Prisa y su red en Latinoamérica

Un camarógrafo
Image caption La presencia de Prisa en América Latina no sólo es mediática, sino literaria.

Las inversiones del grupo Prisa en Latinoamérica no son puntuales, forman parte de una basta red de medios y editoriales que van desde Argentina hasta México. A través de su editorial, Santillana, el grupo español distribuye libros (educativos y de literatura) en casi la totalidad de países.

Tiene un canal y tres diarios en Bolivia y varias de las emisoras más influyentes del continente como Caracol en Colombia, el Grupo Latino de Radio, AM590 en Argentina o Radiopolis en México (donde posee el 50%).

Su desembarco no ha estado exento de críticas por monopolio e injerencia en países como Venezuela o Bolivia que suelen ser duramente criticados por medios del holding Prisa: el diario El País, el canal Cuatro y la Cadena Ser.

“A Prisa le inquieta el ascenso de gobiernos con una agenda de izquierda más ambiciosa que la socialdemocracia. Ante el riesgo de que sus intereses se vean afectados, el rigor informativo parece pasar a un segundo plano”, subraya Miguel Ángel de Lucas, del diario independiente Diagonal.

El ascenso de Evo Morales en Bolivia y la presencia de Hugo Chávez en Venezuela, han desbordado los calificativos en los medios de Prisa. “Se saltan su propio libro de estilo donde establecen el uso de calificativos para géneros puramente informativos.

Inversiones

Suelen describir lo que pasa en Venezuela o Bolivia con expresiones como: explosiones telúricas de un magma indigenista, etnopopulista y nacionalista, más o menos hostil al capital extranjero”, agrega de Lucas. En Venezuela Prisa tiene inversiones cruzadas con el grupo Cisneros, el mayor grupo mediático del país propietario del canal Venevisión.

El diario Público (19/09/09), del grupo Mediapro (competencia directa de Prisa en la televisión por pago), recuerda el doble rasero del grupo cuando en 2002 aplaudió el golpe contra Hugo Chávez (Golpe a un caudillo tituló su editorial) “pero en 2005 Alfagura (editorial de Prisa) vendió al gobierno de Chávez un millón de ejemplares de El Quijote tras aceptar cambiar el prólogo de Vargas Llosa por otro de José Saramago”.

Esta estela de incoherencia y desconfianza se ha extendido rápidamente por el continente. En Argentina critican la desmedida ambición de Prisa por copar los medios radiofónicos del país mientras que en México desconfían de la imparcialidad de sus medios. El País fue el principal legitimador del triunfo electoral de Felipe Calderón en 2006, en unas reñidas votaciones contra el izquierdista Andrés Manuel López Obrador.

Desde El País, su director Javier Moreno, defiende la crítica de sus editoriales y despliegues informativos por encima de los intereses económicos del grupo. En ese sentido, la defensora del lector, Milagro Pérez Oliva (20/09/09), en una columna donde expone la supuesta ruptura de relaciones entre Prisa y el gobierno del socialista Zapatero, advierte que “si un editorial es crítico, será interpretado como una presión o una venganza; si no lo es, como una concesión que espera recompensa. Cuando la sospecha se instaura en el ecosistema mediático, no sólo afecta a la credibilidad del medio que está bajo escrutinio, sino a la del periodismo en general”.

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