Honduras se olvida de Zelaya y Micheletti

Vendedor de camisetas en Tegucigalpa
Image caption Los hondureños son fanáticos del fútbol y de "La H", nombre con el que se conoce al equipo nacional.

En Honduras, en medio de la mayor crisis política de los últimos años, la selección nacional de fútbol se enfrenta este sábado en la ciudad de San Pedro Sula al equipo de Estados Unidos.

Una victoria sobre los estadounidenses les daría el pasaporte para participar en la Copa del Mundo que se celebrará en Sudáfrica en 2010. Sería la primera vez que la nación centroamericana participa en el torneo desde 1982.

Los hondureños son fanáticos del fútbol y de "La H", nombre con el que se conoce al equipo nacional.

Los partidos entre los dos principales equipos del país, el Olimpia y el Motagua, suelen detener el tráfico en la caótica Tegucigalpa.

El clásico se disputó la semana pasada y en los 90 minutos del encuentro la nación pareció olvidarse del conflicto que se inició el pasado 28 de junio con la expulsión del país de Manuel Zelaya.

Pasión

La pasión por el fútbol en Honduras es tan grande que hasta los policías y soldados que custodian la embajada de Brasil donde se refugia Zelaya, dicen que instalarán un televisor para ver el partido de la selección. "El país entero se va a paralizar entre hoy (viernes) y mañana", afirma uno de ellos.

Image caption Dentro de la embajada de Brasil en Tegucigalpa tendrán que seguir el partido por la radio.

La rivalidad entre los dos principales equipos hondureños también la viven los guardas de la sede diplomática. "No le entreviste a él que no entiende de fútbol, es seguidor del Montagua", afirma el inspector Molina, seguidor del Olimpia, a cerca de su colega, el inspector Valladares.

Zelaya no contará con los mismos privilegios que los agentes de seguridad apostados afuera de la embajada. "No hay televisores ahí dentro. Tendremos que seguir el partido por la radio", le dice a la BBC la hija de Zelaya, Xiomnara Hortensia.

Para los hondureños, una victoria de su selección, que actualmente ocupa el puesto 42º en el ranking de la FIFA, es más importante que la crisis política.

"Los problemas políticos actuales no afectan en nada. Porque la gente va a apoyar el fútbol, no la política. Están concentrados en apoyar a la selección porque seria fenomenal que ganaran. Estaríamos en el Mundial", comenta el vendedor Héctor Castro.

"La situación actual es bien difícil. Pero cuando juega ‘La H’ todos se olvidan de todo. Es la fase final. Hay confianza y calidad. Creo en la fuerza de ‘La H’, siempre", afirma el contable Herson Soto, quien viajará nueve horas, sumando ida y vuelta, entre Tegucigalpa y San Pedro Sula, para asistir al partido en vivo.

Fútbol y política

Image caption La FIFA decidió mantener la celebración del partido en suelo hondureño.

La tesis de que el fútbol y la política no se mezclan quizás puede aplicarse a los seguidores, pero no a los jugadores de la selección nacional, quienes se plantearon llevar a cabo una manifestación de carácter político, aunque finalmente desistieron.

La Confederación de Fútbol Asociación de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) rechazó el pedido realizado hace unos meses por el combinado nacional de entrar en el campo con un símbolo de la paz en la camiseta, en referencia a la situación política del país.

Desde la expulsión de Zelaya, el gobierno interino de honduras ha impuesto sucesivos toques de queda y cuando el depuesto presidente regresó al país, llegó a ampliar las restricciones de movimiento de sus ciudadanos.

Estas medidas, por supuesto, afectan seriamente al comercio del país, pero ahora algunos vendedores ambulantes están saliendo de nuevo a las calles.

Al grito de "Buen precio, ‘La H’", algunos de ellos se paran en los semáforos vendiendo camisetas de la selección.

"Antes de ayer vendí sólo cinco, poro hoy ya fueron 15. Si las consiguiera vender todas facturaría US$100", explica el vendedor Noel.

Preocupación

A pesar del clima de euforia, también hay cierta preocupación. La FIFA decidió mantener la celebración del partido en suelo hondureño, pese ha que hay temores sobre la seguridad en el país.

Para garantizar el bienestar de los jugadores y de la afición, se han impuesto rígidas medidas de seguridad en el Estadio Olímpico metropolitano, con capacidad para 40.000 espectadores.

Se desplegarán 1.200 agentes, entre policías, soldados y bomberos.

Los hondureños parecen unidos en torno a su equipo, pero lo peor podría suceder, y no sería la primera vez que el fútbol actúa como detonante de la violencia.

En 1969, cuando las selecciones de El Salvador y Honduras se disputaban una plaza para el mundial de 1970, los dos países entraron en un conflicto armando que duró cuatro días y en el que llegaron a morir 2.000 personas.

Conocida como "la guerra del fútbol", esta se inició cuando seguidores e inmigrantes de las dos naciones fueron perseguidos y asesinados en las tres semanas en las que se jugaron los tres partidos clasificatorios entre las dos selecciones.

Ahora no hay un enemigo externo. Y los hondureños están dispuestos a dejar sus diferencias políticas a un lado para unirse en torno a la selección, que podría hacerles brillar en el exterior o aislarles de la comunidad internacional.

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