Bolivia: hortalizas a 4.000 metros de altura

Mujeres en una micro huerta en Bolivia
Image caption Las micro huertas han ayudado a diversificar los hábitos alimenticios en El Alto.

Henry, un muchacho de 10 años de El Alto, Bolivia, acaba de vencer a la anemia. Su madre, Rosmary Roque, dice que pudo seguir las indicaciones del médico y alimentar a su hijo con apio, acelga y coliflor, gracias a la micro huerta que tiene en el patio de su casa y que forma parte de un proyecto de lucha contra el hambre incialmente apoyado por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

La huerta de Rosmary, donde ell produce tantas hortalizas que ya ni recuerda las variedades,está ubicada a 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, en un lugar en el que la temperatura desciende hasta los 10 grados bajo cero en invierno. Es más, el suelo de esta ciudad de más de 800 mil habitantes luce árido y hostil para la vegetación.

Sin embargo, la altura, el clima y el suelo no fueron inconvenientes para instalar 1.400 huertas familiares en El Alto. La FAO y la Alcaldía de la ciudad iniciaron el proyecto el año 2003 con recursos donados por Bélgica y ahora es manejado por la alcaldía. En los seis años de ejecución ha probado ser un éxito en la lucha contra el hambre, ha generado un ingreso para los beneficiarios del proyecto e incluso se estudia la posibilidad de expandirlo a otras partes de Bolivia.

La FAO considera que el proyecto es barato, pero también es consciente que los US$ 600 mil que se invirtieron se multiplicaron por centenares de familias comiendo hortalizas, algo que parecía impensable en una ciudad en la que la dieta estaba compuesta, básicamente, por carbohidratos.

"Ellos no tenían el hábito de consumo de verduras, algunos ni siquiera conocían qué es el brócoli o el coliflor y ahora ya tienen el hábito en su alimentación, sobre todo, de los niños", dice Adolfina Quispe, técnica del proyecto que se encarga de asesorar a las familias en la producción de hortalizas.

A la mesa y al mercado

BBC Mundo hizo un recorrido por algunas microhuertas de El Alto, donde habló con los beneficiarios del proyecto, quienes confirman que ahora consumen hortalizas que ni sospechaban que existían.

Image caption La huerta de Rosmary está ubicada a 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar.

Es más, dicen que la producción de verduras es tan abundante que alcanza para comercializar en los mercados locales.

La responsable del proyecto de micro huertas de la Alcaldía de El Alto, Lourdes Escóbar, informa a BBC Mundo que además de las 1.400 huertas familiares se instalaron 70 destinadas a la comercialización y 20 con fines pedagógicos en las unidades educativas.

Eusebio Quenallata posee dos huertas de este tipo: una familiar y otra comercial. "En la comercial nos va muy bien porque hay mucha demanda por las hortalizas porque son ecológicas. Cuando llevo a vender, hay fila para vender", dice este albañil, cuya hija, entre el ir y venir de las huertas descubrió su vocación y se puso a estudiar ingeniería agronómica.

Ser pobres es el requisito

Las huertas están construidas sobre 3,20 por 8 metros de terreno. Son una especie de salones, cuyas paredes están construidas de adobes y el techo, de nailon. De esa manera, las plantas no se exponen al frío y reciben el calor de un invernadero.

La capacitación y la mayor parte de los costos de construcción de la huerta corren por cuenta de los financiadores, pero las familias también aportan su contraparte, consistente en adobes y mano de obra.

El único requisito para acceder a una huerta es que la familia sea de escasos recursos, que tenga un patio y que su casa tenga provisión de agua potable para regar las plantas.

Agricultura urbana, una política de la FAO

Image caption Eusebio Quenallata tiene dos huertas: una familiar y otra comercial.

La representante de la FAO en Bolivia, Elisa Panadés, explicó a BBC Mundo que el proyecto surgió porque ese organismo promociona desde hace algunos años la agricultura urbana y periurbana con el fin de inducir a la gente a consumir hortalizas frescas.

"Se recomienda un consumo de 400 gramos diarios y, como un mínimo, de cinco hortalizas de diferentes colores", porque cada color está asociado a un fitoquímico necesario para una buena salud, explica Panadés.

La representante de la FAO dice que "fue un reto hacer este proyecto" porque "en El Alto las condiciones climáticas son fuertes". Panadés habla en tiempo pasado porque el proyecto, en lo que toca a la FAO cerró el año pasado, sin embargo, la Alcaldía de El Alto lo sostiene ahora con recursos propios.

Una idea que se expande

La oficial de operaciones de la FAO en Bolivia, Martha Jiménez, dice que ahora se gestionan recursos para replicar el proyecto en Oruro y La Paz, donde ha habido requerimientos luego de conocer los resultados logrados.

Jiménez dice que el objetivo de que la gente "aprenda a hacer mejores combinaciones de los alimentos para una mejor nutrición lo hemos logrado" ha sido logrado. Y, con valor agregado, porque además las familias encontraron una fuente de ingresos en la venta de verduras.

Sin duda, ella tiene razón y no otra cosa significa la sonrisa de Julia Surco, quien cuenta que a sus seis hijos ahora les encanta comer verduras "sobre todo lechugas".

Mientras que Rosmary Roque dice querer tanto a su huerta que cuida a sus plantas "como a guaguas". Cuenta que cada vez que entra a este micro espacio verde saluda a sus hortalizas y les pregunta cómo están ese día.

Después de escuchar los testimonios se puede decir que la micro huerta, además de alimentos para el estómago, aporta remedios para el alma. Por ejemplo, Eusebio Quenallata dice que, cada vez que se enoja con su esposa, entra a la huerta a esperar a que se la pase la rabia.

Y no es para menos, pues cada vez que se abre la pequeña puerta, el verde de las plantas y el aroma a huerta son un regalo para los sentidos.

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