Argentina: una pelea voto a voto

 Cartel de propaganda electoral en Argentina.
Image caption Los sondeos señalan que Kirchner y De Narváez estarían virtualmente empatados.

Unos 28 millones de electores deciden este domingo el nuevo mapa del poder en Argentina, en unos reñidos comicios legislativos que marcan la mitad del mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En la elección, por la que se renovarán un 50% de las bancas en la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, el oficialismo busca retener la mayoría parlamentaria, que mantiene nominalmente desde la asunción de la mandataria Fernández, hace dos años.

Por eso, el partido del gobierno, Frente Justicialista para la Victoria (o peronismo), diseñó listas de alto impacto para los distritos clave. En particular, la provincia de Buenos Aires, donde se concentra casi el 40% del electorado del país.

"Buenos Aires siempre es un escenario polarizado y tiende a establecer la tendencia para el resto del país. Es tan importante políticamente, que una ventaja en esta provincia puede definir la lectura que se haga de los resultados: un triunfo aquí puede dejar en segundo plano el hecho de que se pierda una elección a nivel nacional", señala a BBC Mundo el analista político Rosendo Fraga.

Así, el ex mandatario y esposo de la presidenta, Néstor Kirchner, salió al ruedo para liderar en territorio bonaerense la boleta de candidatos a la diputación, seguido de otros dos "pesos pesados": el gobernador de la provincia, Daniel Scioli, quien goza de altos niveles de adhesión, y la actriz Nacha Guevara, convocada para atraer el voto popular.

Según marcan las encuestas, el principal rival del oficialismo es Francisco de Narváez, empresario y diputado desde 2005, quien representa al peronismo disidente y encabeza la propuesta opositora de la alianza Unión-PRO, de corte conservador.

Batalla de nombres

Image caption Para el matrimonio Kirchner, se trata de una instancia para legitimar su gestión.

Aunque el sistema democrático en Argentina establece la votación por listas partidarias, y no por candidatos individuales, lo cierto es que, sobre todo en el distrito bonaerense, la lucha será de hombre a hombre.

Los sondeos preelectorales señalan que Kirchner y De Narváez estarían virtualmente empatados en intención de voto, y cosecharían alrededor del 30% de los sufragios cada uno. La mayoría de los relevamientos otorga una leve ventaja al candidato oficial, aunque de menos de tres puntos.

Tercero en las encuestas figura el Acuerdo Cívico y Social, que lleva a Margarita Stolbizer y Raúl Alfonsín, hijo del ex presidente fallecido en marzo pasado, a la cabeza de las nominaciones.

Aunque la mirada de analistas y políticos está fijada en la provincia de Buenos Aires, las elecciones se realizarán en los 24 distritos del país, para renovar 127 de las 257 bancas de la Cámara baja y 24 de los 72 senadores, además de puestos legislativos provinciales y autoridades municipales.

Campaña "sucia"

Argentina llega a las urnas después de meses de una feroz batalla proselitista, con pocas propuestas concretas y un sinfín de cruces verbales entre rivales.

Néstor Kirchner fue duramente criticado por su decisión de promover las llamadas "candidaturas testimoniales", por las cuales convocó a intendentes y gobernadores en ejercicio que gozan de buena reputación a "prestar" sus nombres a las listas para arrastrar votos, aunque de antemano se informó que, en caso de ser elegidos, éstos no asumirían sus cargos.

Por su parte, De Narváez fue vinculado a crímenes del narcotráfico, en una causa judicial por tráfico ilegal de efedrina, una sustancia que se utiliza para producir metanfetamina y otras drogas.

El candidato opositor recusó la citación a declarar como imputado en el caso, y denunció que era víctima de una "campaña sucia" por parte del gobierno.

Image caption Gran parte de la carrera electoral estuvo marcada por la banalización que impuso la TV.

Además, gran parte de la carrera electoral estuvo marcada por la banalización que impuso la TV: el programa humorístico "Gran Cuñado", una parodia del reality show "Gran Hermano" protagonizado por imitadores de los principales políticos en campaña, se convirtió en escenario para sacar a relucir miserias y virtudes de los aspirantes a cargos públicos, en vivo cada noche y para millones de telespectadores.

El programa, el más visto de la TV argentina, fue de visita obligada para los candidatos "reales", que interactuaron con sus dobles a la espera de impresionar favorablemente a los televidentes y sumar algunos votos. Según una encuesta, un 15% del electorado consultado opinó que la sátira había influenciado su decisión en las urnas.

El fantasma del fraude

En los días previos a la elección, distintos partidos de la oposición denunciaron la posibilidad de irregularidades o fraudes, orquestados desde el gobierno, a través de maniobras como el uso de documentos falsos o la desaparición de boletas de las mesas de votación.

Según los reclamos, el oficialismo manipularía los números para sacar una ventaja de 2 a 3 puntos porcentuales, lo que garantizaría la victoria en esta ajustada contienda. De Narváez consideró que, ante el avance de su partido, éste sería el "último recurso" para "falsear la voluntad popular".

El gobierno salió al cruce de las acusaciones y calificó de "irresponsables" a las fuerzas opositoras.

"Es una irresponsabilidad de quienes lo señalan para no creer que hay una intencionalidad política, que es la de deslegitimizar a aquellos que finalmente son elegidos por la voluntad popular", subrayó el ministro del Interior, Florencio Randazzo.

Según el funcionario, se han instalado cámaras en los establecimientos de votación de barrios potencialmente conflictivos, para evitar incidentes.

Instancia crucial

Image caption De Narváez dice que representa “el cambio” que llega para “cerrar una forma de hacer política".

Aunque se trata de una elección de medio término, los resultados del domingo serán cruciales para el futuro político de Argentina.

Para el matrimonio Kirchner, se trata de una instancia para legitimar la gestión en marcha y asegurarse el apoyo legislativo para los dos años que tienen por delante.

La inflación sostenida, las señales de recesión económica y el prolongado conflicto con el sector agropecuario han dañado los índices de popularidad de la mandataria y su esposo, a quien muchos consideran el principal responsable del rumbo que sigue el país aún cuando no ocupe un cargo público.

Argentina es hoy un país polarizado, entre aquellos que defienden el modelo del gobierno y una porción creciente de ciudadanos descontentos con la gestión kirchnerista.

En este contexto, el ex mandatario ha teñido a estos comicios legislativos de un carácter plebiscitario: "somos nosotros, o el caos", fue su mensaje de campaña.

La fragmentada oposición, en tanto, también ha adherido a esta suerte de dramatismo político con el que Argentina llega a las urnas. De Narváez, por caso, repitió que representa "el cambio" que llega para "cerrar una forma de hacer política", en alusión al actual gobierno.

Lo cierto es que, más allá de la lectura que se haga de los resultados tras el escrutinio, los analistas coinciden en que el partido de Kirchner mostrará un desempeño muy por debajo al de las últimas elecciones, donde obtuvo el 45% de los votos.

Con una pérdida de unos 10 puntos porcentuales, según indican todos los pronósticos, el peronismo quedaría en una situación de debilidad, enfrentado a la necesidad de cerrar alianzas y negociar apoyos para garantizar la gobernabilidad hasta 2011.

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