México: campesinos en las redes del narco

Hace unos meses un grupo de personas armadas llegó a varios campos agrícolas en Mocorito (Sinaloa), al noroeste del país, y secuestró a decenas de campesinos.

Image caption La mayoría se entera de que cosechará marihuana o amapola cuando llegan a las zonas de cultivo.

Durante algunos días los agricultores trabajaron en un sitio desconocido y aislado. Sus captores les dieron alimentos calientes, bebidas y un sitio para descansar, según contaron a las autoridades y medios locales cuando fueron liberados.

La cosecha que levantaron era de marihuana.

Estos casos ocurren con frecuencia en México, donde según ha informado la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) a diputados federales, cada año unas 300.000 personas se dedican a sembrar droga.

Los secuestros de trabajadores agrícolas suelen ocurrir en la época de producción de amapola y marihuana, que según la Procuraduría General de la República (PGR) es entre abril y noviembre.

En esa época la mano de obra es insuficiente para cubrir la demanda de los traficantes, y entonces ocurren los plagios, explicó Cresencio Ramírez, líder de la Red Democrática de Pueblos Indígenas de Sinaloa.

"Cada año sucede y todo mundo lo sabe: campesinos, propietarios de campos agrícolas, autoridades, pero tienen miedo de decirlo", dijo Ramírez en conversación con BBC Mundo.

Buen salario

Muchos campesinos que trabajan para los carteles provienen de comunidades indígenas en estados del sureste, como Oaxaca y Guerrero, aseguró el líder de la Red.

La mayoría se entera de que cosechará marihuana o amapola cuando llegan a las zonas de cultivo.

"Los enganchadores (contratistas) recorren los pueblos de las montañas, dicen que les van a pagar bien y muchos aceptan", explicó.

La diferencia económica es importante. En los cultivos de tomate, por ejemplo, el sueldo es de US$4 por jornada, mientras que en la cosecha de marihuana el pago supera los US$37 diarios, con alimentos incluidos.

Además, muchos indígenas son engañados por los contratistas, explicó Abel Barrera, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña, Tlachinollan, de Guerrero.

"Los llevan a lugares que no son los que les habían dicho, lugares donde hay problemas legales. La gente es amenazada, algunos agredidos o privados de su libertad".

El gobierno mexicano ofrece subsidios a trabajadores agrícolas, pero no han alejado a los campesinos de los carteles, dijo Ramírez.

BBC Mundo solicitó al ministerio del Trabajo información sobre estos programas, pero no obtuvo respuesta.

Sembrar a la fuerza

Image caption Los carteles les obligan a cultivar droga, y son los primeros en ser detenidos, asegura Abel Barrera.

Mientras, cada vez más campesinos se ven obligados a trabajar para los narcotraficantes, le dijo a BBC Mundo Cruz López, presidente de la Confederación Nacional Campesina (CNC).

Este año el problema se agravó al disminuir el monto de las remesas enviadas desde Estados Unidos.

Muchos rentaron sus tierras a los carteles, que con frecuencia les contratan para cuidar los cultivos ubicados en comunidades aisladas a donde pocas veces llegan los subsidios gubernamentales, afirmó el líder de la CNC.

Pero muchos campesinos no siembran droga por gusto o negocio.

Según Cruz López, para cultivar marihuana o amapola se requiere mucho dinero, pues en ocasiones es necesario bombear agua a lo alto de montañas, establecer sistemas eficientes de riego y aplicar fertilizantes.

"Por cada hectárea se gastan mínimo US$3.000, y no los tiene un campesino pobre, sin apoyo del gobierno ni remesas".

Abel Barrera dice que muchos campesinos, sobre todo indígenas de Guerrero, están en el peor de los mundos: los carteles les obligan a cultivar droga, y en las acciones militares contra el tráfico son los primeros en ser detenidos.

"Son víctima de violencia por ambas partes, representan el eslabón más débil en la cadena del crimen".

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