El paraíso ya no es lo que era

Carro a caballo en Manitoba, Bolivia
Image caption Idílico y bucólico. Y sin embargo, los habitantes de Manitoba están consternados.

El lugar parece sacado de un cuento de hadas. Los únicos sonidos que se distinguen son el canto de los pájaros, las vacas mugiendo, las gallinas cacareando y algún que otro pastor alemán ladrando detrás las ovejas.

En todas direcciones se ven verdes campos de soja, girasol y sorgo. Las granjas lucen impecables, con brillantes tarros de leche en sus entradas esperando a ser recogidos. No hay autos, no hay ruidos de motores, no hay olor a gasolina, solo carros de caballos manejados por niños que ríen al pasar. Detrás de unos gansos corren niñas con vestidos floreados y sombreros blancos de alas anchas atados con moños. Parecería el cielo en la tierra, el paraíso. Pero no lo es. La imagen paradisíaca de este lugar es terriblemente engañosa. Un terrible crimen acaba de convertir este paraíso en un infierno.

"Esto nos ha cambiado para siempre", dice Ramón Kenelssen de la comunidad menonita de Manitoba, en el departamento de Santa Cruz, en el este tropical de Bolivia. A su lado, sus dos hermanos, Guillermo y Peter asienten con la cabeza. Los tres llevan la clásica vestimenta menonita de overol y gorra oscura. Con la consternación en el rostro, Ramón cuenta su casi inversímil historia: su madre de 57 años, su hermana Margaretta de 29 años y deficiente mental, sus dos primas, su tía y su cuñada, todas, han sido violadas. El descubimiento de estos terribles crímenes han golpeado fuerte e inesperadamente a esta cerrada y pacífica comunidad. Ocho hombres -menonitas todos ellos-, están ahora bajo arresto y siendo interrogados por la supuesta violación de decenas de mujeres de sus comunidades; desde niñas de cinco años hasta mujeres de 65.

Freddy Pérez, el fiscal que está atendiendo el caso especula que el número de casos puede subir hasta trescientos. "Generalmente éstas comunidades resuelven los asuntos entre ellos", dice Pérez. Pero ésta vez parece haber sido demasiado y han decidido entregar el caso a las autoridades bolivianas. "Es la primera vez que nos entregan un caso y no los podemos defraudar, la comunidad menonita está muy impresionada. Los acusados merecen ser castigados, por lo menos con 15 años", agrega Pérez.

La fiscalía ya ha envíado médicos forenses y psicólogos a Manitoba. Pero será un largo camino, las violaciones tomaron lugar en el transcurso de dos años y conseguir pruebas frescas será difícil.

En busca de ayuda

Image caption Johan Klassen, cuya hija de 17 años podría haber sido violada, dice que ya no está tranquilo.

Los menonitas no son muy amigos de hablar con gente de fuera de sus comunidades, pero ésta vez, parece que estuvieran dispuestos a hacerlo.

"Me levanté algunas veces por la mañana con mi ropa de noche toda desarreglada, a veces desnuda y sintiendo un dolor muy fuerte que me duró varios días", explica Justina Neudorf en su lengua natal, el Plattdeutsche, o Bajo Alemán, un dialecto ya casi extinto en Europa.

De acuerdo con las confesiones de los supuestos violadores y las investigaciones de los médicos forenses, Justina podría haber sido violada tres veces. "Y ahora, quién sabe…", agrega Justina perdiendo la voz.

Abraham Neudorf, su padre, explica que la religión es muy estricta con respecto a que las mujeres lleguen vírgenes al matrimonio. "Pero esto no ha sido su culpa, espero que sea tomado en cuenta". Pasando por la puerta de la granja de los Neudorf, desde uno de los carros a caballo, Juan Fearn, uno de los "ministros" religiosos confiesa en una español con fuerte acento alemán: "Le estamos pidiendo a la gente que hable, que cuente todo… Pero todavía no sabemos qué hacer". Los menonitas son protestantes ortodoxos -también llamados 'anabaptistas' por promover el bautismo sólo en adultos- que niegan toda forma de poder y riqueza, y hasta cierto punto de modernidad. La mayoría de ellos son holandeses de segunda o tercera generación que luego de haber sido perseguidos por motivos religiosos en Europa se instalaron en América.

Primero en Canadá, los Estados Unidos y México, y finalmente en el este de Bolivia y Paraguay, donde se estima que viven unos 50.000.

Somníferos y Viagra

Image caption La desgracia y la deshonra se han cebado en la familia de Ramón Klassen.

La plácida y tranquila imágen de ésta comunidad de 2.000 personas parece haber desaparecido.

Todos los miembros de ésta cerrada y conservadora comunidad parecen terriblemente consternados. Algunos, inclusive, piensan en empacar y marcharse a otras comunidades menonitas en Canadá o los Estados Unidos.

"Esto nunca será lo mismo", dice el veterano granjero Johan Klassen, quien ofreció su casa a la fiscalía para que los médicos forenses puedan realizar los chequeos correspondientes. "Parece que mi hija de 17 años ha sido violada, uno ya no puede vivir tranquilo aquí". Se especula que los supuestos violadores dormían profundamente a sus víctimas y a sus familiares con un aerosol somnífero para así poder actuar con tranquilidad. Parece ser que también consumían Viagra y un medicamento veterinario para poner en celo a los cerdos. Por las mañanas, muchas mujeres al no encontrar explicación alguna sobre lo sucedido acusaban a sus maridos. Algunas otras, simplemente, le atribuían los crímenes a mismo Belcebú, a quien creían inmerso en la comunidad. Ahora, nadie duerme tranquilo en Manitoba. En un lugar dónde las casas siempre estaban abiertas, ahora se están colocando candados en las puertas y rejas en las ventanas. Las miradas sospechosas abundan. En una comunidad extremadamente religiosa, inclusive la ira ha tomado cuerpo en algunos familiares de algunas víctimas. Parece ser que éste cielo en la tierra nunca volverá a ser un paraíso. Según el granjero Klassen: "Todavía hay miedo, mucho miedo. Estamos convencidos que ésto no ha sido todo".

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