Historias a los dos lados de la pared

En dos favelas de zonas opuestas de la "ciudad abierta", Río de Janeiro, los muros que el gobierno regional levanta para proteger el llamado Bosque Atlántico del crecimiento de la favela no espantan ni al señor Gaudino ni al señor Salvador.

Canosos y curtidos de tanto sol y tantos años de trabajo, pero enteros como robles, han visto demasiado como para inmutarse porque un poco de concreto se interponga ahora entre los vecinos y las plantas de café, de jabuticava, de jambo rojo y jambo blanco que crecen silvestres y generosas más allá de las precarias casas de los "moradores" de sus empobrecidos vecindarios.

Eso sí: las historias que cuentan están llenas de frases que se quedan por la mitad y de significados que sólo pueden leer los entendidos entre líneas. De algunos asuntos – como la venta de drogas y las guerras entre los jefes traficantes - no se habla en la favela.

"Tengo 60 años aquí. Primero estuvieron mi padre y mi abuelo. Mi abuelo fue esclavo. Lo que había aquí para proteger la selva, para contener la tierra, para caminar, lo construyeron los esclavos", dice Gaudino, entre saludos a transeúntes que se internan entre los árboles, al parecer para acceder a un altar religioso.

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La casa de Gaudino, en la favela Rocinha – la más grande de Brasil – no parece particularmente antigua ni bonita. Está hecha de bloques, parcialmente pintada, salpicada de objetos de usos varios, ropa tendida, y algún pajarito enjaulado.

Futuro incierto

Pero mientras que a otros les han ofrecido indemnizaciones para tumbar sus viviendas y darle paso a la edificación de concreto, la suya quedará en pie. Incluso le dejarán abierto un tramo para que vaya y venga. Pero aún así, su futuro es incierto.

"Nadie ha venido a hablar conmigo. Voy conservando lo que puedo, no estoy talando, pero no puedo tener una posición acerca de cómo va o no va a quedar, porque no me fue comunicado nada, no me dijeron nada. Lo que pueda pasar conmigo está en las manos de Dios", le cuenta a BBC Mundo.

Con todo, a Gaudino le parece una bendición el levantamiento del muro. Primero porque le da a "mucha seguridad" a los habitantes de la Rocinha. Y segundo, porque hizo realidad lo que siempre fueron promesas. "La calle estaba entregada a las cucarachas, moscas y ratones. Ahora pusieron cloacas, canalización...Todo está muy bueno", agrega.

En la favela de Santa Marta, al señor Salvador le da igual una cosa y la otra. "Yo estoy muy viejo y mi juicio está hecho pedazos", le dice a BBC Mundo, al tiempo que le pide a uno de sus numerosos nietos que le alcance su bastón, con cabeza de serpiente, del que se apoya.

Salvador dice acordarse del "cerro de la época en que no había escaleras, agua ni luz. Usted para ver televisión tenía que tener un generador y darle a la manija." También entonces solía internarse en el bosque circundante para recoger café, frutas y caña. Hoy dice que ya se cansó de subir y bajar.

"No tengo nada en contra ni a favor del muro, nunca lo tuve. No tengo piernas para andar sin muro, quién dirá con muro. Ya tengo setenta años y todo lo que viva, es ganancia", añade.

A buen entendedor...

Luego comienzan los mensajes en "clave", dirigidos a buenos entendedores: "vivir en el cerro es que cada quien viva su vida. Y el que habla de más está saludando su propia tumba."

Image caption Lula prometió limpiar la imagen de Brasil.

"Usted sabe que en nuestro tiempo no había ciertas cosas que hay ahora. Todo el mundo era amigo de todo el mundo, todos eran amigos de todos. No querían saber de dónde eras, ni importaba dónde vivías", dice, en alusión a las guerras entre grupos de narcotraficantes, que vuelven prohibidas ciertas zonas de Río para unos y para otros.

Nuestro guía, Cacao, explica y atestigua. Hace unos años, él, que es natural de la favela Rocinha, no habría podido poner el pie en Santa Marta, entonces controlada por un grupo rival. Pero las autoridades parecen haber ganado la batalla en esta última. Así que ahora puede venir de "turista."

"Antes morir que perder la vida," sentencia el señor Salvador. "La cosa es que cada uno se ocupe de su vida. En cualquier lugar hay de lo bueno y de lo malo. A veces lo que es bueno para mí, no es bueno para ti. Y… ¿Cómo hacemos?"

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