Izquierda uruguaya sonríe en el Congreso

Aunque los uruguayos deberán esperar hasta la segunda vuelta electoral del próximo 29 de noviembre para saber quién será su nuevo presidente, dos días después de las elecciones generales parece claro que el gobernante Frente Amplio (FA) lograría, por segunda vez, la mayoría parlamentaria.

Image caption Con el escrutinio primario finalizado, sólo faltan contar los votos observados.

Con el escrutinio primario finalizado, se confirmó que la coalición de izquierda tendrá 16 senadores de un total de 30 y 50 diputados de un total de 99. La banca número 50 está todavía en disputa y, si bien las estimaciones se la otorgarían al FA, los votos observados son los que van a terminar de definir si la mantiene.

En la tarde del martes la Corte Electoral comenzó a escrutar los poco más de 32.000 votos observados, pertenecientes a aquellos votantes que por razones justificadas no sufragaron en el lugar donde les correspondía hacerlo.

Los resultados finales se conocerán el sábado, pero los analistas coinciden en señalar que los votos observados generalmente no generan grandes cambios.

¿Vía libre para aprobar leyes?

De acuerdo al politólogo Daniel Chasquetti, tener mayoría en el Parlamento no siempre significa lograr las leyes que uno quiere y cuando quiere.

"No es algo mecánico, donde todo lo que quiere el presidente lo terminan aprobando en el Parlamento", explicó.

Según una investigación que realizó el analista, durante el actual período de gobierno el Parlamento modificó casi 30% de los proyectos que el presidente Tabaré Vázquez envió para su consideración. Esto obedeció a la necesidad de concretar acuerdos internos dentro del partido de gobierno y a pedidos de la oposición.

"Cuando mirábamos lo que había sucedido en el gobierno anterior, cuando gobernaban la coalición del Partido Colorado y el Partido Nacional, a (el presidente) Jorge Batlle le modificaron sólo 14% de los proyectos, por lo cual es un tema de disciplina dentro de los partidos y de cómo se alinean los sectores", explicó.

El Frente Amplio es una coalición de partidos de izquierda donde conviven facciones más radicales, como el sector del candidato José Mujica, con otras más moderadas, como el sector del candidato a vicepresidente Danilo Astori.

"Hemos llegado a la conclusión de que la dispersión ideológica del FA es mayor que la que mostraban las coaliciones entre blancos y colorados en el pasado. Eran más homogéneos que el FA, que tiene que negociar más en la interna", indicó Chasquetti.

A modo de ejemplo, el analista recordó que a pesar de tener la mayoría parlamentaria, a los legisladores del FA "les llevó un año y medio aprobar la reforma tributaria, una de las leyes más importantes del período, porque tuvieron que negociar, hacer cambios que no eran de la preferencia de Tabaré Vázquez".

El producto final, agregó, no es el que quería el presidente o el ministro de Economía, sino algo intermedio, fundamentando por el hecho de tener mayoría no asegura un camino fácil en la aprobación de proyectos.

Parlamento "más fragmentado"

Esta elección marcó una recuperación para el Partido Colorado, uno de los dos partidos tradicionales, junto al Partido Nacional, que en 2004 había perdido cientos de miles de votantes.

El Partido Nacional fue el que esta vez perdió participación parlamentaria, en comparación al último período. En la legislatura que comenzará en febrero, tendrá dos senadores y seis diputados menos, nueve y 30 respectivamente. El Partido Colorado tendrá cinco senadores y 17 diputados, y el Partido Independiente de un diputado subió a dos.

La analista política Rosario Queirolo le indicó a BBC Mundo que esta situación favorece al FA porque "ya no tiene un sólo partido con capacidad de bloquear, de decir no a sus proyectos, tiene más actores para la negociación".

¿Y si gana la oposición?

¿Cuál sería el escenario si en la segunda ronda electoral a realizarse en noviembre alcanzara la presidencia Luis Alberto Lacalle, el candidato del opositor Partido Nacional?

"Sería una experiencia que Uruguay nunca tuvo. Hemos tenido gobiernos de mayoría y de minoría pero nunca uno dividido, en el que la rama del Ejecutivo la controla un partido y la rama del Legislativo la controla otro", explicó Chasquetti.

El politólogo consideró que sería un escenario muy raro, "que llevaría a que el gobierno tuviera las manos atadas o, al menos, a que las decisiones legislativas queden en manos de la oposición, lo que sería un poco curioso".

Otro problema que puede presentarse, según el analista, es que el Parlamento podrá aprobar leyes que luego el presidente vetará.

Queirolo también concuerda en que la situación sería complicada. "Que el presidente no tenga apoyo parlamentario es un problema para la gobernabilidad. En países de América Latina como Bolivia, Argentina, Ecuador, ha generado crisis políticas, institucionales, que terminaron con renuncias de presidentes", explicó.

La analista dijo que "no es que esto vaya a pasar en Uruguay porque tiene otra tradición institucional", y puso como ejemplo lo que ocurrió durante la crisis económica de 2002:

"A pesar de que había una crisis terrible, el resto de los partidos apoyaron al presidente Jorge Batlle, no alentaron a que la gente saliera a protestar, no le hicieron la guerra sino que fueron funcionales al sistema y Batlle terminó su mandato".

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