Última actualización: jueves, 20 de agosto de 2009 - 05:43 GMT

Cromañón, un día de furia

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Todo comienza en un silencio tenso, espontáneo: sin que nadie dé la orden, cinco minutos antes de las tres de la tarde en la sala se acallan los murmullos.

Los familiares cierran los ojos, algunos. Abrazan las fotografías de hijos, hermanos, amigos perdidos, que todos llevan colgadas del cuello. Toman el brazo del vecino de asiento y compañero de lucha, esa en la que llevan cuatro años y medio, 103 audiencias, 12 meses de juicio.

Aquí hubo 15 imputados, donde uno puede admitir algunas absoluciones y algunas penas bajas, pero no esto.

José Iglesias, padre de una de las víctimas y abogado de varios familiares

Son alrededor de un centenar y todos se conocen. Los cruzó el mal destino, los une una fecha trágica: 30 de diciembre de 2004, el día en el que el incendio de la discoteca República de Cromañón causó la muerte de 193 personas.

Los familiares de las víctimas llegaron temprano al Palacio de Tribunales para poner sus fotos. Ciento noventa y tres caras de adolescentes sonrientes que, como en cada sesión del tribunal, se cuelgan desprolijas con cinta scotch, de frente a los jueces encargados del caso.

Pasan menos de 10 minutos desde que los tres magistrados del Tribunal Oral 24 suben al estrado y comienzan a dar lectura a la sentencia. Diez minutos, y la sala se convierte en un hervidero de gritos mal contenidos, de insultos, de llantos, corridas, desmayos.

“El tribunal resuelve (…) absolver a Patricio Rogelio Santos Fontanet, Eduardo Vázquez, Juan Carbone, Cristian Elezar Torrejón, Maximiliano Djerfy, Elio Delgado y Daniel Cardell, en orden de los delitos de estrago doloso seguido de muerte (…)”.

Por unanimidad, el tribunal ha decidido declarar la absolución de los miembros de la banda de rock Callejeros por el beneficio de la duda. Para ellos, que tocaron en Cromañón la noche de la tragedia, la fiscalía y los querellantes habían pedido entre 15 y 26 años de prisión, por considerarlos coorganizadores del concierto y responsables de alentar entre sus fans el uso de bengalas, esas que causaron el incendio.

La absolución de la banda arranca un “No” largo, desgarrado

La absolución de la banda arranca un “No” largo, desgarrado, y entre fuertes improperios e insultos gritados a viva voz, varios de los familiares se lanzan en carrera contra la fila de policías y el vidrio blindado que pone a resguardo a los imputados. Allí, de espaldas, está la banda, dos de ellos con una sonrisa de lado a lado.

A Diego Argañaraz, el ex representante de Callejeros, lo sentencian a 18 años de cárcel como coautor del incendio, junto al dueño de la discoteca, Omar Chabán. Debía saber entonces que se habían vendido casi tres veces más localidades de las que permitía la habilitación municipal.

* * *

Esa noche, Amelia acompañó a sus hijas Gabriela y Cinthia a ver el recital, como lo hacía siempre. Tenían 15 y 16, y no le parecía prudente que anduvieran solas en eso de despuntar el vicio rockero.

Familiares de las víctimas de Cromañón

Cromañón se convirtió en la peor tragedia en una discoteca en la historia argentina.

Gabriela, la menor, es hoy una foto en ese damero de casi 200 caras que los familiares de Cromañón llevan a todas sus marchas. Gabriela murió porque entró a buscar a Amelia. Amelia salió del fuego porque corrió a buscar a sus hijas.

“Mi hija, la que se me fue, me dijo ‘mamá, andá arriba que ahí ves bien el recital, acá te van a pisar’. Y me fui. No pensé que iban a ingresar tantos, era un verdadero enjambre”.

Una candela, y segundos después el fuego. Amelia bajó la escalera en sombras, cayó sobre una pila de chicos muertos por asfixia, corrió vallas, se agarró de la camiseta de alguien que, con más fuerza que ella, logró arrastrarla.

“Nunca habíamos llevado un bolso al recital, pero ese día sí. El bolso de Gaby, éste que tengo acá”, dice, y acaricia una cartera de lana tejida que se adivina lavada una y mil veces, con el emblema de la banda Los Piojos, porque “Gaby era piojosa de alma”.

clic Los peores incendios en discotecas

La cobertura impermeable del bolso la salvó. Recorrió la humareda con la cabeza dentro de la tela, que no dejó pasar ese humo tóxico que mató a otros en minutos.

Encontró a su hija. Ella misma le dio respiración boca a boca, le hundió el pecho en masajes cardíacos imposibles, le roció la cara con agua hasta que se la llevaron, inconsciente pero viva. Y la vio morir. No allí, sino días después, sin que nada pudieran hacer los médicos con sus pulmones irremediablemente calcinados.

En realidad, deberíamos haber imaginado que algo así iba a pasar

Amelia, madre de víctimas

Amelia es hoy familiar y sobreviviente de Cromañón, dos títulos a la vez. Militante de la causa, carga con un poster de su hija “piojosa” y sonriente, y reparte autoadhesivos y pulseras negras con el ícono de la tragedia: un dibujo de unas zapatillas deportivas anudadas, las que quedaron de a centenares en el piso de la discoteca, perdidas en la carrera contra el fuego.

“En realidad, deberíamos haber imaginado que algo así iba a pasar. Antes de que empezara a tocar Callejeros, Chabán lo dijo, se subió a la cabina del disc-jockey y lo dijo textual: ‘Che, pelotudos, dejen de tirar bengalas que acá somos tres mil y vamos a morir como en el shopping de Paraguay’. Él sabía que esto podía pasar”.

Días antes, el incendio del centro comercial Ycuá Bolaños de Asunción se había cobrado casi 400 vidas. Enseguida, Cromañón se convertiría en la peor tragedia en una discoteca en la historia argentina.

* * *

Omar Chabán entra último en la sala de audiencias. Muy flaco, entrado en canas, con un apósito en la frente, como cubriéndole una herida. Nada en él permitiría adivinar que fue un personaje popular en la escena rockera argentina de los años ´80, un provocador glamoroso, una celebrity que marcó tendencias.

A los 57 años, su último título como empresario del espectáculo reza: gerente y cara visible de República de Cromañón. El veredicto, que se ha mantenido en el más absoluto secreto, seguramente marcará el final de su carrera. Chabán lo sabe. No sabe cuál será la pena, pero será…

Familiares de las víctimas de Cromañón

Los padres marcharon hacia el llamado “Santuario Cromañón”.

“El tribunal resuelve (…) condenar a Omar Emil Chabán por considerarlo coautor penalmente responsable del delito de incendio doloso calificado por haber causado la muerte de 193 personas y lesiones a por lo menos 1.432 (…)”, lee el presidente del tribunal.

Veinte años es la condena, la más dura del caso. A las acusaciones de incendio se suman las de pago de coimas a la policía para permitir el funcionamiento de su local sin condiciones mínimas de seguridad.

“Chabán había tenido dos principios de incendio que le habían señalado que Cromañón no debía seguir existiendo”, reclama un padre a gritos, tras la sentencia.

Chabán escucha con la vista baja, mueve la cabeza, apenas un gesto de zozobra. Los familiares, en tanto, parecen celebrar la decisión con abrazos y puños cerrados, aunque luego varios de ellos dirán que la pena no les ha parecido suficiente. La fiscalía había pedido 23 y los querellantes, 26.

Hay más en el entramado complejo de la causa, que tiene un legajo de unas 2.500 páginas: el subcomisario Carlos Rubén Díaz, encargado de la comisaría más cercana en el momento del incendio, irá a la cárcel por 18 años; y dos años cumplirán las ex funcionarias del gobierno porteño Fabiana Fiszbin y Ana María Fernández, responsables por entonces de la habilitación de discotecas.

“Aquí hubo 15 imputados, donde uno puede admitir algunas absoluciones y algunas penas bajas, pero no esto. Chabán es el idiota útil que nos han dado para que miremos a otro lado: para que no notemos las falta de penas al gobierno”, reclama José Iglesias, abogado de la mayoría de las familias y padre de Pedro, otro muerto de Cromañón.

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Aníbal Ibarra, jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cuando Cromañón se hizo tragedia, fue destituido de su cargo tras el incendio.

Omar Chabán, propietario de la discoteca Cromañón

Chabán fue sentenciado a 18 años de cárcel.

Horas antes de la lectura de la sentencia, los padres en vigilia pegan carteles que reclaman por la responsabilidad del funcionario. “Juntos, Ibarra y Chabán a (la cárcel de) Marcos Paz”, rezan los afiches. Los familiares de las víctimas señalan al ex alcalde como uno de los mayores responsables, pese a que ha sido sobreseído por la Justicia.

“Basta ya… de tanta injusticia y dolor/ basta ya… el fuego aún no se apagó”, canta Marcelo Santillán, encorvado sobre su guitarra.

Tiene 30 años, cara afilada, voz áspera y título de sobreviviente. Había ido con cinco amigos a Cromañón y vivió para contarlo. Y lo hace con música: “Basta ya”, el tema que compuso en 2005, se ha convertido en himno de los familiares militantes.

“Tenemos que tomar conciencia todos. Seguir luchando por los que quedan afuera de este juicio, que son Ibarra y los encargados de seguridad. Hasta que no nos pasa, no nos preocupamos… Tenemos muy metido eso del ‘no te metás’”, opina Santillán cuando se toma un respiro de la guitarreada.

“Y te digo: yo voy a ver fútbol, y en cualquier momento pasa un Cromañón en una cancha”, dice.

Llega el estribillo y los carteles se alzan en la noche de vigilia, las voces enojadas se apropian de los versos y tapan la voz del mismo autor.

“Resistir a la impunidad de inmunes señores/hoy grito por aquellos que no pueden gritar/pero están”, cantan los familiares.

Santillán dice que está preocupado por los padres, porque son muchos meses de lucha, porque la sentencia no les devolverá a sus hijos.

“Y encima, el banderazo: los seguidores de Callejeros hacen un banderazo a favor de la banda, justo acá… no hacía falta, eso es provocar”, opina.

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Cuando la sala de audiencia estalla y el tribunal llama a un receso imprevisto, son muchos los que quieren salir. Familiares que prefieren no quedarse a escuchar los fundamentos de las sentencias, porque no habrá figura jurídica que les calme la rabia.

Afuera, en pleno centro porteño, las calles se convierten en escenario de batalla, entre los dos “bandos” que parece haber creado Cromañón.

Los seguidores de Callejeros, unos 400 reunidos en la plaza frente a los tribunales, festejan con mate, cerveza y cigarrillo. Hasta que se encuentran con los familiares de las víctimas y quienes apoyan su causa.

Esta injusticia es porque somos padres mansos. No más padres mansos, no más

Madre de una de las víctimas

Se gritan, se provocan. La intervención de las fuerzas policiales, con gas pimienta y carros hidrantes, no hace sino aumentar la violencia.

Por las calles caen las vallas que protegían la entrada del tribunal, caen manifestantes que tropiezan en la carrera, caen piedras, caen oficiales heridos, caen familiares a los que el cuerpo ya no les resiste la tensión del “día histórico” del final del juicio.

Cuando pasa la furia inmediata, los padres se encolumnan para marchar hacia el llamado “Santuario Cromañón”, un rincón lleno de recuerdos de las víctimas en una esquina del barrio de Once, muy cerca de donde ocurrió el incendio fatal.

“Esta injusticia es porque somos padres mansos. No más padres mansos, no más”, repite como un mantra una de las madres, abrazada a una foto ajada.

“Nos han traicionado mucho. Nos hemos quedado sin nudillos de tantas puertas que hemos golpeado… Cada día nos meten un cuchillo en la herida, no nos dejan vivir el duelo en paz”, dice Jorge Giralt, padre de Emiliano, un socorrista de 21 años que entró más veces de las debidas a cumplir su labor en la discoteca en llamas.

Para cuando se restablece la calma, Callejeros ha logrado salir en auto custodiado y Chabán espera dentro del recinto para evadir los disturbios. Nadie irá hoy a la cárcel: las condenas deben ser confirmadas por la Cámara de Casación Penal, en un proceso que puede llevar varios meses.

“Basta ya”, canta Marcelo Santillán. Basta ya, cantan pero gritan los familiares de 193 que ya no están.

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