El “efecto teflón” protege a Uribe

Uribe
Image caption El presidente Uribe parece tener un antídoto para cualquier enemigo de su popularidad, dicen observadores.

Después de siete años en el poder, el presidente colombiano Álvaro Uribe y su gestión siguen gozando de una popularidad superior al 70% en las encuestas, algo que envidiarían muchos mandatarios recién llegados a sus cargos.

Eso se da en medio de recientes escándalos que han salpicado al gobierno por la asignación de subsidios agrícolas. Antes hubo otros por los negocios de los hijos de Uribe, interceptaciones y seguimientos de opositores, vínculos de funcionarios y socios políticos del presidente con los paramilitares, la aprobación de la primera reelección presidencial y ejecuciones extrajudiciales.

Y ahora hay nuevos problemas, como el desempleo.

Pero Uribe sigue protegido por una especie de “efecto teflón”.

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¿Qué lo explica? BBC Mundo se lo preguntó a analistas políticos y expertos en opinión pública.

“Uribe es inoxidable, incombustible y todo le rueda, porque aquí no hay oposición, ni control político”, responde el abogado y ex ministro Jaime Castro, quien fue alcalde de Bogotá.

Castro considera que la favorabilidad de Uribe se debe a que “la gente vota contra la corrupción en las encuestas, pero no en las urnas”.

“Echarles la culpa a los subalternos”

BBC Mundo habló con otro ex ministro, Juan Camilo Restrepo, quien fue candidato presidencial del Partido Conservador en 2002. Él sostiene que “Uribe tiene la habilidad de echarles la culpa de los fracasos y de los escándalos a los subalternos, pero capitalizar los éxitos para él”.

“Además, a los medios de comunicación les ha faltado análisis y se han convertido en correas de transmisión del mensaje de Uribe”, se queja Restrepo.

Marcela Lleras, columnista del diario El Espectador, sostiene que “Uribe está en campaña (por la segunda reelección) y el otro día dijo que el escándalo de los subsidios agrícolas era una trampa, cuando en realidad él fue quien le dio la orden al Ministro de Agricultura”.

Napoléon Franco, quien dirige una de las firmas de opinión pública más importantes de Colombia, anota que todo se debe a que la gente le agradece a Uribe lo que ha hecho por la seguridad y por eso “lo perdona”.

“La seguridad es una necesidad primaria. El niño abandonado no olvida a quien lo salvó. Eso se aloja en lo más profundo del cerebelo. Con Uribe se aplica el mensaje de “El Chapulín colorado”, que decía “Síganme los buenos” y cuando se iba los demás entraban en pánico y se preguntaban: “¿Y ahora quién podrá defendernos?”, agrega Franco, quien es psicólogo.

“Presidente-padre”

Image caption El creciente número de protestas contra el desempleo, tampoco parecen afectar la popularidad del mandatario colombiano.

Según el experto, Uribe representa la figura de un “presidente-padre”. “Es un papá, que puede ser malo, pero está presente. Es un papá que oye las necesidades de la gente en los consejos comunales que se transmiten por televisión”, indica.

Franco subraya que los detalles de los escándalos que han ocurrido los conocen las elites que leen los diarios y que tienen más alto nivel educacional, pero que tienen poca influencia en la pirámide de la sociedad.

“La influencia de esa elite es como un aceite pesado que baja muy lentamente hacia el resto de la pirámide”, explica.

Jorge Londoño, director de la encuestadora Invamer Colombia, señala que Uribe conserva altos índices de aprobación no solo por el tema de la seguridad, sino porque la gente percibe que los problemas económicos se deben a la crisis mundial y que las denuncias de corrupción son hechas por personajes cuestionados.

“A Gustavo Petro, el candidato del Polo Democrático Alternativo –el partido que está impulsando un debate en el Senado sobre la asignación de los subsidios agrícolas-, mucha gente no le perdona que haya sido guerrillero”, señala.

Mientras Jaime Castro asegura que “a Uribe no lo afecta ni el buen ni el mal tiempo”, Franco estima que Uribe podría perder algo del “teflón” por el escándalo de los subsidios agrícolas, que terminaron más en manos de ricos hacendados que de pobres campesinos, como se pregonaba.

“A diferencia de otros escándalos, que la gente veía como lejanos, aquí se trata de campesinos que pueden verlo como un asunto de inequidad, porque ellos sí necesitan los subsidios”, explica Franco.

Sin embargo, aún es muy pronto para saber qué tanto se reflejará el tema en las encuestas, que siguen favoreciendo al presidente más popular de los últimos tiempos en Colombia y quien continúa sin decir públicamente si aspira o no a una segunda reelección.

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