"El problema no es la reelección..."

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Reelección presidencial, sí o no... Los lectores de BBC Mundo dijeron que no. También dijeron que sí, pero con reglas claras.

La gran mayoría de los participantes en el foro, más bien alertaron contra los peligros de la "reelección indefinida".

En América Latina la reelección, y especialmente la reelección continua, huele a dictadura, como aludieron muchos de los participantes en el debate.

Y en una región que salió de ellas hace no muchos años, el tema se vuelve aún más sensible.

Nicaragua abre camino a la reelección

Reglas, reglas

Varios lectores dijeron que la región podría seguir el ejemplo del modelo estadounidense (dos periodos de cuatro años, máximo).

Image caption El presidente Daniel Ortega no necesitó una reforma constitucional para poder optar a un segundo mandato.

Y en todo caso, si se permite la reelección, debe haber " reglas claras", como fórmuló Tomas Lutz, de EE.UU..

"Sí, pero con libertad y autonomía total de los tres poderes", subraya David, de Colombia.

Lo que parece claro es que el problema no es la reelección como tal.

"El problema es que somos seres humanos imperfectos, codiciosos, personalistas, el poder enceguece..., y tarde o temprano pasa lo que expresó Simón Bolívar: 'Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecer, y él se acostumbra a mandarlo'", comentó Ismael, de Caracas.

Opine: Reelección, ¿sí o no?

El enemigo a vencer

En varios momentos del debate, los lectores indican que la reelección, por sí misma, no es antidemocrática, pero representa un peligro porque la permanencia en el poder alienta la corrupción y, a la larga, la ineficiencia.

Participantes, como Vicente Medina, de EE.UU., defendieron esta idea.

Deberíamos de aprender de Brasil y Chile, "y dejar de coquetear con líderes populistas", dice Medina.

Otros, como José Vasconcelos, de Nicaragua, señalaron que, a fin de cuentas "la corrupción es el enemigo a vencer". No la reelección.

Varios lectores subrayaron que un país con instituciones débiles no debería tener reelección.

Héctor Pereira, de Argentina, dice que el camino correcto para dar paso a la reelección en un país es el de la Asamblea Constituyente, porque, afirma, así se reflejaría "lo que la sociedad de ese país" quiere en cada época histórica.

"México propugna el 'Sufragio Efectivo, No Reelección'. Deberíamos imitar en toda América Latina este principio. Lo demás es fomentar corrupción y tiranías", dice Pedro, de Cochabamba.

Cuando la corrupción alcanza a los mismos sistemas electorales, entonces el voto popular se puede convertir en "dictadura disfrazada", dijo Reynaldo Rodríguez, de Nicaragua.

Y quizá hay que cuidar mejor el lenguaje, como advierte Mariyst, de Caracas, quien dice que no se debe hablar de "reelección", sino de "posibilidad de postularse para nueva elección". Lo cual puede que sea una expresión más respetuosa del electorado.

"Más allá de un segundo periodo, las telarañas creadas sólo llevan a la pérdida de libertades individuales y a la desaparición de la democracia pluralista y representantiva", advierte Alejandro Talavera, de Puerto Rico.

Dueños del país

¿Cabe aquí comparar la administración de un país con el modelo de una empresa? En las compañías, el dueño es presidente toda la vida... Francisco, Maracaibo, plantea este debate.

Obviamente, un mandatario no es dueño de un país, y ahí podría cojear el argumento, pero, por otro lado, Francisco retoma el tema del tiempo para terminar la tarea. Él dice que en cuatro años "no da tiempo para completar un proyecto de país".

En la región, un nuevo gobierno suele desechar los planes del anterior, con lo que el avance de un país se ve cíclicamente frenado, añaden Jerónimo Rosales García y Juancito Paiva, de Venezuela.

Pero Maia de Luna, de Caracas, contrapone: "ningún presidente necesita un tiempo indefinido para dar continuidad a sus políticas, porque las buenas políticas no son propiedad de un individuo, sino que son un acuerdo de la sociedad".

Con la "reelección continua", dicen algunos de los lectores, el mandatario arrebata la soberanía, que pertenece por definición al pueblo.

¿Y los europeos, dónde se quedaron?, cuestiona con razón César, de Cáracas, quien, además de hacer referencia a la vigencia de la reelección entre países de la Unión Europea, apunta el dedo acusador a los sistemas monárquicos, que entronan cabezas de Estado "vitalicios".

Carlos Ávila, de Panamá, señala que todo "depende de cuál sea el sistema político del país".

Ávila afirma que en un sistema parlamentario con controles sobre el ejecutivo, la reelección no representa ningún peligro. El caso de Nicaragua, dice, es harina de otro costal, porque "echó por tierra un precepto constitucional".

Si un presidente lo hizo bien, ¿por qué no puede el pueblo reelegirlo?, apuntan varios participantes en el debate.

El problema parece que no radica en cuán bien o mal lo hizo un individuo, como sugiere buena parte de los lectores, sino en la fortaleza de los principios y las instituciones democráticas de un país.

El debate sigue abierto.

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