Última actualización: viernes, 2 de octubre de 2009 - 13:38 GMT

Malvinas/Falklands: viaje "histórico"

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Algunos llevan 27 años esperando y cuentan las horas que quedan para vivir un día histórico: los familiares de soldados argentinos caídos en la guerra de Falklands/Malvinas viajarán este sábado a las islas del Atlántico para rendir homenaje a sus muertos.

Se trata de un proyecto demorado, pedido con insistencia por la Comisión de parientes, gestionado por años desde la diplomacia argentina ante el gobierno de Londres.

Después de la derrota sufrida por las fuerzas argentinas ante el Reino Unido, en junio de 1982, el acceso a las islas desde Buenos Aires fue restringido por decisión británica.

Hasta ahora, sólo habían podido viajar aquellos que tienen familiares enterrados en el cementerio de Malvinas, pero no aquellos que murieron en el mar y cuyos cuerpos no recibieron sepultura.

Los que están enterrados y los que yacen en las profundidades del océano pelearon para cumplir el mismo objetivo y merecen el mismo tratamiento

Héctor Cisneros, presidente de la Comisión de parientes

"Tuvimos que esperar 27 años para que se entendiera que no había dos guerras: los que están enterrados y los que yacen en las profundidades del océano pelearon para cumplir el mismo objetivo y merecen el mismo tratamiento", dice a BBC Mundo Héctor Cisneros, presidente de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas e Islas del Atlántico Sur.

Serán unos 370 familiares, en dos tandas, los que harán pie en el territorio donde habitan para siempre sus muertos. Un primer avión, de aerolínea chilena, aterrizará el sábado 3 y será secundado por otro contingente una semana más tarde.

Monumento disputado

Héctor Cisneros

Cisneros dice que la Comisión de parientes insistió durante años por la visita.

En la isla, los visitantes inaugurarán un monumento en el cementerio de Darwin, a 130 kilómetros de Puerto Argentino/Puerto Stanley. Y aunque allí yacen 237 soldados, el cenotafio llevará grabados los nombres de las 649 víctimas argentinas. Sólo los nombres, sin rangos ni galardones, a pedido de los mismos familiares.

El proyecto –un semicírculo construido en hierro, piedra y hormigón que bordea el camposanto aislado y ventoso– ha sido objeto de disputa desde hace una década.

Su construcción fue autorizada en 1999, por un acuerdo rubricado por el entonces presidente argentino Carlos Menem y el primer ministro británico Tony Blair.

Pero el comité de isleños puso objeciones que demoraron el proceso. Entre ellas, que el memorial no tuviera banderas ni otros símbolos patrios argentinos.

Después de marchas y contramarchas, los viajes y el monumento recibieron luz verde. Fue tras la reunión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el premier británico Gordon Brown, durante la cumbre de líderes progresistas en Chile, el pasado marzo.

El cenotafio, en realidad, está en las islas desde 2005. Se construyó en Buenos Aires, lo transportó un barco japonés -porque el acuerdo original no permitía el atraque de una embarcación de bandera argentina- y lo montó una compañía de construcción inglesa.

Ahora, los argentinos se encargarán de la inauguración oficial.

Por un día

Monumento en Buenos Aires a los caídos en la guerra

Buenos Aires tiene un monumento que recuerda a los caídos.

No tendrán tiempo para mucho: el avión que lleva a los familiares los traerá de vuelta en la misma tarde, después de la ceremonia en el cementerio y una misa.

Delmira H. de Cao es una de las dos personas que se quedarán la semana entera, para recibir al segundo grupo de parientes.

La mujer, de 72 años, andar pausado y mirada amable, lleva más de dos décadas trabajando en la Comisión de Familiares. Lo hace –dice- por su hijo Julio, que tenía 21 años en 1982, esperaba un niño al que nunca conoció y resultó ser la única baja en la compañía de comando que le tocó en suerte.

Fue el 14 de junio, cuando la guerra ya estaba perdida y los soldados bajaban hacia Puerto Argentino.

De las praderas, un tiro, un proyectil a la espalda. Cayó en seco, se lo contó el compañero que venía al lado con quien había celebrado en las trincheras un pacto de honor: si uno caía, el otro llevaría la mala nueva a la familia. El mismo hombre fue el que trajo la carta con el nombre que Julio quería para su niño. Que más bien fue niña, se llama Julia y tiene hoy 27 años, los mismos que lleva muerto su padre.

Delmira tiene dolor pero no tiene tumba: su hijo es un "soldado desconocido" y ella, para compensar, dice que todas las tumbas son las suyas.

Delmira de Cao

Delmira de Cao perdió a su hijo de 21 años.

Quizás por eso entiende de heridas a medio cerrar y celebra el logro de llevar a las islas a los familiares de aquellos 323 soldados que se hundieron con el crucero General Belgrano.

"Nunca los hallaron y sus familiares no pueden terminar el duelo. Ahora podrán ir todos los que quieran, a razón de un familiar por soldado porque por esta vez más plazas no hay", relata a BBC Mundo.

Los familiares coinciden en que estos viajes permiten cerrar un ciclo e insisten en que se trata de un logro "estrictamente humanitario", que no contempla los reclamos de soberanía sobre las islas por la que Argentina mantiene una disputa centenaria con el Reino Unido.

“Habíamos pensado llevar una bandera y cantar el himno, pero nos sugirieron no hacerlo y no lo haremos”, cuenta Cisneros, quien perdió en las islas a su hermano Mario, integrante de las tropas de elite y fallecido “abrazado a su ametralladora”.

Sin banderas ni reclamos, los familiares van a poner rosarios y flores y cartas y fotos acumuladas por años. A dejar recuerdos en la tierra de sus parientes muertos, para que queden allí hasta que quieran la lluvia y el viento furioso de las islas.

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