Nuevo San Juan: ¿paraíso en el infierno?

BBC Mundo visitó una comunidad indígena que ha sido aplaudida por su sostenibilidad y que subsiste en una de las zonas más peligrosas de México.

Image caption La comunidad de San Juan se enfrentó a la adversidad en 1944 con la erupción del volcán Paricutín.

En las profundidades de la parte más densa del bosque de la sierra michoacana, en el altiplano mexicano y en el corazón de las rencillas del crimen organizado, existe una comunidad indígena que según expertos, ha logrado un ejemplar modelo de desarrollo sostenible.

Algo extraño en un país donde la subsistencia y la sostenibilidad difícilmente van de la mano. Pero hay excepciones.

El Instituto Nacional de Ecología (INE), afirma que es probable que la empresa comunitaria de Nuevo San Juan de Parangaricutiro sea la más diversificada y sofisticada de México.

La comunidad indígena de Nuevo San Juan, perteneciente a la etnia purépecha, es propietaria de 20 empresas, que tienen como fuente principal de abastecimiento las riquezas del bosque y con las que generan cerca de 1.500 empleos y cubren las necesidades de casi 7.000 personas.

La erupción

Image caption La reforestación y una vigilancia constante de los bosques son trabajos prioritarios en la comunidad.

El desarrollo de esta comunidad es tan complejo como su mismo nombre.

Para entenderlo, hay que ir hasta 1944 cuando la erupción del volcán Paricutín enterró bajó la lava los cimientos de un pueblo que por 300 años se erigió sobre sus faldas.

Forzados a desplazarse, los indígenas se adentraron en el bosque e hicieron de sus pinos y encinos su mayor recurso.

Tardaron más de 30 años, sin embargo, en darse cuenta de que había que organizarse, apropiarse de sus recursos y establecer leyes para la explotación de la madera y la tenencia de la tierra.

Después, crearon programas de reforestación y vigilancia de sus bosques en los que la principal regla es mantener un límite de 70 mil metros cúbicos de explotación del bosque.

Además, acordaron renunciar a sus derechos individuales sobre la propiedad y trabajaron sobre la base de una empresa comunal que destina sus ganancias a la reinversión, nuevos proyectos, recuperación de tierras y trabajos sociales.

Un bosque, varias empresas

Image caption La comunidad genera 900 empleos directos y 500 indirectos.

Una de las prioridades de la comunidad es la venta de aguarrás, que se crea a partir de la extracción de resina, sin afectar la vida útil de los árboles.

La resina es la sangre a través de la cual los indígenas analizan si un árbol está listo para morir.

"Extraemos la resina de los árboles adultos por varios años y finalmente, cuando el árbol se rinde, se tala", explicó a BBC Mundo Francisco Echeverría, comunero de Nuevo San Juan.

La comunidad también produce muebles, astillas para celulosa, cajas y distintos tipos de madera.

Pero no se trata exclusivamente de artesanos, Nuevo San Juan tiene entre sus empresas un canal de televisión por cable, cabañas eco-turísticas, una purificadora de agua, una tienda comunal, una empacadora de frutas y una fábrica de agroquímicos y abonos orgánicos, así como plantaciones de aguacate.

Sus productos son vendidos a grandes empresas mexicanas y también son exportados a Japón, Estados Unidos, Irlanda y Bélgica.

Ante la gran variedad de productos, exportaciones y un elogiado éxito empresarial, la gran pregunta es a cuánto ascienden las ganancias de Nuevo San Juan, una pregunta que son bastante renuentes a contestar.

Después de mucho insistir, finalmente la contadora de la comunidad Alejandra Ruiz, informó que Nuevo San Juan genera cerca de US$4 millones anuales, pero las cifras exactas de sus ingresos prefirió mantenerlas en secreto.

¿Proyecto sostenible?

Image caption Académicos de varias partes del mundo han visitado la comunidad pues es considerada un ejemplo a seguir.

La comunidad ha ganado varios premios internacionales por su desempeño y expertos coinciden en que el caso de Nuevo San Juan es un referente obligado entre ambientalistas, ya que ha logrado aprovechar sus recursos así como conservarlos de manera sostenible, como explicó a BBC Mundo el Dr. Gerardo Bocco, director del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental y coautor del libro "Las enseñanzas de San Juan".

"Se trata de un ejemplo de 30 años de trabajo sostenido", afirma convencido.

Según explica Narciso Murillo, gerente general en Nuevo San Juan, la ventaja más importante de la comunidad es su organización.

Una vez al mes llevan a cabo una asamblea general en la que los 1.254 comuneros tienen voz y voto y discuten la situación y el futuro de sus empresas.

"Hemos superado las envidias. Creemos que el bien colectivo hace que nos mejoremos todos, y si bien no somos del primer mundo, al menos aprovechamos los recursos de manera comunitaria y sustentable. Sabemos que los recursos son para el hombre siempre y cuando los explotemos de manera adecuada", afirma.

La comunidad de Nuevo San Juan se distingue además por altos niveles de educación básica y universitaria entre sus miembros y una gran participación de las mujeres en la toma de decisiones: 200 de ellas son comuneras.

Las amenazas

Sin embargo, Nuevo San Juan enfrenta problemas ligados a disputas con comunidades vecinas por el acceso y la protección de sus recursos y la amenaza que representan los grupos de crimen organizado encabezados en esta región por La Familia, uno de los mayores carteles de drogas en México.

El estado de Michoacán ha sido escenario de varias de las ofensivas más violentas de esta organización.

Fue en este estado donde, en septiembre pasado, un ataque con granadas mató a ocho personas e hirió a más de 100 en plena celebración del día de la independencia.

Image caption En meses recientes la tensión entre la Familia y la policía del estado de Michoacán se ha intensificado.

En meses recientes, el ex alcalde de Uruapan, localidad ubicada apenas a 30 kilómetros de Nuevo San Juan, fue detenido y encarcelado acusado de tener nexos con el narcotráfico.

Y apenas hace algunas semanas, el homicidio de 12 policías obligó al gobernador de Michoacán a militarizar el estado.

A pesar de la difícil situación que enfrenta la región, en Nuevo San Juan se respira tranquilidad, según aseguran turistas que se han hospedado en las cabañas eco-turísticas de la comunidad y académicos que han llevado a cabo trabajo de campo en la zona.

Diego Pérez Salicrup, doctor en biología del Centro de Investigaciones en Ecosistemas, señala que nunca se ha sentido inseguro cuando trabaja en este lugar.

Sin embargo, también explicó que "como productores, (los indígenas de la comunidad) no pasan desapercibidos y eso los hace vulnerables a secuestros".

Y es que además del tráfico de drogas, la extorsión y el contrabando son otras de las actividades principales del crimen organizado en la región.

Reto mayor

Image caption La comunidad de Nuevo San Juan tiene proyectos de ecoturismo.

"En Michoacán, 85% del sector productivo legal ha sido infiltrado por La Familia", según afirma el Dr. Edgardo Buscaglia, director del International Law and Economic Development Center, de la Universidad de Virginia.

"Si eres dueño de una empresa exitosa en Michoacán, seguramente pagas dinero por extorsión y en caso de que no estés forzado a pagar, es porque tu operación o proyecto de alguna manera le pertenece a La Familia", afirma Buscaglia.

Sin embargo, en Nuevo San Juan el crimen organizado y el narcotráfico son temas en los que los comuneros prefieren no ahondar y afirman que sus problemas "son los mismos que enfrentan cualquier comunidad indígena que busque proteger sus recursos".

Este grupo de indígenas purépechas sobrevivió a un desastre natural y se erigió nuevamente, pero seguir subsistiendo en una de las regiones más violentas de México, sin volverse cómplice o sin salir afectado, parece ser un reto aún mayor.

El proyecto que dio origen a este trabajo fue el ganador de las Becas AVINA de Investigación Periodística. La Fundación AVINA no es responsable por los conceptos, opiniones y otros aspectos de su contenido