Uruguay, a la caza del "voto Buquebus"

José Mujica y Cristina Fernández
Image caption Mujica, candidato del Frente Amplio, y la presidenta argentina se reunieron en Buenos Aires.

La elección en Uruguay se medirá voto a voto y los candidatos lo saben. Según las últimas encuestas, José "Pepe" Mujica y su principal rival, Luis Alberto Lacalle, pelearán cabeza a cabeza en los comicios presidenciales de octubre.

A 40 días de la votación, el hombre del gobernante Frente Amplio muestra una ventaja sobre Lacalle, la figura del Partido Nacional o Blanco, pero todo indica que ninguno de los dos obtendrá la "mitad más uno" que exige la Constitución uruguaya y deberán medirse en un ballotage en noviembre.

En busca de apoyo extra, los dos desembarcaron en la vecina Buenos Aires para conquistar a la diáspora uruguaya: con unos 400 mil residentes y unos 30 mil habilitados para votar, esta comunidad constituye la principal fuerza de incidencia, fronteras afuera, en los resultados de las urnas.

Aunque el número de sufragantes puede parecer poco representativo, lo cierto es que en elecciones anteriores sirvió para inclinar la balanza. Ocurrió en 2004, cuando Tabaré Vázquez accedió a la presidencia, y también fue clave en el retorno de la democracia de 1984, a fuerza de votos de exiliados políticos.

El fenómeno tiene incluso nombre propio: el "voto Buquebus", tal como se llama la principal empresa de transporte fluvial que une los dos puertos rioplatenses en cuestión de horas.

"Es muy difícil medir el peso final, pero es claro que en un país pequeño de poco más de 2 millones de votantes tienen incidencia, sobre todo si hay segunda vuelta", señaló a BBC Mundo la socióloga Mariana Pomies, de la consultora uruguaya Cifra.

¿Ballotage reñido?

Las últimas mediciones de Cifra otorgan a la dupla José Mujica-Danilo Astori, una ventaja de 13 puntos por sobre el ex presidente Lacalle: 45% contra 32%, con 11% de indecisos.

Si hubiera segunda vuelta, el Partido Colorado –que tiene una intención de voto inicial de 10%– se aliaría con su rival histórico, el Blanco, para volver muy pareja la disputa.

Los analistas señalan que es precisamente en condiciones de paridad donde cobran peso "los exiliados". Y es que los votos de los uruguayos de Argentina equivalen al de los padrones de algunos de los departamentos pequeños del propio país.

Sin embargo, todos coinciden en señalar que los "votantes Buquebus" difícilmente puedan dar vuelta un resultado.

"No hay estudios demasiado afinados, pero lo que observamos es que el voto espontáneo se neutraliza: los que viven afuera votan más o menos en la misma proporción que los que viven acá", dijo a BBC Mundo Oscar Bottinelli, director de la consultora Factum de Montevideo.

Espontáneos vs. organizados

Sin embargo, hay otra categoría de votantes: aquellos que no son "espontáneos" sino que conforman grupos organizados desde los mismos partidos uruguayos para arrastrar votos para sus candidatos.

Image caption El Frente Amplio realizó un acto en busca del voto de los uruguayos que residen en Argentina.

Y el "voto organizado" desde Argentina tiene un cierto sesgo: la estructura del Frente Amplio al otro lado del Río de la Plata es más poderosa que la de otras fuerzas y es potencialmente capaz de arrastrar a un mayor número de partidarios a "cruzar el charco".

Según estiman los expertos, en 2004 este movimiento sumó unos 9.000 votos para Tabaré Vázquez, y su peso esta vez podría ser relevante "en caso de recuento voto a voto", según Bottinelli.

Quizás por eso Mujica pidió a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que decretara asueto para los uruguayos que viajen en la jornada cívica, ya que el país no permite el voto en sus consulados.

Recrudece la campaña

Durante meses, la contienda uruguaya había sido tibia y sin grandes cruces verbales entre sus protagonistas. Pero la visita de Mujica a Buenos Aires, la semana pasada, elevó la temperatura proselitista.

En una entrevista con un periódico argentino, el candidato oficialista, un ex guerrillero tupamaro de los '60, opinó que la violencia armada contra el régimen militar uruguayo (1973-1985) "fue muy justificada". Y añadió: "Yo quiero saber la verdad, pero en la Justicia no creo un carajo", según publicó La Nación.

El compañero de fórmula de Lacalle, Jorge Larrañaga, calificó estos dichos como "gravísimos" y opinó que ponen "en tela de juicio" las condiciones de Mujica para ser presidente.

A la hora de armar su agenda de visita, los rivales también exhibieron sus diferencias.

Mujica se reunió con la mandataria Fernández, tuvo público apoyo de su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, y fue recibido con afiches de una campaña callejera que, en tono crítico, dejaba en evidencia este vínculo cercano: "Bienvenido Muji-K", decían los carteles.

Lacalle, quien pasó por Buenos Aires este miércoles y buscó adhesión entre empresarios de la Cámara de Comercio Argentino-Uruguaya, consideró que las relaciones de su oponente con la Casa Rosada eran "una mala señal" y acusó al gobierno argentino de "injerencia" en los asuntos internos de su país.

El tema que ninguno de los dos pudo eludir fue el conflicto diplomático entre Montevideo y Buenos Aires por la construcción de una fábrica de celulosa sobre un río fronterizo, que se dirime por estos días ante un tribunal internacional.

"Uruguay es un país soberano y tiene derecho a poner sus fábricas donde tenga ganas. Más si son plantas que, como se ha probado, no contaminan", declaró Lacalle.

Mujica mostró coincidencias con su oponente en este terreno, al considerar que el activismo contra la fábrica era una forma de "extremismo" y proponer, como resarcimiento, la financiación de proyectos turísticos del lado argentino.

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