EE.UU. y los fantasmas del pasado

En la primera gran crisis latinoamericana de su gobierno, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se expresó con claridad. "(Manuel) Zelaya sigue siendo el presidente de Honduras", dijo. Pero muchos no ven en los gestos la misma contundencia de las palabras.

"Sería un terrible precedente si empezamos a retroceder hacia la era en que vemos golpes militares como medios de transición política, en lugar de elecciones democráticas", declaró Obama.

"La región ha alcanzado un progreso enorme durante los últimos 20 años al establecer tradiciones democráticas en América Central y América Latina. No queremos volver a un pasado oscuro".

Larry Birns, director del Consejo para Asuntos Hemisférico (COHA, por sus siglas en inglés), un centro de estudios regionales con sede en Washington, declaró a la BBC que Estados Unidos, como el resto de la comunidad internacional, "reconoce a Zelaya como el presidente legal y constitucional de Honduras, pese a que él pueda ser visto como un hombre difícil, no siempre atractivo".

Para Birns, "el tema no es el individuo. Es el proceso, y no se puede legitimar un golpe militar contra el presidente constitucional. América Central y América Latina han pagado un precio demasiado alto en décadas recientes como para permitir que esto vuelva a ocurrir".

Embajador y ayudas

Birns insiste en que la posición continental se basa "en que muchos países no quieren revivir recuerdos dolorosos de gobiernos militares que permanecen en la memoria colectiva hemisférica".

Sin embargo, a pesar de la clara posición de Washington a favor de la constitucionalidad y de la suspensión este miércoles de las actividades militares conjuntas, la reacción de la Casa Blanca no ha sido tan dinámica en cuanto al retiro de su embajador en Honduras, como han hecho varios países latinoamericanos.

Además, el Departamento de Estado está todavía revisando la suspensión de la ayuda al gobierno del presidente designado por el Congreso, Roberto Micheletti, parte de la cual está condicionada a la integridad del sistema democrático.

¿A qué se debe esta aparente incongruencia?

"Fantasmas del pasado"

En referencia al pasado, Obama destacó que su país "no siempre ha estado donde ha debido" en relación con las democracias regionales.

Image caption Clinton dio indicios de que no se han cortado las ayudas con la esperanza de que haya un retorno democrático.

La corresponsal de la BBC en Washington Kim Ghattas opina que la supuesta ambigüedad de la Casa Blanca "es una señal de que Washington no quiere usar su influencia para facilitar el regreso de Zelaya al poder por el temor de que se pueda hablar de intervencionismo, de lo que EE.UU. tiene una larga y compleja historia en la región".

Ghattas añadió que "esta reacción está en línea con la promesa que hizo Obama a América Latina cuando estuvo en la Cumbre de la Organización de Estados Americanos (en Trinidad y Tobago, en abril pasado) de no dictar más políticas al continente y sí convertirse en un miembro en igualdad de condiciones".

La analista Susanne Gratius, de la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, consideró que "Estados Unidos está esperando que pase el plazo de 72 horas dado por la OEA para que Honduras vuelva al orden constitucional (bajo la amenaza de suspender al país del organismo) y que se defina la situación. Si esto no ocurre, Washington tomaría medidas. Yo no veo una actitud vacilante, sino más bien de cautela, de prudencia".

Sin embargo, añade Kim Ghattas, "el tratamiento cuidadoso destaca cuán incómoda puede volverse la posición de la Casa Blanca al intentar perseguir los declarados principios de 'defensa de la democracia, la soberanía y la autodeterminación' si se trata de un líder con que el EE.UU. ha tenido relaciones frías".

Venezuela

De acuerdo con Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, para nadie era un secreto "que el Departamento de Estado no sentía un gran entusiasmo y hasta estaba molesto por algunas de las actitudes y posiciones del presidente Zelaya".

Aunque "pese a cualquier desacuerdo político que puedas tener, hay normas democráticas que tienen y deben seguirse", remarcó Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca.

Honduras, en cualquer caso, ha sido un fuerte aliado de EE.UU., y recibe un considerable monto de asistencia para el desarrollo y ayuda militar. EE.UU. es además el mayor socio comercial de Honduras.

Pero Zelaya, quien llegó al poder en 2006 como líder de centro-derecha, derivó en entusiasta de las posiciones del grupo encabezado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y se unió a la Alternativa Bolivariana para las Américas.

Ahora ha causado extrañeza ver a Chávez y a Obama suscribiendo las mismas ideas sobre el retorno de Zelaya al poder. "A mí me asombró leer los comunicados de ambos (Obama y Chávez) y ver la coincidencia" en las declaraciones", dijo a la BBC el director del COHA, Larry Birns.

Sin embargo, a la analista Susanne Gratius, no le sorprende la coincidencia. "Obama representa un Estados Unidos muy diferente del que vimos en el pasado", le dijo a BBC Mundo. "Se puede apreciar una mayor cooperación y acercamiento entre Estados Unidos, Canadá y América Latina".

Y "a la vez que Washington se ha visto del mismo lado que Caracas, la Casa Blanca ha rechazado alegaciones de Chávez de que ha tenido que ver con el golpe", destaca Ghattas.

Nada que ver

El martes pasado, el vocero Robert Gibbs aseguró que Estados Unidos había expresado su posición sobre la situación en Honduras para salir al paso a "cualquier rumor de que estuvimos involucrados" en el golpe.

"La propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, dio indicios de que su país todavía mantenía la esperanza de que el conflicto se pueda resolver, lo cual explicaría por qué EE.UU está aún revisando la asistencia que brinda a Honduras sin haberla suspendido", manifestó Kim Ghattas, de la BBC.

Clinton admitió que la situación "ha evolucionado en un golpe", lo cual técnicamente obligaría a su gobierno a rescindir la ayuda.

Pero la jefa de la diplomacia también expresó que "si logramos un status quo que posibilite el regreso del imperio de la ley y del orden constitucional en un período relativamente corto, considero que sería una buena salida".

Todavía permanecen las dudas sobre las posibilidades reales de encontrar esa salida.

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