Honduras: acuerdo en la cuerda floja

Bandera de Honduras
Image caption El acuerdo político se logró bajo la tutela de Estados Unidos.

Como un elefante equilibrándose en la cuerda floja de un circo se sostiene el acuerdo político logrado en Honduras tras cuatro meses de conflicto.

Al principio parecía que sólo faltaban las copas de champagne cuando el pacto entre el depuesto presidente, Manuel Zelaya, y el gobernante interino, Roberto Micheletti, fue firmado en la madrugada del viernes bajo la tutela de Estados Unidos.

Pero ahora hay más dudas que certezas. No está claro si este jueves podrá conformarse el “gobierno de unidad”, ni cuándo el Congreso definirá la restitución de Zelaya, ni qué pasará con las elecciones presidenciales previstas para el 29 de noviembre.

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No lo saben los políticos, que no logran ponerse de acuerdo, ni menos lo hondureños que dicen estar cansados de esta crisis.

“Aquí hace falta trabajo”

Tras concluir su jornada laboral en el sector de la construcción, Efraín Álvarez camina por el centro de Tegucigalpa hacia el paradero de autobús que lo llevará hacia su casa.

“Aquí hace falta trabajo. En Honduras vivimos por debajo de la miseria y casi no hay empleo”.

Él se considera afortunado porque, pese a las dificultades, ha logrado conseguir oportunidades para subsistir. Empleos que a veces sólo se extienden por dos o tres días a la semana, pero que le permiten conseguir algunos ingresos para mantener una casa con cinco hijos.

“Ahora gano unos US$290 al mes, pero en los últimos meses a veces conseguía apenas US$150”.

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Efraín quisiera que se solucionaran las cosas y que volviera la tranquilidad al país, pero ve que no es nada fácil. Esa misma sensación de incertidumbre y desesperanza es común entre los hondureños que habitan el tercer país más pobre de América Latina, después de Haití y Nicaragua.

La fragilidad del acuerdo

Este martes se conformará oficialmente la Comisión de Verificación del acuerdo político logrado en el país, integrada por el ex presidente chileno Ricardo Lagos, la ministra de Trabajo de Estados Unidos, Hilda Solís, el representante del gobierno interino, Arturo Corrales, y el representante del depuesto presidente Manuel Zelaya, Jorge Reina.

Horas antes de llegar a Tegucigalpa, Lagos dijo que la comisión no será un actor político, sino que los propios hondureños deberán ponerse de acuerdo para fortalecer la democracia.

“Vamos a tender puentes entre sectores que han estado muy polarizados. Colaboraremos para que este acuerdo pueda fructificar y llegar a buen término”.

Pero el “buen término” parece cada vez más lejano cuando las partes en conflicto interpretan de distinta manera el pacto.

Zelaya le dijo a BBC Mundo que el acuerdo fracasará si el Congreso no vota a favor de su restitución en el cargo antes de este jueves, cuando se cumple el plazo para que se conforme un gobierno de unidad.

Sin embargo el gobierno de facto plantea que, según los términos del acuerdo, Zelaya está obligado a aceptar cualquier decisión del Parlamento, incluso si vota contra su regreso al poder.

Dos visiones absolutamente distintas del polémico punto cinco del pacto, que seguramente será uno de los primeros aspectos que los miembros de la Comisión de Verificación abordarán este martes.

Pacto secreto

Aunque distintas fuentes dan cuenta de la existencia de un acuerdo no escrito entre los negociadores para que el Congreso vote a favor de la restitución de Zelaya, a cambio del reconocimiento internacional de las próximas elecciones, los máximos líderes políticos lo niegan.

Tanto el representante de Estados Unidos, Thomas Shannon, como el candidato del Partido Nacional, Porfirio “Pepe” Lobo, dicen que no acordaron nada tras bambalinas y que sólo el Congreso definirá el futuro del país.

Lo que está claro por el momento es que se necesitan 65 votos en el Congreso para que Zelaya vuelva al poder y el Partido Nacional cuenta con 55 diputados que tienen en sus manos la inclinación de la balanza hacia uno u otro lado.

En estas horas de equilibrio precario muchos actores políticos se están cuidando de dar declaraciones. Y algunos se han resguardado en el más absoluto de los silencios, como es el caso del general Romeo Vásquez.

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