Dos muertes bajo sospecha

Dos familias mexicanas. Dos historias marcadas por el brote mortal de influenza. Otilio cree que su hija de 26 años murió de gripe porcina, pese a que el certificado de defunción dice neumonía.

Image caption Blanca Esther Muñoz fue enterrada en el cementerio de Xicohtzinco, estado de Tlaxcala.

Carmen, en cambio, está convencida de que su nuera murió de neumonía, aunque el gobierno considera que ella es parte de las 26 personas que han fallecido a consecuencia del virus.

Las dos víctimas fatales dejaron hijos y viudos que nunca olvidarán el día en que la influenza porcina llegó a México y transformó la vida de miles de personas.

BBC Mundo conversó con las dos familias. Esta es su historia.

"Mi nuera no murió del virus"

"Es una vil mentira". Eso responde Carmen Montes cuando se le pregunta por su nuera, Blanca Esther Muñoz, quien es considerada oficialmente como una de las víctimas fatales del brote de influenza porcina.

Blanca era maestra preescolar. Estaba embarazada de siete meses cuando un día se sintió enferma y fue ingresada por dos semanas en el Hospital del Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de Tlaxcala,120 kilómetros al este de Ciudad de México.

Murió el miércoles 29 de abril a las cuatro de la tarde. Su bebé, una niña de siete meses de gestación, logró sobrevivir y actualmente se encuentra en una incubadora.

La familia de Blanca está molesta. Dicen que ella nunca tuvo influenza, que murió de neumonía, tal como lo establece el certificado de defunción. No creen que exámenes posteriores arrojaron un diagnóstico diferente.

"La gente viene aquí a rezar los rosarios todas las tardes y nadie se ha infectado. Nosotros deberíamos estar todos muertos entonces, pero estamos sanos. Míreme, yo no tengo el virus", dice Carmen.

"Si fuera verdad que mi nuera murió de influenza, entonces por qué no acordonaron aquí, por qué no nos pusieron en cuarentena a todos los de esta casa, por qué no han cuidado a sus dos hijos", agrega.

"Nos enteramos por una vecina"

Ella está molesta porque asegura que hasta el día de hoy ninguna autoridad le ha comunicado oficialmente que Blanca Esther murió de influenza.

"Nos enteramos por una vecina que lo escuchó en la radio, el día del entierro como a las 10 de la noche. Si es verdad que ella murió de la gripe porcina, ¿por qué no nos mandan protección? Porque es falso", dice Carmen visiblemente enojada.

El esposo de Blanca Esther está desempleado. Hoy tiene que hacerse cargo de dos hijos y de la recién nacida que está hospitalizada.

Image caption La maestra de preescolar vivía en esta casa de Buenaventura, municipio de Papalotla.

El cuerpo de su mujer descansa en el cementerio de Xicohtzinco, estado de Tlaxcala.

BBC Mundo intentó entrevistar a las autoridades locales, pero nadie estuvo disponible para referirse al caso.

"Mi hija murió de la gripe porcina"

El caso de Marta Sofía Ramírez es exactamente lo opuesto. Su certificado de defunción dice que murió de neumonía el jueves 2 de abril en el Distrito Federal.

Pero su padre está convencido de que Marta murió del virus, aunque jamás podrá comprobarlo. Su cuerpo fue cremado y nunca se obtuvieron muestras para determinar si se trataba de una neumonía común o del nuevo brote de influenza desconocido en aquel entonces.

A sus 26 años de edad, Marta dejó un niño de 8 meses y un esposo que la seguirá recordando. Igual que su padre y el resto de la familia.

"Es que en ese momento no se sabía lo de la influenza porcina. Mi hija era una niña sana. No tenía nada. Llegó con los mismos síntomas de esta gripe a uno de los hospitales del seguro social y murió así, de un golpe", dice Otilio Ramírez en conversación con BBC Mundo.

"Yo no voy a llorar"

Muchas familias se preguntan lo mismo. ¿Cuántas de las personas que murieron en las semanas previas a la confirmación del brote también fueron víctimas de la influenza porcina?

No se sabe y probablemente nunca se sabrá. Será la sombra del virus que seguirá rondando en los rincones de la incertidumbre.

Pese a lo sucedido con su hija, Otilio dice que tiene mucha fuerza para salir adelante.

"Yo no voy a llorar. La vida sigue y hay que seguir con ella", dice.

Lo acompaña el recuerdo de su hija. "A ella le gustaba mucho la música. Por eso cuando se murió le pusimos los Beatles y Cold Play. A veces nos peleábamos por el fútbol, porque ella era fanática del América", cuenta el padre.

Marta estudiaba relaciones internacionales y trabajaba como ejecutiva de ventas de un consorcio médico. Uno de sus sueños era conocer Inglaterra, un viaje que ahora su padre espera poder realizar algún día.

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