Colombia: indígenas claman seguridad

Arhuacos
Image caption Los Arhuacos esperan que la violencia termine.

Tradicionalmente, los indígenas de Colombia se han opuesto a que el gobierno, las guerrillas y los paramilitares los involucren en el conflicto armado que ha azotado a ese país por décadas.

Sin embargo, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, consiguió, aunque con dificultad, que una tribu se uniera a su campaña contra las guerrillas marxistas.

Las montañas de la Sierra Nevada, en cuya cúspide se puede ver la nieve, alcanzan una altura de 5.800 metros.

Es una zona que ha sido el escenario de la lucha que mantienen los grupos guerrilleros de izquierda, los paramilitares de derecha y los carteles de la droga. Esos grupos buscan el control de los cultivos de coca y de las rutas que bajan hacia el mar y que cruzan hacia Estados Unidos.

A 1.000 metros por encima del nivel del mar, se encuentra la reserva de los Arhuacos, una tribu cuyos miembros visten togas blancas y hablan el mismo dialecto con el que, hace cinco centurias, recibieron a los colonizadores españoles.

La mayoría de la tribu vive en el nuevo poblado de Kankawarwa. Sus viviendas están construidas, como es tradicional en su cultura, con techos de paja y paredes de mimbre.

Kankawarwa se erigió con dinero del gobierno, en una aventura conjunta que le ha permitido a los Arhuacos reclamar la tierra que llegó a estar bajo el control de los paramilitares y, por otra parte, le ha permitido al gobierno continuar ascendiendo por las montañas con sus tropas, escoltadas por helicópteros, en busca de los insurgentes marxistas.

Relación complicada

La inauguración de Kankawarwa -"lugar de la loma sagrada" en el dialecto de los Arhuacos- y el acuerdo al que se llegó con los indígenas, fueron tan importantes para el gobierno que el mismo Uribe fue a la villa en helicóptero, a fines de marzo. Los soldados rodearon las montañas para proteger a la cabeza del Estado colombiano.

Image caption Muchos Arhuacos temen que el precio por tener seguridad sea muy alto.

"Esta inauguración genera confianza y nos acerca, lo cual es fundamental", señaló el gobernador arahuaco Rogelio Mejía.

"No creo que los indígenas hayan alguna vez aplaudido las fuerzas de seguridad, por lo menos no aquí, en la Sierra".

Colombia cuenta con 80 tribus indígenas, las cuales han estado en la línea de combate durante los 45 años de conflicto armado.

Víctimas de guerra

Recientemente, una comisión de la tribu Awa, en el sur de la provincia de Nariño, recuperó ocho cuerpos de sus miembros que murieron a manos de las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A fines de marzo, en el occidente de la provincia del Chocó, al menos 400 integrantes de la tribu Embera fueron obligados a abandonar sus hogares, después de que se desarrollaron enfrentamientos entre guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y grupos de narcotraficantes.

Aunque los derechos de los grupos indígenas y su autonomía están plasmados en la Constitución de 1991, las diversas tribus indígenas han tenido una relación complicada con el presidente Uribe.

Su posición ha sido constante: no quieren extraños en sus reservas, ni rebeldes ni soldados.

Uribe ha insistido en que ninguna parte del territorio colombiano debe estar ajena al control gubernamental y, de hecho, ha enviado sus soldados a muchas reservas.

Sobreviviencia

Los líderes más veteranos de los Arhuacos han apostado por la cooperación con las fuerzas de seguridad con la esperanza de que la paz retorne a su reserva y a su gente. Sin embargo, no todos en la tribu están de acuerdo.

Image caption Indígenas Awa fueron víctimas de un ataque en febrero.

Leonor Zalabata teme que en la primera etapa del plan gubernamental se imponga un control sobre su población en contradicción con la autonomía que garantiza la Carta Magna.

Vestida con la tradicional túnica blanca y con adornos alrededor de su cuello, Leonor está preocupada por las consecuencias de permitirles a las tropas desplazarse libremente por la reserva.

"No se trata de las represalias que las guerrillas puedan tomar, sino de las acciones de los soldados", señala. "Ya hemos recibido denuncias que soldados que han abusado y violado nuestras mujeres".

"Cultura en riesgo"

Otra inquietud expresada por los nativos es que no sólo su seguridad está amenazada, sino su cultura.

"Entre mayor es el contacto que tenemos con el gobierno, mayor es el número de personas que vienen a la Sierra y mayor será su intento por diluir nuestra cultura, nuestras tradiciones", indicó Diego García.

Uribe no se demoró en calmar los temores de la tribu.

"Nosotros no estamos aquí para apropiarnos de nada, sino para dar", indicó el mandatario.

"Queremos dar paz y seguridad. Queremos ayudar a los Arhuacos a continuar con la preservación del medio ambiente de la Sierra, para que sigan desempeñando sus roles como guardianes de estas montañas".

En Bogotá, en las oficinas de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC), muchos ven el experimento con los Arhuacos con expectativa, pero a la vez con cautela.

Luis Andrade, de la ONIC, sabe mejor que nadie que la supervivencia de algunas tribus está en riesgo.

"Por cientos de años, hemos sido atacados. Hemos sido amenazados con la extinción, física y cultural", dijo.

"Tenemos que resistir como siempre lo hemos hecho. Debemos creer en nosotros mismos", reflexionó Andrade.

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