas que se volcaron a las calles para revisar la basura en busca de materiales reciclables para su venta.

Un censo realizado a fines de 2008 por la IMM registró 5.000 clasificadores trabajando en la capital.

La UCRUS afirma que la cifra de los también llamados hurgadores es de más del triple. "Mucha gente no se enteró de que tenía que presentarse para el censo y quedó fuera del conteo", explicó Rodríguez. Aquéllos que no fueron censados no pueden trabajar, en teoría.

Muchos de ellos, como Reyes, llevan consigo a sus niños para que los ayuden en la recolección. De los 5.000 hurgadores censados, unos 3.000 manifestaron que hacen la tarea de clasificación en su hogar, donde participa toda la familia, indicó Pereyra, de la IMM.

Prueba piloto

A modo de prueba, a partir de agosto la municipalidad pondrá contenedores de color naranja en algunas zonas de la ciudad, donde los vecinos podrán desechar los materiales reciclables.

Para Pereyra, el objetivo de la política municipal es tratar de reducir el número de clasificadores.

"No se trata de esconder (esta realidad) sino de una cuestión más importante: este tipo de trabajo no lo queremos para Montevideo, queremos que esta gente tenga oportunidades de trabajo dignas y decentes y tener una ciudad en otras condiciones", aseguró.

Por ahora no hay planes concretos para que los miles de hurgadores puedan desempeñar una actividad alternativa que los ayude a afrontar las consecuencias de la crisis internacional.

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